Yoga, psicología y solidaridad, los secretos de Facundo Sava, el DT que pide: "Cuidemos a Gallardo"

Ariel Ruya
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Se ahogaba. Le faltaba el aire, le temblaban las piernas y se le congelaron los brazos. Facundo Sava andaba por Baradero y se tiró al agua, buscando nuevas emociones luego de colgar la última camiseta, la de Ferro, en septiembre de 2010. "Fue la primera vez que me tiré a un río y a los 150 metros me tuvieron que sacar porque no podía más. Yo tenía amigos que me decían 'el río te lleva, el río te lleva'. En la inconsciencia, fui a nadar: estaba compitiendo en un triatlón. Había entrenado desde que me retiré hasta que empezó la competencia, que fue el 4 de noviembre. Pero lo máximo que había nadado sin parar habían sido 240 metros. La realidad es que no sabía nadar, fui un kamikaze, a los 200 metros me sacaron unos barcos de seguridad marítima que había por ahí. Ya a los 100 metros no aguantaba más, vieron que estaba desesperado y me levantaron. Me subieron a un kayak y no podía ni mover los hombros", recuerda esa angustia el antiguo especialista del área (496 partidos y 137 goles) y hoy entrenador de Quilmes, un grande del Nacional.

A partir de ese día, Sava se tira a la pileta con precaución. "Empecé a nadar con un profesor y a los dos meses hice en la laguna de Chascomús unos 750 metros y al mes siguiente, unos 1000. Y al año siguiente, me tiré a ríos y mares. Se me fue la mala impresión de la primera vez, seguí entrenando y superando obstáculos. Disfruto mucho nadar en aguas abiertas", se entusiasma el DT audaz, de 46 años, psicólogo social desde 2001. Inquieto y astuto, primero hizo unos cálculos en la carrera de Ciencias Económicas. Ahora, abre los ojos, más allá de cronogramas.

Las aguas abiertas lo relajan. Lo invitan a pensar. "Nada me pone tan nervioso como un partido de fútbol. La adrenalina que implica dirigir un partido no me la genera ni el miedo en medio del mar. Cuando estaba 1000 metros metido bien adentro, como tres horas nadando, incluso cuando estaba en riesgo mi vida, nada de eso me genera el cosquilleo en la panza que me provoca el fútbol", se sorprende.

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Muchas cosas le dan placer. No solo nadar: hacer yoga, correr (transpiró la camiseta en carreras en montañas y playas de unos 28 kilómetros), escribir, escuchar música. Pero el tema principal es el cuerpo, la respiración y la mente. "El yoga lo disfruto desde hace ocho años. Si lo hubiera descubierto mucho antes, habría estirado la carrera de jugador unos años más. De hecho, en zoom tenemos con los jugadores de Quilmes una hora semanal de yoga. Me gusta lo respiratorio; fuerza, equilibrio y elongación. Todavía no pude trabajar la meditación, hace falta tiempo, pero vamos de a poco", confía.

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Sabe que es un entrenador diferente. Que en estos tiempos, el manual de tácticas y estrategias tiene otros capítulos. Como aliviar los dolores musculares y de las articulaciones, cambiar la postura, estimular la consciencia corporal y mejorar la movilidad del cuerpo. "Y no solo el yoga. La psicología, la nutrición, el stretching son muy importantes. Aspectos respiratorios, elongación, equilibrio, visualizar una situación y meditar son aspectos muy importantes para cualquier persona. Para un jugador de fútbol pueden ser muy útiles. Hay que saber mejorar el aire y la elasticidad", reflexiona. Y cuenta un secreto: se siente mejor que hace 20 años. "Sufrí con la cadera y el pubis en el último tramo de mi carrera; hoy estoy mejor, parezco otra persona. Los jugadores no cuidamos los músculos", sostiene.

-¿Y en este momento de la pandemia, todo lo que decís, se debe potenciar?

-Para mí, sí. Todo lo que sea para la cabeza, la respiración. Son tiempos en los que hay que conservar la calma y saber entrenarse de otro modo, con herramientas que van más allá del campo de juego.

-¿Qué se puede aportar desde la psicología social para romper la burbuja del fútbol en este contexto?

-Es fundamental la contención en este tiempo. Los jugadores deben tener una rutina, seguir plazos establecidos, patrones. Hay que estar atento cuando alguien tiene un problema, tenemos que ayudarnos unos a otros, la solidaridad es más importante que nunca.

-¿Ahora hay que olvidarse del juego y apuntar a la cabeza de los jugadores?

-La psicología siempre me ayudó. Hago terapia hace muchos años, creo en la ciencia. La psicología y la psicología social ayudan a la gente y en este momento, más que nunca. En el deporte cuesta introducirla. Cuando veo que un jugador necesita apoyo, se lo damos. Hay que trabajar la cabeza. Hacen falta momentos para pensarnos, sentirnos. Nos ayuda mucho.

-¿El futbolista juega más con la cabeza que con los pies?

-Para mí, no hay división. La cabeza no puede ir sin los pies. El jugador juega con el sentimiento, la razón y el físico.

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-Tras esta situación, ¿crees que el fútbol va a cambiar, habrá menos diferencias entre ricos y pobres?

-Tras esta pandemia, el fútbol debería cambiar. No debemos dejar pasar este tren. El fútbol argentino está descarrilado, el fútbol es parte de una sociedad que es individualista, que vive en una permanente lucha de poderes. Ojalá que lo que está pasando nos sirva para entender que tenemos que trabajar en conjunto. Los dirigentes, jugadores, hinchas, periodistas, entrenadores, todos tenemos que encontrar un punto de acuerdo. No estaría bueno que vuelva a jugar solo Primera o solo el Nacional, por ejemplo. Hay que pensar más en la gente que en el dinero.

-¿Extrañas la adrenalina de entrenar, de nadar, el aire libre?

-No sé si es adrenalina, pero necesitamos volver a la normalidad. De todos modos, la salud es lo más importante. Cuando hablo con los jugadores, no solo apunto a lo futbolístico; les pregunto cómo están, como están sus familias, que hoy es lo más importante. Hay que cuidar la cabeza de los jugadores.

-¿La incertidumbre es lo que más te moviliza?

-No sabemos nada. Y la angustia, porque muchos jugadores se quedaron sin trabajo, sin contrato. Los jugadores no pueden firmar la renovación, si no jugamos hasta enero.

Hace un par de años que escribe con Fernando Fabris, un doctor en psicología, un libro sobre fútbol y psicología social. Todas las semanas, le agrega palabras a su computadora. "Avanzo bastante, pero sin apuro. Justo ahora, estamos leyendo un artículo de Pichon-Rivière del año 66, 67, que habla de los problemas institucionales y de la importancia de que los jugadores se conozcan entre sí. Que las instituciones hagan las cosas bien para que el futbolista se pueda sentir representado. Y pueda jugar con placer y no boicotear, de modo inconsciente, lo que un grupo hace, porque tal vez no se siente identificado con el club. A mí me pasó varias veces", reflexiona. En 2010 publicó el libro "Los colores del fútbol" (Ediciones Al Arco).

-¿Por qué un jugador se boicotea?

-Hay muchos motivos. La lucha de poderes interna, la incapacidad, no trabajar con grupos interdisciplinarios, intereses que se contraponen. Por ejemplo: los clubes que no tienen scouting de futbolistas solo se guían por lo que los representantes les ofrecen, no piensan en el club, solo en su propio bien. No saben ni les importa qué le interesa a la institución.

Sus tantos en el clásico platense

Recuerda una frase de Luis Bonini, preparador físico y docente, recordado compañero de Carlos Griguol y Marcelo Bielsa. Decía: "Yo no conozco el éxito a través de equipos y jugadores que no trabajen mucho en el tiempo, que los jugadores no se conozcan lo suficiente, que no se sientan identificados con el club, los hinchas y el lugar en donde trabajan". Y Sava le da sentido práctico al concepto. "Lograr esto es difícil, por eso admiro a Gallardo. Porque él entiende de todo esto, sabe que para que un equipo funcione tiene que tener internalizado al compañero, al club. No se logra de un día para el otro, se logra con años de trabajo. El estar juntos. En Gimnasia tuvimos una etapa de seis, siete años juntos, fue un placer porque ganábamos casi todos los partidos. Siempre nos faltó muy poco para salir campeón. Eso es lo que busco ahora en Quilmes. Tienen que sentir al club", entiende. El auténtico sentido de pertenencia.

"Mi abuelo favorito": lo que despierta Bielsa en Leeds, en lengua inglesa"Cuidemos a Gallardo, porque se nos va a ir, como se van los mejores"

Es un entrenador que nada contra la corriente. El Colorado no analiza estrategias circunstanciales. Y admira a Marcelo Gallardo. "Hay que apuntar a tener un mundo, una vida mejor. Tenemos que dejar de sospechar del otro, el mundo muestra cómo estamos. En el fútbol, yo me identifico con Gallardo: tenemos que empezar a hacer las cosas bien. Lo podemos hacer. Hay que pensar un poco, con sentido común y el sentido de la solidaridad. Tengo el deseo, pero entiendo que no es tan fácil", cuenta Sava, que sospecha de las autoridades. "Me gustaría que haya algo pensando. Todos tenemos incertidumbre: no sabemos qué va a pasar. Me gustaría que si volvemos, que volvamos todos, de la primera a la última categoría del fútbol. Y cuando el virus haya pasado, que esto nos sirva de experiencia. Hay que dejar de pensar tanto en el dinero y pensar más en las personas", describe.

-Tu admiración por Gallardo es noble. Pero luego de sus palabras, aparecieron voces que lo cuestionaron. Se habló de un supuesto interés personal.

-Es lo que te digo: en lo único que pensamos los argentinos es en nosotros mismos. No digo todos, pero la mayoría piensa mal. Él quiere que el fútbol argentino se revalorice, que haya un plan, una organización. Solo pensamos en el interés propio, no en lo colectivo. Cuidemos a Gallardo, porque se nos va a ir, como se van los mejores, como Bielsa, Simeone, Berizzo, Pochettino y tantos otros.

-La desocupación en el fútbol de ascenso es alarmante.

-Yo pienso mucho en eso, muchos quedaron fuera del sistema, no solo en el fútbol. Esto me produce mucho dolor. ¿Cómo se reinserta a tanta gente en la rueda laboral?