Vox y la Cup, los socios más extraños de la política

Una mujer camina detrás de unas pancartas del candidato del partido ultraderechista español Vox, Santiago Abascal, en Torre-Pacheco, España, el lunes 11 de noviembre de 2019. (AP Foto/Sergio Rodrigo)
Una mujer camina detrás de unas pancartas del candidato del partido ultraderechista español Vox, Santiago Abascal, en Torre-Pacheco, España, el lunes 11 de noviembre de 2019. (AP Foto/Sergio Rodrigo)

La premisa es clara. ‘Tú no me dejas avanzar en mi autogobierno, yo no facilitaré tu Gobierno’. Esa es la lógica que las Cup han aplicado a su aventura nacional del 10N y por la que han logrado hasta dos escaños. Una representación que puede parecer exigua, pero que es muy meritoria y, sobre todo, muy interesante para sus fines: la independencia de Cataluña. Especialmente si saben hacerse valer aunque eso suponga una tercera vuelta electoral que el PSOE no quiere ni ver -aunque Vox sí-.

El asunto es el siguiente, el reparto de cartas que el PSOE decidió volver a hacer convocando la repetición electoral ha dejado el Congreso de los Diputados más atomizado de la historia con 16 partidos representados -22 si se desglosan las diversas confluencias-. Eso hace que ya no valgan coaliciones de dos o tres partidos para sacar adelante una investidura. Ni mucho menos. Los pactómetros precisan de más memoria RAM que un smartphone de última generación.

Por ejemplo, para que Pedro Sánchez salga investido en primera votación, el PSOE necesita sumar al menos los apoyos de cuatro partidos -Unidos Podemos, Más País, ERC y PNV-.

Teniendo en cuenta que ERC ya ha dicho que, de momento, no piensa sumar sus votos a los socialistas, el resto de las opciones ya se van a sopas de letras más amplias. Por ejemplo, una alianza de PSOE, Unidos Podemos, Más País y PNV, a las que sumar las abstenciones de ERC, EH Bildu, CC-NC, PRC, BNG y Teruel Existe. Agota solo de pensarlo.

Ahí entran en juego los partidos catalanistas y el movimiento de la CUP quien ha ofrecido una hoja de ruta conjunta al resto de partidos soberanistas -véase JxCat, ERC, Comuns, PNV, Bildu, Compromís y BNG- y que pasa por el rechazo al pacto progresista. Si todos ellos rechazan permitir la concreción de un Gobierno nacional basándose en que "No puede ser que se avale una investidura que niega los derechos democráticos y que haya un conflicto político (...) y que no haga referencia a la amnistía ni a la autodeterminación" el PSOE no podría sacar adelante su candidatura ni siquiera en segunda votación, en la que simplemente hacen falta más síes que noes.

El mecanismo podría permitir la presentación de otra candidatura, pongamos del PP, pero el rechazo en bloque de los partidos independentistas impide cualquier concreción de Gobierno salvo la Gran coalición de PSOE y PP. Algo difícil de ver.

Por tanto, se abriría el escenario de unas terceras elecciones. Algo que PSOE y Unidos Podemos no quieren ni ver y que, tal vez, se plantearían evitar abriéndose a negociar muchas más bicocas para el independentismo.

Y si el PSOE dice ‘hasta aquí hemos llegado’ sí que habría que volver a pasar por las urnas eternizando el bloqueo político en Madrid y en Cataluña. Una situación en la que España lleva inmersa ya casi dos años y que solamente ha servido para crear una fábrica de fascistas, por un lado, e independentistas por otro.

Así es, la situación es tan enrevesada que no es descartable ver a la CUP y a Vox votar conjuntamente en el Congreso por mucho que los unos se hayan propuesto plantar cara a los otros en pos de sus respectivos objetivos.

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