Opinión: El golpe de hacha de los Bravos no deja que el comisionado del Béisbol de las Grandes Ligas escuche las voces nativas

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Estamos en 2021, y aún vemos en eventos deportivos a aficionados que hacen el movimiento de golpe de hacha mientras entonan falsos cánticos de guerra, dignos de vergüenza y que parecen sacados de una película de vaqueros hecha en Italia.

Todavía tenemos nombres de equipos e imágenes que se burlan de los nativos estadounidenses.

Incluso debemos enfrentar este espectáculo de ignorancia en los escenarios más grandes, como esta semana en la Serie Mundial.

Desde hace mucho tiempo, las escuelas secundarias y universidades comenzaron a alejarse del simbolismo y los gestos que caricaturizan a los nativos estadounidenses. En los deportes profesionales, la franquicia de la NFL en la capital de la nación, cediendo a la presión de los patrocinadores corporativos, se convirtió en el Washington Football Team, al deshacerse del insultante nombre, ‘Redskins’ (Pieles Rojas), por el que era conocido. Los Indios de Cleveland pronto se convertirán en los Guardianes.

Los Bravos de Atlanta siguen sin enterarse de nada.

El viernes por la noche, cuando los Astros de Houston jueguen contra Atlanta en el tercer juego de la Serie Mundial, la iconografía racista estará a la vista de todos. Veremos un campo lleno de atletas jugando para un equipo de Atlanta que lleva el nombre de personas que sufrieron el genocidio y el robo de tierras y que todavía se encuentran marginados de la sociedad actual.

Una y otra vez, 41.000 fanáticos, la mayoría de ellos blancos, se levantarán y agitarán sus brazos en un movimiento similar al del golpe de un hacha, mientras vociferan un falso grito de batalla nativo.

El equipo preparó este comportamiento durante años. Desde la década de 1960 hasta la de 1980, la franquicia tuvo una mascota llamada Chief Noc-A-Homa (‘Jefe Batea-un-jonrón’) que se paseaba por el terreno. Y aunque parezca una broma, tenía una compañera: Princess Win-A-Lotta (‘Princesa Ganen-un-montón’). Aunque la costumbre del equipo de repartir hachas tipo tomahawk hechas de gomaespuma desapareció, el club todavía incita a los aficionados a gritar con el sonido de un tambor.

El Béisbol de las Grandes Ligas (MLB, por su sigla en inglés) y su comisionado, Rob Manfred, tampoco han hecho mucho para desalentar la práctica de esta arcaica burla. Aunque Manfred elogió al equipo de Cleveland por su constante despojo de los rituales ofensivos y por cambiar su apodo a los Guardianes, cuando se le preguntó en una conferencia de prensa esta semana sobre el nombre despectivo del equipo y las celebraciones en Atlanta, Manfred se ofuscó de inmediato.

Manfred afirmó que cada uno de los equipos de la liga debe ser tratado de manera diferente porque el béisbol es un juego regional, a pesar de que estaba poniendo en marcha un evento televisado a nivel nacional llamado la Serie Mundial.

Los nativos estadounidenses de la zona “apoyan el programa de los Bravos en su totalidad, incluidas las hachas”, afirmó Manfred, al señalar el acercamiento del club con las tribus de la región.

Me tomó menos de un día encontrar tal red de nativos estadounidenses, que no están dispuestos a respaldar la mascota del equipo o tradiciones relacionadas con el equipo.

“El comisionado parece no darle suficiente importancia al asunto cuando usa el término ‘totalidad’”, dijo Jakeli Swimmer, un estudiante graduado de 31 años y miembro de la Banda del Este de Indios Cherokee, una tribu con un estimado de 16.000 miembros y con raíces en Georgia cuyo liderazgo mantiene una asociación con los Bravos. “Está usando nuestra tribu como excusa y tapadera. Está diciendo cosas sin tomarse el tiempo para entender que somos muchos los que nos oponemos a lo que está haciendo ese equipo”.

“De verdad, estoy en contra del nombre, la mascota y el hacha de guerra de los Bravos de Atlanta”, dijo Missy Crow, de 59 años, una organizadora comunitaria que vive en tierras tribales, un campo montañoso cruzado por ríos cerca de las montañas Great Smoky. “Esto es apropiación cultural y una bofetada burlona”.

El liderazgo de la Banda del Este eligió un rumbo diferente.

El jefe tribal, Richard Sneed, ayudó a orquestar una asociación cultural con el equipo de MLB después de que este lo contactó hace tres años, dijo.

Durante mucho tiempo, el casino de la tribu ha sido un patrocinador corporativo del equipo y la asociación cultural, dijo, le brinda a la tribu una publicidad adicional. Y agregó que el equipo había producido un video que contaba la historia de la Banda del Este y había contribuido con cerca de 30.000 dólares.

Sneed no tiene ningún problema con el nombre, ya que lo ve como un reflejo de la fuerza, pero pone los ojos en blanco ante el hachazo. “En realidad, no tengo un problema con que la gente mueva el brazo imitando un hacha, pero todo el canto de guerra, eso es cursi”, dijo. “Les dije, hombre, parece como de una película del oeste italiana de los años 40 o 50”.

¿Sneed pensó alguna vez en presionar al equipo para que cambiara? Nunca, dijo.

La Banda del Este mantiene profundos lazos con Georgia a pesar de que la tribu fue expulsada del estado en el siglo XIX. Es parte de la Nación Cherokee, que, junto con la Nación Muscogee, ha expresado una firme oposición al manido acto del equipo de béisbol.

“Queremos que se detenga esa caricatura y apropiación de una raza de personas”, dijo Jason Salsman, portavoz de los muscogees.

Esas tribus no están solas. La franquicia de Cleveland decidió, en parte, cambiar su nombre después de consultar con Stephanie Fryberg, profesora de Psicología en la Universidad de Míchigan y miembro de la Nación Tulalip en el estado de Washington. En una encuesta reciente realizada por la profesora se detalla que hasta el 75 por ciento de los nativos estadounidenses se oponen a los símbolos de los pueblos indígenas en los deportes y el número es más alto entre los grupos de edad más jóvenes.

El simbolismo y los deportes son una potente mezcla. Piense en la devoción ardiente y, en esencia, religiosa que muchos aficionados tienen solo por la insignia de su equipo favorito. Piense en cómo las imágenes de un mariscal de campo negro arrodillado durante el himno nacional desencadenaron una tormenta de controversia que hasta el día de hoy se mantiene.

Por lo tanto, no debería sorprendernos que los nativos estadounidenses sientan las repercusiones cuando las imágenes estereotipadas de los equipos aparecen en los escenarios más grandes.

“Ahora hay docenas de estudios que muestran los efectos adversos para los nativos”, dijo Fryberg. “En realidad, no hay ningún beneficio psicológico en absoluto. En cambio, nos quedamos con el daño. La depresión, las ideas suicidas y la baja autoestima”.

Si miras el partido del viernes, pregúntate esto: ¿por qué las imágenes racistas deberían ser más importantes que poner fin a un largo ciclo de humillación de nuestros ciudadanos más marginados?

Es 2021 y es hora de cambiar.

© 2021 The New York Times Company

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