La barbaridad de Novak Djokovic que eclipsa su derrota en París

PARIS, FRANCE - NOVEMBER 06: Novak Djokovic of Serbia takes a break during his match against Nodskov Rune of Denmark during the Day Seven of Rolex Paris Masters at Palais Omnisports de Bercy on November 6, 2022 in Paris, France. (Photo by Antonio Borga/Eurasia Sport Images/Getty Images)
Novak Djokovic, durante un cambio de lado en la final de París-Bercy contra Holger Rune (Photo by Antonio Borga/Eurasia Sport Images/Getty Images)

El danés Holger Rune culminó una de las proezas más grandes de los últimos años: no solo imponerse a los diecinueve años en su primer Masters 1000 y entrar entre los diez mejores del mundo, sino cargarse por el camino a otros cinco top ten: Hurkacz, Rublev, Alcaraz, Aliassime... y Novak Djokovic. Teniendo en cuenta que, hasta ahora, Rune había conseguido sus mayores éxitos sobre tierra batida, la hazaña es tremebunda. Sobre todo, después de haber perdido el primer set e ir 3-1, 30-0 en contra en el tercero.

Ahora bien, de Rune ya hemos hablado mucho estas últimas semanas y tendremos ocasión de hablar muchísimo el año que viene, un año que promete ser una eclosión de talento intergeneracional. Hablemos por un momento de Novak Djokovic, cuyas idas y venidas del circuito por el tema de la vacuna Covid, han hecho su presencia menos habitual en los análisis. Su negativa a vacunarse, junto a las políticas al respecto de determinados países, ha hecho que Djokovic se haya perdido el Open de Australia, el US Open y los Masters 1000 de Indian Wells, Miami, Montreal y Cincinnati.

No son seis torneos cualesquiera: entre todos reparten un total de 8000 puntos, se disputan en la superficie favorita de Djokovic y, de hecho, el serbio se ha impuesto a lo largo de su carrera veintinueve veces en esas pistas. En resumen, Nole ha tenido que ganarse la vida en 2022 en tierra batida, hierba e indoor. Para cualquier otro, habría sido una condena, sobre todo teniendo en cuenta que el torneo de Wimbledon no ha dado puntos este año para el ranking ATP... para Djokovic ha sido un maravilloso ejercicio de supervivencia de enorme éxito.

Este 2022 se ha saldado, de momento, con cuatro títulos (Roma, Wimbledon, Tel-Aviv y Astana) y otras dos finales (París y Belgrado). Pero no es eso lo más espectacular, sino su capacidad para clasificarse para las ATP Finals no solo por el privilegio de haber ganado un grande por el camino, sino por propio derecho: Djokovic amanece este lunes como número ocho del mundo. No ha necesitado de exenciones ni de lesiones para confirmar su presencia entre los mejores del planeta por decimosexto año consecutivo.

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Cuando hablamos de la rivalidad y la longevidad de Federer y Nadal, a menudo parece olvidársenos la de Djokovic. Reinventarse a los treinta y cinco años que tiene ahora mismo el serbio es dificilísimo. Mantener la concentración y la fuerza física necesaria para llegar a todas las bolas y buscar constantemente las líneas es un auténtico prodigio. Si dejamos fuera los seis torneos que se perdió para no andar con hipótesis y nos limitamos a reinstaurar los puntos que Wimbledon da todos los años, nos encontramos con que Novak Djokovic llegaría a las Finals como número cuatro del mundo, a apenas 1800 puntos de Carlos Alcaraz.

De hecho, si todo se hubiera desarrollado con una mínima normalidad, es decir, si no hubiera estallado una guerra en Ucrania, si no hubiéramos vivido una pandemia mundial que cumplirá pronto tres años y ese largo etcétera de desequilibrios que nos tienen constantemente en vilo, lo más normal es que Djokovic hubiera repetido como número uno... y Nadal, sin tantísimas lesiones, habría sido el número dos. O viceversa, que no quiero ofender a nadie.

Eso, precisamente, es lo que hace atractiva la temporada que viene: por un lado, la insurgencia insolente de Alcaraz y Rune; por el otro, la consolidación de Aliassime y Kyrgios; aún más allá, el previsible paso adelante de Sinner, Zverev o Tiafoe; el retorno de la mejor versión de Medvedev... y, sobre todo, la lucha de todos ellos contra los dos campeones por excelencia. Los hombres que se han impuesto en treinta y dos de los últimos cuarenta y siete grand slams. Con Federer ya retirado, el último bastión de la generación de oro del tenis masculino.

Pocos deportes se han visto más afectados por la pandemia, tanto en términos de viabilidad de los torneos como en interés del aficionado. El año que viene puede compensar por los tres anteriores. Basta con que no pasen más cosas raras y las dos leyendas se mantengan sanos y en forma. Del resto, se encargarán los chavales. Están todos hambrientos y son voraces. Las ATP Finals de dentro de una semana serán un excelente aperitivo.

Vídeo | Rune le "roba" el título a Djokovic

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