Las medias verdades de Djokovic ponen a la ATP contra las cuerdas

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Men's world number one tennis player Novak Djokovic of Serbia gestures from his hotel balcony on the last day of his two-week quarantine in Adelaide on January 28, 2021, one of the locations where players have quarantined upon their arrival ahead of the Australian Open tennis tournament in Melbourne. (Photo by Brenton EDWARDS / AFP) / -- IMAGE RESTRICTED TO EDITORIAL USE - STRICTLY NO COMMERCIAL USE -- (Photo by BRENTON EDWARDS/AFP via Getty Images)
Photo by BRENTON EDWARDS/AFP via Getty Images

Poco antes de empezar el US Open en Nueva York, Novak Djokovic asistió al Summer Stage, un festival de música que se celebraba en tres sedes a la vez. Esto, de por sí, no es una gran noticia, pero la cosa cambia cuando atendemos a los requisitos para acudir a este evento: en dos de las tres sedes, bastaba con una PCR negativa 72 horas antes del concierto. En la tercera, Central Park, el certificado de vacunación era obligatorio. Las fotografías que tenemos de Djokovic parecen pertenecer a este tercer escenario, lo que querría decir que está vacunado... o que, por ser quien es, hicieron la vista gorda, algo improbable en Nueva York, donde prácticamente todo el mundo es alguien y no son muy amigos de las excepciones.

¿Por qué es importante saber si Djokovic está vacunado o no? Porque él se niega a decirlo. En abril de 2020, fue categórico: "Estoy en contra de cualquier proceso de vacunación", pero su mensaje fue adaptándose a las necesidades del momento y en sus últimas declaraciones apela a su derecho a no tener que decir si sí o si no. Desde luego, derecho tiene todo el del mundo, pero es una postura extraña: el jugador de la NBA, Kyrie Irving, no se ha vacunado y está orgulloso de ello. Michael Jordan, al contrario, no solo se ha vacunado sino que lo ha dejado bien claro en sus redes sociales: "Yo sí creo en la ciencia", afirma la leyenda de los Chicago Bulls.

Efectivamente, vacunarse o no entra dentro de la libertad de cada uno. Mandar mensajes ambiguos es más peligroso. Lo que está diciendo Djokovic es que, bien se ha vacunado pero le da vergüenza reconocerlo teniendo en cuenta su posición previa al respecto y que muchos creerán que se ha "vendido"... o bien, no se ha vacunado y le da vergüenza formar parte de una minoría que entiende que le granjeará más críticas que elogios. En cualquiera de los casos, elegir el terreno de la "media verdad", del "sí pero no", sin dar razones al respecto, siendo un derecho, vuelve a manchar de alguna manera su imagen. Di lo que tengas que decir y asúmelo. No te quedes en el medio.

Por supuesto, a prácticamente todos nos daría igual si Novak Djokovic se ha vacunado o no... si Novak Djokovic no fuera el número uno de la ATP y si el siguiente slam, que ha ganado nueve veces, no exigiera la vacunación obligatoria para participar. De ahí que, manteniendo el misterio, el serbio diga que no sabe si participará o no. Es cierto que el estado de Victoria, donde se celebra el Open de Australia, aún no ha determinado con exactitud cuáles van a ser los requisitos y que se rumorea con la posibilidad de una cuarentena como la del año pasado para aquellos que no se hayan vacunado aún o no piensen hacerlo. Djokovic se podría acoger a esa posibilidad, pero está por ver si eso también le parece excesivo... y si la administración local finalmente acepta ese plan B.

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El caso es que estas ambigüedades de Djokovic llegan en el peor momento para todo el mundo del tenis. Vuelve a poner al deporte en el foco público por razones poco agradables y amenaza con privar al circuito de su mejor y más carismático jugador, una vez Roger Federer y Rafa Nadal siguen recuperándose de sus lesiones. Venimos de un torneo de Indian Wells sin apenas cobertura en la prensa y con una poco apasionante final entre Cameron Norrie y Nikoloz Basilashvili. El reto de Djokovic de superar los veinte slams en su carrera y llegar al décimo triunfo en Australia sería una enorme noticia que tendría al torneo en el ojo mediático durante dos semanas.

Sin Djokovic, lo que quedan son los Medvedev, Zverev, Tsitsipas y compañía... y si algo hemos aprendido de ellos a lo largo de estos años es que son jugadores fabulosos, pero aún poco fiables y sin el apoyo popular que ha tenido y sigue teniendo el "Big 3". Cuando dejas el futuro de tu torneo en sus manos, te puede pasar lo de Indian Wells y eso es un bajonazo tremendo para el deporte que probablemente más se haya visto afectado por la pandemia en términos de interés público. La ATP necesita a su número uno como sea y, además, necesita un número uno que no sea ambiguo en cuestiones científicas... aunque esa batalla con Djokovic, el amante de los gurús, esté perdida desde hace tiempo.

Queda, por supuesto, la posibilidad de que Federer y Nadal se recuperen milagrosamente para Australia. Ambos están vacunados y no tienen problema en decirlo. El asunto es saber qué versión de los dos campeones podríamos ver dentro de tres meses. El segundo dice estar entrenando cada vez con menos dolor, pero hablamos de alguien que a lo largo de dieciocho temporadas como profesional solo ha ganado una vez en Melbourne. En cuanto a Federer, todo sigue siendo silencio y misterio. Él dice que está para jugar en 2022 y se ha puesto Australia como objetivo... pero solo le hemos visto recientemente sin muletas en una boda. A la Laver Cup de hace tres semanas, aún iba con ellas.

Cualquier deporte individual necesita referentes y normalmente los encuentra sin demasiada dificultad. En el tenis, pasamos de Laver a Connors y de Connors a Borg y de Borg a McEnroe... y así sucesivamente hasta llegar a la situación actual. Ahora bien, siempre hay difíciles momentos intermedios en los que una generación dice adiós mientras la otra no acaba de dar la cara. En eso estamos ahora mismo. Si Djokovic no se aclara y como mínimo explica cuál es su posición en un tema tan delicado y qué consecuencias deportivas está dispuesto a asumir, el circuito quedará en una posición aún más tenebrosa. Esperemos que lo haga pronto y que todo acabe de la mejor manera posible.

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