La despedida de Roger Federer y la melancólica certeza de que ya nada será igual

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Roger Federer, tras caer con el polaco Hubert Hurkacz en los cuartos de final de Wimbledon, rumbo al vestuario. ¿Habrá sido su última vez en el All England?
Alberto Pezzali

Puede haber sido la última vez. Puede haber sido la función final en el césped británico del artista con raqueta que logró que allí, en un terreno inestable para la mayoría, el tenis pareciera fácil. Aunque cueste (mucho) aceptarlo, puede haber sido su último saludo en el Centre Court de Wimbledon Ya derrotado, caminó cabizbajo, con el raquetero y la mochila colgados de los hombros, rumbo al vestuario. Atormentado por dentro, apenas se endulzó los oídos con los aplausos de ese mismo público que lo vio brillar como a ningún otro tenista. Se acomodó el pelo y, antes de perderse definitivamente por ese pasillo de la cabecera que lo llevaba rumbo al vestuario, se detuvo un momento, giró, levantó la vista y sus brazos. Los 14.900 espectadores (capacidad al cien por ciento) enloquecieron. Pero fue un suspiro: el suizo, de inmediato, siguió su destino. Agachó la cabeza, se quitó algunas gotas (¿lágrimas?) del rostro y desapareció.

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En un mes cumplirá 40 años, Roger Federer. Los cuartos de final en el All England [caída ante el polaco Hubert Hurkacz, 14° preclasificado, por 6-3, 7-6 (7-4) y 6-0, en 1h48m] pueden haber marcado su última presentación en el Grand Slam más prestigioso del mundo, en el que se consagró ocho veces, la primera en 2003, dos años más tarde de lograr el “cambio de guardia”, como se bautizó al triunfo contra Pete Sampras en los 8vos de final de 2001.

Después de dos cirugías de rodilla derecha en 2020, su cuerpo no responde como desea y eso influye en todo su engranaje. Construyó una carrera con un cuerpo en armonía, con una estupenda capacidad para anticiparse a las jugadas rivales, virtud que lo llevó a sufrir menos desgaste atlético que los otros. Pero hoy tiene poco combustible, Roger. Es lógico; es la vida, aunque sea muy difícil admitirlo. Federer no se retiró (es muy probable que actúe en los Juegos Olímpicos de Tokio, en el US Open y en más torneos, si el cuerpo se lo permite), pero la derrota de este 7 de julio de 2021 ante Hurkacz (24 años) fue una suerte de despedida anticipada. Ya nada será como fue. Su tenis se va apagando. No así su legado, claro, que va mucho más allá del ranking o de los títulos.

El suizo Roger Federer y el césped de Wimbledon, una relación con más de 20 años de duración.
El suizo Roger Federer y el césped de Wimbledon, una relación con más de 20 años de duración. (Kirsty Wigglesworth/)

 “¿Crees que fue tu última vez en la cancha central de Wimbledon?” , fue la segunda pregunta en inglés que escuchó Federer durante la rueda de prensa. “No lo sé. Realmente no lo sé. Mi objetivo siempre fue intentar jugar otro Wimbledon. El objetivo inicial, como saben, era jugar el año pasado. De todos modos, eso nunca iba a suceder. Además del golpe de la pandemia [por las cirugías de rodilla]. Pude hacerlo este año, por lo que estoy muy feliz. Con todo lo que viniera después de Wimbledon siempre íbamos a sentarnos con el equipo y hablar. Tengo que tomarme unos días. Vamos a hablar en los próximos días (…) Estoy muy feliz de haber llegado tan lejos como lo hice aquí y jugar Wimbledon al nivel que tuve después de todo lo que pasé. Por supuesto que me gustaría volver a jugarlo, pero a mi edad nunca estás seguro de lo que está a la vuelta de la esquina”, expresó el ex número 1, actual 8°.

Es sabio, Federer: no tomará decisiones apresuradas. No tiene la necesidad de hacerlo. Y si se tiene en cuenta la escasa actividad que tuvo en la temporada y cómo arribó a Londres [luego de una dura derrota en los 8vos de final de Halle frente a Felix Auger-Aliassime, en la que públicamente afirmó no perdonarse su actitud], la tarea en Wimbledon no fue mala, con triunfos sobre Adrian Mannarino, Richard Gasquet, Cameron Norrie (29°) y Lorenzo Sonego (23°).

“Ahora que esto terminó, debo reevaluar todo. Tengo que sentarme, hablar de qué salió bien, qué no salió tan bien, dónde está el cuerpo, dónde está la rodilla, dónde está la mente. Como pueden ver, fue una lucha para mí y un esfuerzo extra todo el tiempo, especialmente cuando las cosas se ponen difíciles (…) Sabía que iba a ser muy difícil, para ser honesto. Ahora solo tengo que hablar con el equipo, tomarme mi tiempo, no sentirme apresurado por ustedes ni por nadie más, para el caso. Pero no, espero que eso [el retiro] no suceda. El objetivo es jugar, claro”, apuntó Federer, derrotado por Hurkacz, campeón en esta temporada del Masters 1000 de Miami.

Después de dos cirugías de rodilla en 2020, Roger Federer volvió a disfrutar de Wimbledon y el público se deleitó con su presencia.
Después de dos cirugías de rodilla en 2020, Roger Federer volvió a disfrutar de Wimbledon y el público se deleitó con su presencia. (AELTC/Ben Solomon/)

En su 22° participación consecutiva en Wimbledon (debutó en 1999), Federer aspiraba a llegar a las semifinales por 14ª vez. No lo dejaron; no pudo. Desde que en 1998 ganó los títulos juniors en singles y dobles (en pareja con el belga Olivier Rochus), el All England fue el sitio sagrado en el que protagonizó muchas de sus mejores actuaciones. También recibió reveses, como la final de 2008 perdida con Rafael Nadal o la definición de 2017 ante Novak Djokovic, tras desperdiciar dos match points con su saque. Al margen, Wimbledon fue siempre su mayor incentivo. También para tratar de sentirse competitivo luego de pasar por el quirófano dos veces.

“Siempre hay un peso que se te cae en los hombros cuando termina un torneo. Me siento terriblemente agotado. Podría ir a dormir una siesta ahora mismo. Así es como me siento. Es un sentimiento divertido, para ser honesto. Pones todo en juego, y cuando todo ha terminado, puedes irte a dormir porque estás tan agotado mentalmente… Los últimos 18 meses han sido largos y duros. Por otra parte, si tomo la perspectiva, siempre estoy muy feliz por muchas cosas que sucedieron las últimas semanas, los últimos meses. Sé que volveré a estar optimista en breve. Siento que tal vez me pongo muy duro conmigo mismo, me pongo muy triste, y luego paso unas horas, tal vez unos días, quién sabe, y estaré totalmente bien de nuevo y ser mi antiguo yo”, describió Federer.

La llama, por más que desconsuele, se va consumiendo y existe una melancólica certeza: ya nada será igual.

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