Zidane se lía y puede haber entregado la liga

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Eric Verhoeven/Soccrates/Getty Images
Eric Verhoeven/Soccrates/Getty Images

Nada de lo que consiguió el Real Madrid hace una semana contra el FC Barcelona tiene ya valor alguno. Tras la derrota en el Benito Villamarín, los merengues vuelven a estar donde ya estaban antes de vencer al Barça: segundos, a dos puntos de los culés.

La derrota en Sevilla podría pasar por una pájara general. Podemos hablar del error de Ramos en el primer gol del Betis, del de Benzema en el segundo, de las dificultados de Militao para cerrar su banda o de la ineficiencia del mediocampo blanco para dar tres pases seguidos, pero con cada una de esas causas nos quedaríamos cortos. Al Real Madrid le falló todo y cuando eso ocurre el único responsable debe ser el entrenador.

Porque si el equipo no saltó al campo con la intensidad que el partido merecía, según dijo Rafa Varane tras el partido, será por culpa del entrenador. Y si cada una de las líneas del conjunto jugó a cada cual peor, algo tendrá que decir sobre ello el entrenador. Pero quizás los dos hechos más tangibles que se le pueden achacar en este sentido a Zidane son la alineación y los cambios.

CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images
CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images

No se puede entender que, una vez más, en semana sin partidos cada tres días, el entrenador haya vuelto a rotar. A las bajas de Isco y Carvajal, capitales en el Clásico, Zidane añadió la de Valverde, que empezó en el banquillo tras haber sido un verdadero perro de presa en el Bernabéu siete días antes. Sin el uruguayo en el centro, el físico apocado de Modric y el mal día de Kroos y hasta de Casemiro convirtieron al mediocampo del Real Madrid en un verdadero muñeco del pim pam pum para el Betis. Sergio Canales campó a sus anchas, minetras que el gigantón Edgar y Andrés Guardado imponían su ley.

Que mantuviera a Marcelo a sabiendas que el mediocampo no podría estar tan atento de las coberturas del lateral fue otra de sus decisiones más discutidas, así como la inclusión de un Lucas Vázquez que, una vez más, no aportó mucho más que sudor y centros tibios al área.

Pero bueno, al menos una vez superado el mal trance de la primera parte, y llegados al descanso con un 1-1 en el marcador, al técnico francés se le podría haber encendido la lamparita para intentar arreglar el desaguisado. Lo hizo al descanso en el derbi contra el Atlético de Madrid y todos alabamos sus cambios, pero en esta ocasión su ojo clínico no funcionó.

Manuel Queimadelos/Quality Sport Images/Getty Images
Manuel Queimadelos/Quality Sport Images/Getty Images

Si acaso, Zizou redobló su apuesta dando entrada a Mariano por Kroos, con lo que perdió definitivamente el mediocampo, armó al equipo en un 4-2-4, y ni siquiera pudo apretar y ahogar al Betis en su propia área. Siempre dio la sensación de que el partido andaba más cerca del 3-1 que del 2-2.

Que el francés no viera, como tampoco lo vio ante el Celta o ante el City, que el equipo le pedía a gritos reforzar el mediocampo y recuperar el balón, acabó por ser su tumba. Es la tercera derrota en Liga para los blancos, que han perdido 17 puntos contra equipos posicionados del puesto 10 en la tabla para abajo.

El lío fue muy grande en la cabeza de Zizou, que ni siquiera supo explicar sus errores en rueda de prensa. El equipo tenía la liga al alcance de su mano, al menos dependían de si mismos, pero le salió el tiro por la culata y ahora sigue siendo el Barça el dueño de su propio destino.

Por suerte para los merengues, los de Quique Setién tampoco andan muy finos y los últimos 11 partidos de Liga prometen ser apasionantes, pero el madridismo no se puede explicar en qué estaba pensando su entrenador para plantear el partido del Betis de manera tan catastrófica.

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