Pompeya Rugby Club saca pecho en el Impenetrable

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Los chicos del Pompeya Rugby Club que participaron de un encuentro con Cotton Rugby Club, de Villa Ángela, en el Chaco
Los chicos del Pompeya Rugby Club que participaron de un encuentro con Cotton Rugby Club, de Villa Ángela, en el Chaco

Pompeya Rugby Club vive en el centro profundo de lo que se conoce como el Impenetrable chaqueño, en la localidad de Misión Nueva Pompeya. Entre los 7000 habitantes, mayoría de la comunidad wichi, hay 20 chicos aún en edad escolar que desde hace dos años juegan al rugby. El club tiene escudo (un oso hormiguero, característico de la zona, con un sol y una hache de fondo), pero no camisetas. Lo mínimo que deben recorrer cada vez que juegan o se encuentran con otro club son 4 horas, por caminos de más tierra que asfalto. El fin de semana pasado, Pompeya Rugby Club hizo su primera gran gira: con los chicos repartidos entre un auto y en la caja descubierta de una camioneta, viajaron durante 500 kilómetros y 8 horas para participar, felices, de un encuentro con el Cotton Rugby Club de Villa Ángela, en el sudoeste chaqueño.

Pasión: el encuentro entre Pompeya Rugby Club y Cotton Rugby Club de Villa Ángela
Pasión: el encuentro entre Pompeya Rugby Club y Cotton Rugby Club de Villa Ángela


Pasión: el encuentro entre Pompeya Rugby Club y Cotton Rugby Club de Villa Ángela

Diego Cortte nació el 12 de septiembre de 1990 en Avellaneda, pero pronto su familia se estableció en Quitilipi, en el centro del Chaco. Sus dos pasiones son la docencia y el rugby. Es maestro de escuela secundaria y superior. En Quitilipi fundó y jugó en Arandú Rugby Club. También jugó, de centro o tercera línea, en Águilas Rugby Club, de Roque Sáenz Peña. Hace tres años decidió viajar 340 kilómetros para instalarse en Misión Nueva Pompeya. Llegó con sus libros y 3 pelotas de rugby. Cuando no da clases de geografía y economía en el colegio número 9, recorre los otros colegios y va a las radios a hablar de lo que significa el rugby. Fundó el club. La primera cita fue en la plaza central. Se acercaron 5 chicos. Así llegó a juntar 30. Hoy quedan 20 y entre todos le dan vida a Pompeya Rugby Club.

Diego Cortte (derecha), el artífice del Pompeya Rugby Club
Diego Cortte (derecha), el artífice del Pompeya Rugby Club


Diego Cortte (derecha), el artífice del Pompeya Rugby Club

En Misión Nueva Pompeya escasea la electricidad y el agua potable recién empezó a ser un bien hace unos meses, cuando se instaló un nuevo acueducto. Los habitantes suelen vivir de la pesca, ya que a un kilómetro tienen el río Bermejito. El Bermejo está a 30. En verano, las temperaturas alcanzan los 50° y las lluvias, al igual que las necesidades básicas, escasean. Y cuando llueve, la contradicción: por un lado es una bendición y por el otro, una fatalidad, porque los caminos se inundan de tal manera que no pueden pasar ni los camiones. O sea, sus habitantes quedan aún más aislados. Pasa a ser un lugar literalmente impenetrable.

Rumbo a Villa Ángela, en la caja descubierta de una camioneta
Rumbo a Villa Ángela, en la caja descubierta de una camioneta


Rumbo a Villa Ángela, en la caja descubierta de una camioneta

Cortte, el héroe anónimo de esta historia, no se detiene ante las adversidades. Ya tiene en mente los colores de la camiseta del club (“será como la de Belgrano Athletic, marrón y amarilla, porque son los colores del suelo de acá”), planea participar del campeonato de Desarrollo de Chaco, hacer una gira a Resistencia y el sueño máximo es viajar en 2022 a Buenos Aires. Diego dice que una de las personas que más lo ayuda e incentiva es Sebastián Perasso, del SIC y uno de los que van misionando el rugby por el país. Varias de esas experiencias las volcó en el libro “El Interior”. “Seba me dijo que nos va a invitar al SIC”, se entusiasma. También destaca a Nicolás Lucuix, un joven periodista chaqueño que entiende esta profesión como un servicio y no como un show o un negocio, y que desde su medio “La Ovalada” difunde toda la actividad rugbística en el interior del Chaco, la más olvidada por las estructuras oficiales.

Uno de los chicos del Pompeya Rugby Club y un souvenir de la primera "gira"
Uno de los chicos del Pompeya Rugby Club y un souvenir de la primera "gira"


Uno de los chicos del Pompeya Rugby Club y un souvenir de la primera "gira"

Pompeya se entrena en el Polideportivo del pueblo y se traslada en una camioneta, ambos cedidos por el intendente local, Vicente González. “Nos da una mano en todo lo que puede, pero él también cuenta con recursos limitados”, dice Cortte.

El verdadero rugby de desarrollo argentino necesita más apoyo. Apoyo en serio. Solemos mostrar estos ejemplos –que lo son, por cierto– resaltando las dificultades que deben atravesar muchos de estos clubes en distintas partes del país, pero no destacamos la desigualdad que ello conlleva. Naturalizamos que está bien. Y lo que está bien es lo que hacen Diego Cortte y los chicos del Impenetrable chaqueño.

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