Y tú, ¿qué sabes de futbol, si eres mujer?

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Julie Ertz, seleccionada de EEUU, campeona del Mundo (Foto: Catherine Ivill - FIFA/FIFA via Getty Images)
Julie Ertz, seleccionada de EEUU, campeona del Mundo (Foto: Catherine Ivill - FIFA/FIFA via Getty Images)

Mi respeto a todas las periodistas que cubren fútbol.

Desde el día uno que empecé a escribir sobre la Copa Mundial de Futbol Femenino 2019 me cuestionaron mis conocimientos sobre el deporte. Y sé que ustedes lo han pasado durante más tiempo y no imagino tener que soportar esa desestimación por más de un día.

Que qué sé yo del fútbol.

Y es verdad, no sé mucho. En un principio esa fue la razón por la cual me buscaron. Porque mi experiencia periodística de casi 7 años ha sido para hablar de otros temas, que podría decirse, están alejados de los deportivos. He escrito desde medio ambiente hasta temas fiscales, pero desde 2016 lo hago con perspectiva de género.

Y por eso me confiaron este espacio, porque -creo yo- que querían esa perspectiva sobre el fútbol femenil, un ejercicio periodístico muy interesante para ver cosas que quizá yo tampoco vería en mis temas usuales. Desde el día uno, mi editor estaba más que consciente que no tenía un histórico bagaje escribiendo de futbol porque es verdad, no sé mucho de fútbol.

Sé que mi padre fue futbolista profesional durante un tiempo para el Cruz Azul, lugar donde creció. Y que cambió el balón por un futuro que le ofreciera más certidumbre en este país.

Sé que a los 8 años de edad un niño de mi primaria llamado Edgar no me dejó jugar futbol con ellos porque era la única niña. “Pero le dijeron que estaba mal. Que una niña no puede jugar fútbol. Eso dicen los niños del salón, pero ¿cómo? ¡Caramba, no puede ser! Tienen miedo jugar con una mujer”, dice la canción de los Patita de Perro, “La Niña Futbolista”.

Sé lo que es tener esperanza en un equipo sin ir al estadio y sin tener el furor de los demás a tu lado. También sé cómo es vivirlo en tribuna con la barra gritando. Y mejor aún, sé cómo es disfrutarlo como el resto de millones de espectadores a través del televisor. Es un mejor sabor, porque estás con tu papá que abandonó esa pasión, pero que cuando lo ves mirarte, sabes que no cambiaría esa decisión por ninguna copa.

Estadio lleno durante el partido de Holanda contra Suecia en el Estadio de Lyon. Foto de Naomi Baker - FIFA/FIFA via Getty Images
Estadio lleno durante el partido de Holanda contra Suecia en el Estadio de Lyon. Foto de Naomi Baker - FIFA/FIFA via Getty Images

Porque cuando le dije a mi papá que iba a entrenar en el equipo de fútbol femenil de la primaria no dudó ni un segundo y nos fuimos a comprar tobilleras y guantes de portera, calcetas y mis tacos, cuya suma de dinero me resulta difícil de calcular.

Porque cuando mi papá falleció, tiempo después me puse su playera del Cruz Azul con la que jugaba en los setentas y cambié de casaca, esta vez de manera definitiva.

Sé que Natalia nos entrenaba en la cancha escolar de la primaria juntó a 11 niñas que sudábamos con coletas y nos raspábamos sin llorar -o aunque lloráramos. Porque ahí estaba nuestra entrenadora que no nos podía acosar como el maestro de deportes. Y que, si ella había logrado llegar a las fuerzas básicas del Toluca, nosotras si queríamos también.

Cuando crecí, el futbol me llegó más por lecturas que por la televisión, es verdad. He leído sobre algunos partidos que cambiaron la historia de todo un país o de dos países al mismo tiempo. Conozco algunos estadios históricos y su legado. Sé que Maradona es grande y Messi también. Que Cristiano es un crack y que Pep Guardiola es un gran director y que, como millones de mexicanos no sabemos lo que es llegar al quinto partido en su rama varonil, pero después siempre viene nuestro segundo himno, “Cielito, lindo”.

Crecí viendo al Conejo Pérez en acción, a Jared y a Luis Hernández. Vi al Cuauh en su carrera futbolística, a Campos con sus colores fosforescentes. Mi papá me contaba historias, como cuentan todos, de Hugo Sánchez quienes se conocieron de jóvenes. Que si bien, no eran para antes de dormir, sí lograban ese efecto. En la escuela nos sacaban de clases para ver los partidos de México en el mundial y compraba cada domingo mi sobre de estampas para llenar los álbumes Panini. De menos, creo, que eso ya cuenta como saber algo.

Sé que a la Copa del Mundo le dicen Copa del Mundo y no le tienen que agregar el mote femenil o varonil. Se que Maribel Domínguez fue la primera gran jugadora en el país y que ahora existe una liga mexicana femenil que debe ser alimentada con más fanáticos, más recursos, más historia.

Sé cómo se marca una falta y qué significa una tarjeta amarilla. Sé que en las transmisiones de la televisión en un mundial siempre enfocan a las mujeres que parecen modelos y que apoyan a su selección, pero que en Francia 2019 las cámaras encuadraban a niñas que veían con emoción a las jugadoras.

Sé que las mujeres futbolistas ganan menos que sus símiles hombres y que la excusa preferida para cruzarse de brazos y no decir más, es que no entra el mismo dinero que al fútbol masculino. No importa si eres un aficionado promedio o un columnista de deportes. Yo pienso “pero se trata de futbol, no de dinero”.

Álbum de estampas Panini de la Copa Mundial de Futbol Femenino 2019. Foto de Johannes Simon - FIFA/FIFA via Getty Images.
Álbum de estampas Panini de la Copa Mundial de Futbol Femenino 2019. Foto de Johannes Simon - FIFA/FIFA via Getty Images.

Sé que el fútbol grande e institucional tiene a grandes marcas y se sostiene por publicidad. Que los estadios se llenaron en la liga femenil mexicana y en la inauguración del mundial. Y que, cuando las marcas vieron esto, tenían emotivos comerciales y buscaban poner sus nombres a los uniformes de las jugadoras.

Sé que siempre las comparan con los hombres y en lugar de decirles Estefanía Banini o por Charlyn Corral para iniciar tendencia y variar les dicen “la Messi” o “la nueva Hugo Sánchez”.

Sé que la FIFA ha estado envuelta en terribles escándalos de corrupción, dinero perdido que podría ser destinado a la copa femenil o a que más niñas accedan a este deporte.

Sé que en México todos los niños quieren ser futbolistas y todas las niñas, quizá ahora también. Qué importa si traes falda o short en la escuela para poder jugar en el recreo.

Sé que cada que leo una historia de vida de alguna futbolista lloro, porque siempre termina feliz, aunque haya obstáculos en su camino. Porque al final ellas entran al estadio, escuchando las porras de sus hinchas o abucheadas por los contrincantes. Y eso es un final feliz.

Y sí. Nunca he cubierto deportes ni fútbol. He hablado con algunas atletas que se hacen un espacio aquí como pueden, pero pueden. Recuerdo que, cuando era becaria en una estación de radio, una reportera veterana de deportes me contaba que a ella sus compañeros periodistas la acosaban al entrevistar a futbolistas. "Aunque me pusiera pantalón", decía, como si eso fuera un factor determinante y no el machismo en los medios.

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He visto también la ilusión en los ojos de un niño que va a las mesas de un bar a vender dulces, pero se emboba con un predictivo Cruz Azul-América. Lo sé porque también me pasa cada que tengo en frente un televisor con un partido de fútbol. Es ese verde el que te atrapa la mirada y luego es ese frenético correr sin ver el reloj, que te obliga a mirar más. Noventa minutos se pasan muy rápido, ahora lo sé.

Me dijeron en tono de crítica que seguramente iba a usar Wikipedia para escribir de futbol durante julio, pero yo quise explicarles que en realidad no hay tantos perfiles de las futbolistas. Que si los hay, no están tan completos porque no les han hecho tantas entrevistas a la Balón de Oro, Ada Hegerberg como a Rafa Márquez o hasta de Robben, que conocemos hasta cuál es su refresco favorito. Porque de cada 100 artículos en Wikipedia, sólo 17 son de mujeres. Y entonces entendí mejor el valor de las periodistas que cubren el mundial ya sea en sus redacciones o, como muchas lo hicieron esta vez, desde Francia.

Y, ahora que ya sé un poco más de futbol, voy a citar a Miss Carli Lloyd que contó en The Players Tribune su historia con el balón. Su lucha con el fútbol. Porque no hay nada más experto en fútbol que identificarte con tus jugadores favoritos.

"Mucha gente querrá ponerte etiquetas, mucha gente querrá dudar de ti. Mucha gente querrá hacerte sentir mal cuando llegues a la cima. Mucha gente piensa lo que está pasando en tu cabeza y se cree experta. Y sin embargo, esa gente no tiene ni idea. Esa gente no me ve todos los días"

Y si nos ponemos optimistas, también está el mensaje de la propia FIFA: "para las niñas y las mujeres en el mundo, el fútbol no es sobre lo que las personas dicen que deberías hacer. Es sobre lo que sueñas, lo que decides y a lo que te atreves".

Uff. Si hubiera leído eso a los ocho años de edad, no hubiera llorado cuando fui elegida al final en la primaria contra Edgar, que por supuesto no me metió a su equipo.

Gracias a las periodistas deportivas podemos entender la magnitud de este Mundial, la importancia histórica que tendrá. Por ustedes conoceremos las hazañas de estas jóvenes soñadoras que no son más que la puerta a las siguientes generaciones. Es un gran y respetable trabajo como para que reciban comentarios sexistas machistas o de acoso. Es un gran trabajo y las admiro mucho por eso, pero más importante, las escucho, las leo, las comparto. Porque gracias a su trabajo habrá más material para citar en las biografías de Wikipedia y así saber dentro de treinta años qué hizo Marta, cómo jugó Wendie Renard y cómo celebró Ellen White sus goles.

Gracias, mujeres periodistas, que sin ustedes el fútbol y la Copa del Mundo 2019 no sería lo mismo.

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