El dilema de Laporta o por qué Xavi no es Rijkaard ni Guardiola

Guillermo Ortiz
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DOHA, QATAR - DECEMBER 17: Al-Sadd Head Coach Xavier Hernandez gestures during the FIFA Club World Cup 5th place match between Al-Sadd Sports Club and Esperance Sportive de Tunis at Khalifa International Stadium on December 17, 2019 in Doha, Qatar. (Photo by Marcio Machado/Eurasia Sport Images/Getty Images)
Photo by Marcio Machado/Eurasia Sport Images/Getty Images

El barcelonismo está en plena euforia. Sabemos que los equipos grandes funcionan así y más aún los equipos con tendencia al sentimentalismo. El aficionado barcelonista es un aficionado sentimental para lo bueno y para lo malo: se viene abajo fácilmente al primer contratiempo y muestra un entusiasmo desmedido cuando sus jugadores le dan ocasión . Así, del desastre absoluto, la ruina total, el caos del 1-4 contra el París Saint Germain que exigía un nuevo entrenador y once nuevos jugadores, hemos pasado a expectativas de doblete liga-copa y una indisimulable satisfacción ante el partido que su equipo jugó en París, satisfacción que se une al excelente momento en liga y a la sobresaliente remontada ante el Sevilla en las semifinales de la Copa del Rey.

Ya no hay que echar al entrenador o al menos ya no corre tanta prisa. Sobre el trabajo de Koeman ya hablamos y muy bien la semana pasada, así que sería redundante insistir. Ahora bien, es lógico también que el recién elegido Joan Laporta se enfrente a un dilema estos días: ¿aguantar a un técnico que no has elegido o lanzarte de inmediato a tu propio proyecto, con tu propio entrenador? En su primera etapa como presidente, Laporta destacó como un hombre encantado de correr riesgos. Un mandatario temerario, en ocasiones. Su primera elección para llevar a un equipo comandado ni más ni menos que por Ronaldinho, gran estrella del fútbol mundial en aquel momento, fue Frank Rijkaard, un novato que apenas había tenido experiencia en la selección holandesa -derrota traumática en semifinales de la Euro 2000- y en el Sparta de Rotterdam, al que descendió a segunda división.

Era eso o la seguridad que transmitía un Radomir Antic que venía de un excelente final de temporada 2002/03. Laporta prefirió lo desconocido y le salió bien. Tan bien como para ganar dos ligas y una Champions en los siguientes tres años. Cuando la era Rijkaard dio señales de agotamiento, todo el mundo empezó a pedir al triunfador Mourinho como nuevo entrenador. Hablamos de los años anteriores a su etapa en el Madrid, por supuesto. ¿Qué hizo Laporta? Dejó que el portugués fichara por el Inter y apostó por Pep Guardiola, cuya única experiencia en el fútbol profesional se había dado con el filial, ascendiéndolo de Tercera División a Segunda B. Un tipo joven, cuestionado por buena parte de la prensa, y que tenía que enfrentarse a un vestuario acomodado y lleno de aristas.

Es difícil no encontrar similitudes con la situación actual. Koeman, por supuesto, sería el equivalente de Antic: un técnico profesional, ordenado, sin estridencias. Ahora bien, ¿quién sería Rijkaard? ¿Quién sería el Guardiola después de Rijkaard? El nombre que se repite constantemente es el de Xavi Hernández y tiene lógica: al fin y al cabo, Xavi era uno de los estandartes del propio Barça de Laporta, el canterano al que se negaron a vender cuando la prensa lo machacaba y acabó convirtiéndose en una de las estrellas del club durante más de una década. Xavi, además, destaca por su propuesta cruyffista y su devoción por el fútbol ofensivo desarrollado a partir de la posesión del balón y el juego de posición.

Ahora bien, no es tan fácil. Xavi no es Rijkaard ni es Pep Guardiola por una simple cuestión de formación. Como jugador, Rijkaard pasó por la liga española, estuvo a las órdenes de Sacchi, a las de Capello y después a las de Van Gaal en el Ajax con el que fue campeón de Europa. De acuerdo, era un entrenador novato... pero un entrenador que había trabajado con los mejores de su época y que había asimilado sus conceptos. Algo parecido podemos decir de Pep Guardiola: tras su marcha como jugador del Barcelona, se fue al Brescia, donde coincidió con Carletto Mazzone, una institución del fútbol italiano, y pasó brevemente por la Roma donde pudo trabajar ni más ni menos que con Fabio Capello. A México se fue solo para poder asimilar los conceptos de Juanma Lillo y su paso por Oriente Medio fue puramente testimonial.

Cuando Guardiola se sienta en el banquillo del Camp Nou es un novato en el fútbol profesional pero ha trabajado con los mejores, tiene la experiencia del "calcio" como contrapunto a su idea inicial, se ha convertido en un competidor voraz en los campos de tercera división y se conoce la teoría de memoria, junto al asesoramiento de Johan Cruyff, siempre a su lado. ¿Es esa la situación de Xavi Hernández? No. El futuro dirá, pero el enfoque ha sido muy distinto: Xavi lleva desde 2015 en Qatar, alejado del fútbol de primer nivel. Parecen ya muchos años, la verdad. Sí, puede ganar todos los títulos que quiera con el Al-Sadd, pero no sé si eso cuenta como experiencia realmente competitiva. Xavi ha pasado de las comodidades del Barça todocampeón a las comodidades de un emirato del que es embajador.

No sabemos cómo acabará la cosa, pero entre eso y la lucha por subir a Segunda B, la agonía por evitar el descenso del Brescia y el pelearte desde el inicio con las adversidades para vivir en primera persona los entresijos de un fútbol que no coincide con tus ideales, hay un abismo. Radomir Antic no ganó ningún título con el Barcelona aunque lo clasificó in extremis para la UEFA. Si Ronald Koeman gana al menos la Copa y sigue sin haber una alternativa sólida -que no parece-, es probable que el holandés se quede al menos un año más. Ahora bien, hablamos de Joan Laporta. Su atractivo consiste precisamente en que, para bien o para mal, con él cualquier cosa es posible. De momento, el primer dilema, el que está en sus manos, es el del banquillo. El otro, si Messi renovará o no, es algo que solo puede controlar hasta cierto punto.

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