Paco Stanley y las teorías de la conspiración sobre un asesinato que sacudió a México

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Paco Stanley fue asesinado cuando salía de una taquería. (Getty Images)
Paco Stanley fue asesinado cuando salía de una taquería. (Getty Images)

Paco Stanley es el tema favorito de un sinfín de conversaciones. No importa la generación ni cuántos años hayan pasado de su trágico asesinato. Siempre hay algún pretexto que nos lleve a hablar del recordado conductor de televisión que perdió la vida hace 24 años. Pero, como era de esperar, las teorías de la conspiración han hecho su trabajo de maravilla. El caso convirtió en detectives a millones de mexicanos.

Y si lo pensamos un poco, es normal que haya sido así. Somos adictos a encontrarle explicaciones a aquello que no lo tiene. Y esa manía se refuerza cuando desde las voces oficiales no se brinda certidumbre al respecto. Por ejemplo, al día de hoy, no se sabe quién ordenó el homicidio de Paco. La policía llegó a detener a Mario Bezares y Paola Durante, colaboradores del comediante, pero finalmente se consideró que no eran culpables y fueron puestos en libertad después de un año y medio. Si fueron responsables o cómplices, nadie puede saberlo a ciencia cierta porque no hay quien pueda comprobarlo de manera irrefutable: con hechos y evidencias.

Pero el juicio público es muy claro. No hay intervención pública de Bezares en la que la referencia al homicidio de su gran amigo desaparezca. Internet está repleto de comentarios que le adjudican el crimen y, para no salir de la costumbre, la sociedad tiene un veredicto claro e irrevocable. Además está el tema de la cocaína. El video donde a Bezares se le cae una bolsita blanca, tras hacer “el gallinazo” con Stanley a un lado, ha servido para especular y formular mil y una teorías. A nivel social, la versión que sostiene un vínculo entre Paco y el narcotráfico ha gozado de amplia difusión y aceptación, sin que haya pruebas al respecto.

Es cierto que la Procuraduría del entonces Distrito Federal, encabezada por Samuel del Villar, reportó el hallazgo de medio gramo de cocaína y un aparato para triturar droga en el vehículo donde el comediante fue atacado. Además, en sus respectivos exámenes toxicológicos Stanley y Bezares dieron positivo a cocaína. Esos son los hechos, pero a 23 años del suceso no se ha podido comprobar que el conductor tuviera vínculos con Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, como tanto se ha conspirado.

Si lo pensamos, quizá de algo sirva que la conmemoración de tan célebre siniestro coincida con El día de la Libertad de Expresión, como para recordarnos un poco que siempre existen límites, porque bajo el manto de la libertad pueden filtrarse siempre las malditas conspiraciones. Y vaya que les tenemos afecto. Nos hacen felices cuando queremos negar la realidad y encontrar en algún recoveco del universo la serie de casualidades, hechos escondidos y modificados, que nos otorguen una certidumbre manufactura. Todo sea para tener a nuestra mente en paz con sus certezas.

El caso Stanley fue mediatizado y politizado desde el primer momento a niveles nunca antes vistos para la televisión mexicana. En una época sin redes sociales y con el Internet todavía muy sectorizado, la pantalla chica gozaba del monopolio absoluto de información y entretenimiento.

Jorge Garralda, otro célebre presentador de Azteca, encabezó una cruzada contra el entonces jefe de Gobierno, Cuauhtémoc Cárdenas, que ya había competido dos veces por la presidencia de la República y al año siguiente del asesinato de Stanley, 2000, emprendería su aventura final (también fallida, al fin y al cabo).

Esa exhibición desquiciada del caso en millones de hogares tuvo un efecto que se puede percibir hasta la actualidad. Por eso todos recuerdan a Stanley y mucho más: saben perfectamente dónde estaban y qué hacían en el momento preciso de conocer La Noticia. Sí, así con mayúsculas. Y, por extensión, la experticia en fabricar conspiraciones también se ha contagiado de casa en casa y de boca en boca.

El asesino de Paco Stanley tan solo es un ejemplo de cómo las conspiraciones nos atrapan y nosotros, con el escudo de la libertad de expresión, a la que hoy festejamos, hacemos pasar mentiras por realidad simplemente porque hacerlo sacia todas las interrogantes que no tienen explicación. Tiempo fuera. Vienen otros 23 años de teorías.

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