Gran Premio Nacional: Niño Guapo logró una victoria con una inesperada zozobra en el final de la Triple Corona

Niño Guapo, por el centro, se quedó con el Gran Premio Nacional, el Derby argentino; en Palermo, pasó de largo a El Musical, que se abría.
Niño Guapo, por el centro, se quedó con el Gran Premio Nacional, el Derby argentino; en Palermo, pasó de largo a El Musical, que se abría. - Créditos: @Gentileza Dupratphoto

El triunfo de Niño Guapo este sábado en el Gran Premio Nacional (G1) fue el final de un plan perfecto. En Palermo, el hipódromo en el que es entrenado y en el que desarrolló toda su campaña desde su debut en febrero pasado, el potrillo se adjudicó por cuatro cuerpos la carrera que marcó el cierre de una Triple Corona que tuvo tres vencedores diferentes. No obstante, el desenlace de esos 2500 metros entregó un instante de zozobra cuando el jockey William Pereyra estuvo cerca de caerse y su festejo sobre el zainito quedó en suspenso.

Ya había pasado de largo al puntero y se me aflojaron las piernas. Creo que me bajó la presión”, señaló el formoseño. Tras el pesaje debió ser asistido. Le acercaron una gaseosa, un caramelo y lo invitaron a sentarse en una escalera detrás del sector en el que se entregaban las copas. Fue recuperando el color de a poco, abrazado por su hija.

“Estuve nueve días sin correr por un golpe, volví el jueves y esta vez tuve que trabajar mucho. Tal vez pudo haber sido eso. Pensé que el potrillo me iba a ayudar un poco, pero perdió ritmo temprano y tuve que empujarlo toda la vuelta, me cansé”, reconoció. Para ganar no debía perder de vista al siempre valiente El Musical, que seguía con muy buena acción al puntero Espíritu Corajudo. Pero a Niño Guapo le costaba.

El GP Nacional

Su fuerte no es la agilidad, es la resistencia. Y en el momento que había que demostrarlo, lo hizo. “Al llegar a la recta final, El Musical había dominado bien y me hizo una diferencia. Pensé que no lo alcanzaba. Pero el mío, que es seguidor y fondista, arrancó fuerte y sacó la ventaja en los últimos metros”, analizó Pereyra. Ya se lo notaba más animado, aunque lejos de la efusividad que se le reconoce en victorias de este tipo.

En el tramo decisivo, la prueba que tuvo una docena de competidores se redujo a un mano a mano y se lo llevó el que el público eligió como favorito, que un mes antes se había adjudicado muy fácil el clásico preparatorio, el Eduardo Casey (G2-2200m). Fue parte del cambio de plan, luego de terminar tercero en la Polla de Potrillos, en septiembre, la única vez que terminó detrás de El Musical en cuatro veces que se encontraron.

El jockey William Pereyra, junto a su hija, en la entrega de premios, tras el susto.
El jockey William Pereyra, junto a su hija, en la entrega de premios, tras el susto. - Créditos: @Hapsa

“Para lo mejor de Niño Guapo teníamos que esperar las carreras largas”, dijo William. Ya lo había advertido a mitad de año, pero la tentación de estar en la Polla fue mayor. Luego, sí, en el stud Garabo comenzó el trabajo para eludir el Jockey Club, sobre césped, e intentar ganar el Derby con un caballo menos desgastado y con más furia, con el sello de Roberto Pellegatta. Así fue, aunque el plan no incluía semejante susto.

En el Gran Premio Palermo (G1-1600m) - Copa Biogénesis Bagó - Sinergium Biotech, Malibú Spring agigantó su leyenda. Le ganó por siete cuerpos a Royal Rimout para llegar a las seis victorias consecutivas y generar alivio y más placer en los que lo rodean, luego de atravesar una etapa difícil. Otra más.

El GP Palermo

A casi cuatro meses de su anterior conquista, el caballo entrenado por Marcelo Sueldo regresó a la competencia intacto, en el tercer intervalo obligado en su campaña. “Tuvo un cólico y estuvo cinco días internado, dos de ellos en estado delicado. Los veterinarios del hospital de San Isidro hicieron un gran esfuerzo para sacarlo adelante sin tener que operarlo y, si bien no tenía el entrenamiento ideal, también es cierto que no necesita mucho para ponerse a punto”, describió el cuidador.

Desde que pertenece al stud El Irlandés, el alazán ganó siempre. Está invicto en seis carreras con esos colores, tras las dos primeras presentaciones con resultados opuestos. “Estaba en el campo con una lesión seria y no sabíamos si iba a poder recuperarse, aunque le teníamos un concepto altísimo. Había debutado ganando (en 2020) y luego corrió mal (en 2021). Y surgió una posibilidad para su criador, al que se le había muerto Greenspring, el padre de Malibú Spring, pensando en la reproducción, como su reemplazo. Hubo un canje por algunos potrillos. Finalmente, el caballo se sobrepuso y este año volvió a correr y las ganó todas. Siempre se supera”, repasó Sueldo, además de destacar “la frialdad” de Gonzalo Borda.

Gonzalo Borda celebró en la montura de Malibú Spring, en su primer gran premio en Palermo.
Gonzalo Borda celebró en la montura de Malibú Spring, en su primer gran premio en Palermo. - Créditos: @Hapsa

El jinete, que debutó en febrero pasado y estuvo cuatro meses sin competir por una fractura en una pierna, volvió a la silla de Malibú Spring y se anotó su primer éxito de Grupo 1. El correntino lo exteriorizó con un sapucai cuando regresaba para la foto, recibió los aplausos y fue escueto en sus declaraciones. La emoción iba por adentro. “A seis días de graduarme ya pude correr mi primer gran premio en Palermo y lo gané. Estoy muy feliz”, sentenció. En una semana, jockey y caballo volverán a juntarse, en otro clásico grande, el Joaquín V. González, en La Plata. Sueldo no duda que lo llevará, buscando asegurar el título de campeón de la categoría.

Al final de la jornada, al caer la noche, quedaba por ver otra entrega para emocionarse, la del potrillo Labrado, que se adjudicó por un cuerpo el Gran Premio Maipú (G1) - “Copa Casino Club” y conservó su invicto en cinco presentaciones. El representante del stud Don Ariel, entrenado por Ángel Bonetto en Venado Tuerto, defendió el reinado al postergar al segundo puesto a su hermano paterno Le Mall, que conservó la posición por medio pescuezo ante el avance de Señor Artista.

El GP Maipú

Luego de 15 años, un ejemplar que no conoce la derrota se quedó con la cita cumbre de los velocistas en la arena de Palermo. Como la yegua estadounidense Lady Sprinter en 2007. Labrado selló su quinta conquista sin haber encontrado a un rival capaz de superarlo. Para destronar a una maravilla como Luthier Blues, ausente en esta oportunidad, debía surgir otro hijo del viento, para una nueva celebración al mando de Wilson Moreyra.