"Lo voy a marcar más que a Messi", la particular frase de Fabricio Barroso, el jockey que se cambia de potrillo en el Gran Premio Jockey Club

Carlos Delfino
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"Lo voy a marcar más que a Messi", se escucha en la Villa Hípica de San Isidro, y hay risas. El que lanza la frase es el jockey Fabricio Barroso y el que la recibe, el entrenador Roberto Bullrich. Conforman un equipo de trabajo hace al menos ocho años, pero este sábado serán rivales en el Gran Premio Jockey Club (G1), el segundo paso de la Triple Corona argentina, que se corre en San Isidro a las 18.20, sin público, y será transmitido por la Tv Pública.

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Fabricio es el jinete que monta casi a diario a Seteado Joy desde que el potrillo llegó al stud de Coco. El zaino doradillo ganó dos, entre ellas el GP Estrellas Juvenile, perdió por el hocico en la Polla de Potrillos el mes pasado y, ante la ausencia de su vencedor Top One City, llega como favorito al clásico más añejo del calendario nacional. Pero Barroso no estará en su montura por primera vez, ya que un compromiso con otra caballeriza lo lleva a las riendas de Don Ringo, el otro caballo de los 14 anotados que ya obtuvo dos éxitos, uno en la carrera preparatoria, y tiene una modalidad de correr similar. Por un día, serán enemigos íntimos.

"Estas son las carreras que todos los jockeys queremos correr y no es tan sencillo tener una monta. Así que, nunca imaginé tener a los dos candidatos", confiesa el jockey, de 27 años y con 10 de experiencia en las pistas. Aquel niño al que todos los sábados los amigos iban a buscar a su casa para ir a jugar al fútbol y no lo encontraban porque temprano se había ido a ver cuadreras en alguna pista ya tiene 362 carreras oficiales ganadas en Buenos Aires. Nueve fueron grandes premios y ocho de ellos los consiguió con caballos preparados por... Bullrich.

Nacido en Darregueira, la ciudad más poblada del partido de Puan, en el límite sudoeste entre Buenos Aires y La Pampa, Barroso creció a caballo en tierras pampeanas. "Tendría 7 años cuando todas las noches me quedaba a mirar los resúmenes de las carreras que daban en la televisión. La primera vez que fui a Buenos Aires fue con mi padrino, que tenía un caballo llamado Tangazo y lo llevó a correr a San Isidro el día del Carlos Pellegrini. Y ganó, y estaba el hipódromo lleno de gente", recuerda. Un momento imborrable de 2004, mucho más presente en estos tiempos de pandemia y tribunas desoladas por los protocolos vigentes.

"Yo sabía andar a caballo, trabajarlos junto a mi hermano Santiago y a veces alguno tenía que ayudarme a pararlo. Me gustó tanto que le insistía a mi papá que quería ser jockey. Entonces, a los 15 me trajo a la escuela de aprendices de San Isidro y me quedé a vivir en un stud ahí mismo. Era de un entrenador amigo de él", repasa. Papá Héctor, un trabajador rural, volvió a la casa que todavía habitan con su madre, enfermera en un hospital público. A mamá no le gustaba nada la idea. Juan Zarazábal le hizo un lugar entre relinchos durante cinco años hasta que Fabricio logró mudarse, luego de varias decenas de triunfos y conducta para manejar las ganancias.

"Sólo había corrido un puñado de cuadreras en Macachín (La Pampa) y en Lamarque (Río Negro). Tenía conocimientos básicos, pero me tuve que formar en la escuela, aprender todo casi de cero. Y después, pulirme en carrera", detalla. Siendo alumno logró sus primeros dos éxitos en Tandil, en 2010. Al año siguiente fue autorizado para comenzar a competir en los hipódromos principales y en 2013 se graduó, al completar los 120 primeros puestos que demanda el reglamento. Esa misma temporada, logró su primer triunfo de Grupo 1, con la potranca Socióloga Inc en San Isidro y fue premiado como "Deportista del Año" en los premios Caldén, el Círculo de Periodistas Deportivos Pampeanos. Ya le entregaron tres veces el de Oro.

El triunfo de Don Ringo en el Ensayo

"Gane o no, tengo que seguir trabajando duro al otro día. Durante los seis meses que no hubo carreras por la cuarentena, yo iba a montar y estaba con la ansiedad de volver. Por suerte, Andrés me cumplió siempre, porque para la mayoría de nosotros, el ahorro que podés tener te puede durar un mes si no corrés", sostiene. Andrés es Basombrío, el dueño de San Benito y propietario de Don Ringo, entre otros. Lo contrató a Fabricio formalmente el año pasado y ello implica que tenga prioridad para correr sus caballos. "Para la Polla, como el potrillo iba a reaparecer me había dicho que si quería corriera a Seteado Joy, pero al final no tuve que elegir porque volvieron las carreras en San Isidro y a Don Ringo no lo llevaron a Palermo. Pero ahora no se lo puedo dejar, mi compromiso es con San Benito, aunque tenga que dejar al favorito", explica, agradecido. Son gajes del oficio.

Bullrich sabía que en algún momento eso podía suceder. Casi ocurre también cuando ganaron el Estrellas Juvenile. "Me duele en el alma no poder contar con él esta vez, pero ya el día que Don Ringo ganó el Ensayo supe que tenía que buscar otro jockey. Entonces, hablé con Francisco Gonçalves, que además de ser el más ganador actualmente tiene muy buena mano para correr a Seteado Joy tranquilo, con el estilo que quiero, a lo Barroso", aporta el entrenador. El brasileño fue a darle pasada el lunes anterior al potrillo cuando reconoció la cancha de césped. "Hizo un poco más de lo que yo esperaba, pero me gustó y quedó muy bien. Sólo espero que la cancha esté seca", agrega Coco, quien ya festejó en el GP Jockey Club en 1996, con Refinado Tom. Fue el último caballo ganador de la Triple Corona en el país. Nada menos.

El triunfo de Seteado Joy en el GP Estrellas Juvenile

No obstante, Barroso sigue montando a ambos potrillos. "Es una muestra de confianza y apoyo de Coco. Nos hacemos bromas, pero aunque esta vez seamos rivales, somos un equipo. Por eso, lo seguí galopando yo", revela Fabri. Es como el arquero que conoce de memoria al excompañero que le está por patear un penal en la final de la Champions League. "Corren a la expectativa, pero son distintos. Seteado Joy es más pronto, más ágil, tiene un buen cambio de velocidad. Don Ringo tiene unas brazadas impresionantes, ya conoce la pista, reprisó muy bien cuando saltó de los 1400 metros a los 1800. No sé si conocerlos a los dos me da ventaja, porque habrá que ver cómo se hace el desarrollo y es un año extraño porque la mayoría de los que corre no pudo hacer una campaña", analiza el jockey.

Por casualidad, Barroso no compitió los últimos tres días. "Los que podía montar, no quedaron anotados. Igual, seguí entrenando a la mañana y por la tarde en mi casa. Me gusta", comenta quien está en pareja con Jesica y tienen un hijo, de 5 años. "En ese momento, vimos que los chicos de (Martín) Demichelis se llamaban Bastian y Lola. Nos gustaron los nombres. Como fue varón, le pusimos Bastian. Si era mujer, le poníamos Lola", sorprende. Fabricio es de Boca. No había idolatría o fanatismo con el hoy DT en la elección ni ha montado los caballos que tiene el exdefensor de la selección nacional.

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La fecha del hipódromo del Jockey Club, desde las 13 y con pozos en las apuestas por más de 23 millones de pesos, tiene otros tres grandes premios, la Copa de Oro (2400m), el San Isidro (1600m) y el Suipacha (1000m), con Village King, El Consorte y Elogiado como campeones que salen a defender el prestigio. Barroso no estará en ninguna de esas carreras. "Si ganó con Don Ringo, no importa si no corro los otros clásicos", dice, y sonríe, ya camino a casa tras el trabajo matinal, con mucha menos ansiedad en la espera que en aquel viaje de casi 650 km a lo desconocido que le cambió la vida en plena adolescencia.