Villarreal, el modelo de negocio que se fortaleció con las sobras de la Premier

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Ruben Peña del Villarreal celebra con sus compañeros después de eliminar al Bayern Múnich de la Liga de Campeones y clasificar a las semifinales. (Foto: Marcio Machado/Eurasia Sport Images/Getty Images)
Ruben Peña del Villarreal celebra con sus compañeros después de eliminar al Bayern Múnich de la Liga de Campeones y clasificar a las semifinales. (Foto: Marcio Machado/Eurasia Sport Images/Getty Images)

Una gran manera de entender cómo es que el Villarreal —un equipo de fútbol de una ciudad de apenas 50.000 almas, que juega en un estadio que puede albergar a casi la mitad de ellos— se encuentra en las semifinales de la Liga de Campeones es examinar detenidamente el pasillo de productos de limpieza en el supermercado más grande de España.

El supermercado en cuestión, Mercadona, y el equipo de fútbol, son primos corporativos. Fernando Roig, presidente y benefactor del Villarreal, tiene una participación minoritaria en Mercadona, la cadena minorista más grande de España, pero es su hermano Juan, el accionista mayoritario, a quien se le atribuye haber convertido el supermercado en un caso de estudio obligatorio para las escuelas de negocios de todo el mundo.

Algo fundamental en esa estrategia es la idea de que los clientes son quienes, en última instancia, están a cargo. Son ellos quienes, después de todo, determinan lo que sus tiendas deben tener en los anaqueles. Para asegurarse de que la compañía está cubriendo sus necesidades, cada cierto tiempo Mercadona invita a una selección de sus clientes más fiables para que participen en un laboratorio de pruebas.

Estos se realizan en 10 sucursales de toda España, y cada uno está dedicado a una línea concreta del negocio: por ejemplo, el cuidado de mascotas, golosinas o higiene personal. A los clientes se les pide no solo que den su opinión sobre varios productos —el empaque, el precio, el sabor, el olor— sino que también aconsejen al personal de Mercadona sobre cómo los usan.

Así fue como Mercadona descubrió que si bien mucha gente compraba vinagre de vino blanco como condimento, también lo estaban utilizando como un quitamanchas. “Entonces crearon un producto de limpieza hecho con vinagre”, le dijo Miguel Blanco, profesor de economía empresarial en la Universidad Rey Juan Carlos, a una revista de negocios de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania. Mercadona, como el Villarreal, entiende que el atractivo del producto depende de cómo se utilice.

A primera vista, el Villarreal no sigue el modelo establecido por el puñado de equipos que están fuera de la camarilla exclusiva de clubes extraordinariamente millonarios que se han colado en las semifinales de la Liga de Campeones en los últimos años.

Fanáticos del Villareal en el estadio antes del partido de Champions contra la Juventus. (Foto: REUTERS/Massimo Pinca)
Fanáticos del Villareal en el estadio antes del partido de Champions contra la Juventus. (Foto: REUTERS/Massimo Pinca)

El Mónaco en 2017 y el Ajax en 2019 se sintieron como destellos del futuro cercano del fútbol. Fue durante la racha del Mónaco en la que derrotaron al Manchester City y al Borussia Dortmund que por primera vez Kylian Mbappé, Bernardo Silva y Fabinho penetraron en la conciencia masiva del deporte. Las derrotas que el Ajax le propinó al Real Madrid y al Juventus en su camino a las semifinales dos años después ayudaron a convertir a Frenkie de Jong y Matthijs de Ligt en estrellas.

El RB Leipzig, que llegó a estar entre los cuatro finalistas de ese extraño y fantasmal torneo pandémico de 2020, también parecía un equipo de vanguardia. Contó con jugadores como Dayot Upamecano y Christopher Nkunku, y fue guiado por Julian Nagelsmann, el abanderado de la primera generación de entrenadores posterior a Pep Guardiola.

El Villarreal, en cambio, no se siente como una visión del futuro. El núcleo del equipo de Unai Emery es de cantera propia. El crecimiento de Gerard Moreno, Yeremi Pino, Alfonso Pedraza y, en particular, Pau Torres es testimonio del fantástico trabajo de la muy admirada academia del club.

Sin embargo, aparte de Pino, que tiene 19 años, ninguno de ellos es especialmente joven, no en términos futbolísticos. Incluso Torres, la joya local del club, tiene 25 años, lo que significa que es poco probable que inspire el tipo de frenesí hambriento entre los depredadores del mercado de fichajes que generó De Ligt en 2019.

En cambio, alrededor de esa alineación de graduados, el Villarreal da la impresión de ser una especie de tienda retro de la Liga Premier, ya que su equipo está repleto de rostros que son vagamente familiares para los seguidores superficiales del fútbol inglés. Está Vicente Iborra, un centrocampista de 34 años que tuvo problemas para dejar su huella en el Leicester City; y Pervis Estupiñán, el joven lateral izquierdo ecuatoriano que experimentó un tiempo en la gran fábrica de cesiones del Watford.

Jugadores del Villarreal celebran después de eliminar al Bayern Múnich de la Liga de Campeones y clasificar a las semifinales.(AP Photo/Matthias Schrader)
Jugadores del Villarreal celebran después de eliminar al Bayern Múnich de la Liga de Campeones y clasificar a las semifinales.(AP Photo/Matthias Schrader)

Étienne Capoue, de 33 años, pasó seis años en Vicarage Road, estableciéndose como una rara constante en un equipo de Watford definido por el cambio permanente. Alberto Moreno fue cedido por el Liverpool en una transferencia gratuita. Francis Coquelin emergió por primera vez en el Arsenal. Dani Parejo tuvo un breve paso por el Queens Park Rangers. Arnaut Danjuma no logró terminar de arrancar en el Bournemouth.

Y luego está el contingente del Tottenham: Juan Foyth, un defensa que había perdido su rumbo, un caso similar al de Serge Aurier; y Giovani Lo Celso, un centrocampista extravagantemente talentoso que quedó a su suerte tras la llegada de Antonio Conte como entrenador de los Spurs a finales del año pasado.

Incluso Emery, por supuesto, regresó a España tras haber recibido la tarea un tanto abrumadora de remplazar a Arsène Wenger en el Arsenal. Su equipo en el Villarreal, el que eliminó al Bayern de Múnich en los cuartos de final, el que bloquea el camino del Liverpool hacia una tercera final de la Liga de Campeones en cinco años, se ha construido con los niños abandonados y descarriados de la Liga Premier.

Los que están familiarizados con la estrategia del Villarreal afirman que no es una política deliberada. Miguel Ángel Tena, director deportivo del club, y Fernando Roig Negueroles, su director ejecutivo —e hijo del presidente— no se han propuesto tamizar a los excluidos por el consumismo deliberado y derrochador de la Liga Premier.

Lo que ha habido, en cambio, es cierto grado de oportunismo. Cuando a mitad de la temporada pasada Emery necesitó un centrocampista físicamente imponente y técnicamente hábil, recordó haber quedado impresionado por Capoue cuando estuvo en Inglaterra. Capoue, quien ha admitido que no ve fútbol, ni siquiera sabía de dónde provenía el Villarreal cuando llegó la oferta; solo estaba conmovido por la fe que le tenía Emery.

Jugadores del Villarreal celebran después de eliminar al Bayern Múnich de la Liga de Campeones y clasificar a las semifinales. (AP Photo/Matthias Schrader)
Jugadores del Villarreal celebran después de eliminar al Bayern Múnich de la Liga de Campeones y clasificar a las semifinales. (AP Photo/Matthias Schrader)

Danjuma fue otro fichaje recomendado por el entrenador: los analistas del Villarreal nunca lo habían visto cuando Emery sugirió, luego de que el Villarreal ganara la Liga Europa en la temporada pasada, que el equipo debía pagar unos 20 millones de dólares por un jugador que acababa de descender con el Bournemouth. Sin embargo, el club pagó la cuota. Villarreal cree en la actualidad que Danjuma, su estrella emergente, podría llegar algún día a obtener 100 millones de dólares.

Otros se han beneficiado de la memoria eidética del club. El Villarreal ha cultivado desde hace mucho tiempo vínculos en Sudamérica, particularmente en Argentina: la última vez que llegó a una semifinal de la Liga de Campeones, en 2006, lo hizo con una plantilla repleta de exjugadores del Boca Juniors. Su red de cazatalentos había escogido hace mucho tiempo a Foyth y Lo Celso.

El Villarreal no podía competir con el dinero que ofrecía Inglaterra —o el PSG, en el caso de Lo Celso— cuando llegaron por primera vez a Europa, pero el club sabe muy bien que el fútbol siempre puede llegar a ofrecer una segunda oportunidad, particularmente dada la rapidez con la que los equipos ingleses, sobre todo, descartan jugadores.

Es esa visión la que le ha permitido a Emery no solo darle al club su primer gran trofeo en la historia del Villarreal —la Liga Europa del año pasado— sino llevar al equipo a 180 minutos del juego más importante de todos: el conocimiento de que un producto puede tener un propósito alternativo, un papel más importante, que el indicado en el empaque.

El Villarreal ofrece un modelo que podría seguirse, una visión de cómo los clubes sin las finanzas de la Liga Premier o el peso de los gigantes de Europa continental podrían desarrollarse. Demuestra que es posible fortalecerse con las sobras de la fiesta y prosperar en el ecosistema cada vez más anglocéntrico del fútbol, al recordar que el atractivo de un producto depende de su uso.

VIDEO: Liverpool vs. Villarreal, un duelo cultural

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