El perfil de Martín Palermo entrenador: el optimista del equilibrio que juega con dos 9 de área en Aldosivi, una grata revelación

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Todo un símbolo, en el último Aldosivi-Boca: con Javier García están Sebastián Battaglia y Martín Palermo, el dueño de las miradas por una eventual sucesión.
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No podía quitarse la armadura de futbolista. El traje del goleador imposible. Ya se había retirado, ya había llevado el arco a su casa, había dirigido a Godoy Cruz y Arsenal con suerte diversa, pero mantenía en sus venas la vorágine del gol. Debía atravesar el futuro. “Hubo un cambio muy grande desde que me fui de Arsenal y estuve en el fútbol chileno durante dos años y medio en Unión Española. Ese paso me dio el impulso para dejar de lado por completo lo que era yo como jugador. Saber que tenía que madurar y cambiar mi manera de ser en mis etapas de Godoy Cruz y Arsenal. Consolidé mi trabajo como entrenador, también en Pachuca. Cuando uno está frente a grandes jugadores, esa situación ayuda a la consolidación. Hoy me siento mucho más maduro, preparado”, cuenta Martín Palermo, a los 48 años. Una vida como goleador.

“No me da miedo decirlo: hoy soy un mejor entrenador”. Un laburante que se convirtió en ídolo de Boca. Un laburante que debía levantar a un hundido Aldosivi, romántico en la propuesta de Fernando Gago, pero huérfano de puntos y proyección. Palermo se siente cómodo en la mesa de la humildad: de pronto, el equipo marplatense es la revelación de la Copa de la Liga. Lo espía Román Riqueleme, en rencilla con Sebastián Battaglia y de presente cordial con el Titán. “De Boca no hablo”, suele avisar el entrenador del equilibrio, que escucha de lejos los murmullos de la Bombonera. Aquellas antiguas ovaciones de pie.

Así vive los partidos el Titán: a todo o nada
Diego Izquierdo


Así vive los partidos el Titán: a todo o nada (Diego Izquierdo/)

“Creería que sí, que en algún momento la oportunidad me va a tocar. Pero no puedo cerrarme en que solo mi objetivo sea dirigir a Boca, sino me cierro las puertas en todos lados. También está el deseo de Estudiantes…”, contaba, tiempo atrás. En el mientras tanto, en Mar del Plata encontró el equilibrio justo, entre placer y negocios. Es feliz en una ciudad que lo admira y el equipo lo representa de modo cabal: es un canto al optimismo. Capaz de jugar 65 minutos con un jugador menos en el Libertadores de América y ser más peligroso, punzante.

Y empatar un partido que se traduce en victoria para la intimidad. “No deja de sorprenderme partido a partido lo increíble que son como equipo, como grupo. Ese deseo de que podamos sostener este sexto partido sin derrotas. Es importante el momento del equipo, de la institución. Hoy estamos en un segundo puesto merecido, nadie creía que Aldosivi iba a llegar al lugar donde está y eso es mérito de los jugadores. Cuando se habla de actitud hay varios factores: concentración, esfuerzo, el desgaste físico. Todos los partidos pido que sean solidarios con el compañero”. Es un reflejo de su carrera, de su personalidad: nadie creía en el Titán, desparpajo mayúsculo y calidad limitada. Y se convirtió en uno de los máximos goleadores de la historia de nuestro fútbol.

El empate con Independiente

En el Apertura 2016 trasandino había cosechado su mejor recompensa en Unión Española: 58,33 por ciento de los puntos. Lo de Aldosivi lo supera todo: 60,61%. Se siente, ahora sí, un profesional. “Es poco lo que me meto a participar en trabajos con los jugadores. A lo mejor lo hago en algún juego recreativo. Ahora mantengo una distancia, pero cuidando de no alejarme. La comunicación debe ser buena. Me gusta saber cómo está el jugador más allá de lo futbolístico. Un problema que tenía era que muchas veces pensaba lo que yo hubiera hecho en una determinada situación y esperaba que el jugador de mi equipo hiciera lo mismo. Es un error. Yo al futbolista debo darle soluciones, herramientas para que resuelva problemas y desarrolle todas sus virtudes”, contó, en una entrevista.

Soluciones, herramientas, virtudes. “Soy un obsesivo, pero del sacrificio”. Se inclina por el equilibrio, por una defensa sólida, por un equipo que transmita seguridad y contundencia. Intensidad, dinamismo. “Es importante la posesión, pero tiene que haber progresión para buscar el arco rival. Es intrascendente tener la pelota sin finalización”, se describe. “Aldosivi tiene que tener otra ambición, el deseo de cosas más importantes, de pelear por las copas, de no mirar tanto la tabla del descenso”. Es el mismo mensaje que recorre en cada uno de sus destinos. Con una excepción: Curicó Unido, donde solo dirigió 27 partidos (“no encontré rebeldía en el plantel”). Todavía no dirigió a un gigante.

El triunfo ante Colón

Nunca quiso copiar el método de Carlos Bianchi (“ni el de Coco Basile, tampoco el de Guardiola”), aunque años atrás, hizo un recorrido intenso por Europa, para captar enseñanzas de los más grandes. Anduvo con Massimiliano Allegri en Juventus, con Roberto Mancini en Inter, con Diego Simeone en Atlético de Madrid, hasta con el breve paso de Rafa Benítez en Real Madrid. Más aún: mantuvo una serie de charlas con Sergio Hernández, que fue un exitoso entrenador del seleccionado de básquetbol, porque intuía que podía aplicar en el fútbol otros sistemas de juego. Sobre todo, los defensivos, los desmarques.

El festejo de Palermo después de anotar un gol insólito. Detrás, Riquelme se ríe.
El festejo de Palermo después de anotar un gol insólito. Detrás, Riquelme se ríe.


Otros tiempos: el festejo de Palermo después de anotar un gol insólito; detrás, Riquelme se ríe

Todo un símbolo, Palermo se inclina, ahora, por un doble 9 a la uruguaya. Por si faltara uno, dentro y fuera de la cancha. Santiago Silva (a los 41 años) y Martín Cauteruccio (el segundo goleador del torneo, con 8). Así los define: “Martín es más de buscar los espacios en velocidad y el Tanque es más de aguantar la pelota y pelear con los defensores”.

Silva le devuelve la gentileza de haberlo recuperado, luego de tantos días de ocaso. “Me marca el día a día y es palabra santa para mí y para el equipo. Sigo aprendiendo con 41 años y tomo sus consejos. Es un referente para nosotros y para el país”, reflexiona.

Tan cerca, tan lejos de Boca, Palermo se siente en la cúspide de su laboriosa carrera como entrenador, a casi una década de su primera vez del otro lado del mostrador, un 0-0 entre el Tomba y Quilmes. Ahora, le sobran goles y argumentos. Nada con el Tiburón y escucha, de lejos, cuando la Bombonera late. Y habla.

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