Cómo fue vivir el reclamo de soberanía sobre Malvinas en Inglaterra para Coloccini

El futbolista de San Lorenzo habla de la brutalidad humana, elogia a la Revolución Cubana, sus historias con Malvinas en Inglaterra y muestra su interés por Pablo Escobar.

Nadie es el mismo después de entrar a un campo de concentración. 

Todo, ahí, huele a brutalidad y la muerte es tan palpable que es imposible no preguntarse, en tal caso, de qué se trata esa brutalidad. A Fabricio Coloccini esa duda le ocurrió hace diez años, en Alemania, en tiempos de Mundial. Comenzó a indagar el por qué de la historia. Jugaba en España y estar lejos de la familia y de los amigos lo invitó, además, a leer para saciar todas las preguntas que le estallaban en la cabeza. 

Como si el apetito fuera insaciable, a los 35 años, abre su cabeza y empieza a describir sus inquietudes: la Segunda Guerra Mundial, la Revolución Cubana, las Malvinas vistas desde Inglaterra y Pablo Escobar. 

Los pibes que viven en la pensión de San Lorenzo pasan a su lado y lo saludan y ponen, de incógnitos, la oreja para escucharlo. Hace quince años dejó este club del que es hincha y hoy lo camina de nuevo. 

Pero ese no es el único horizonte: hace diez años que Coloccini lo sabe.

- ¿Por qué comenzaste a leer?
- Yo creo que fue más que nada estaba muchos años afuera, uno entrena y no está con la familia. Tenés mucho espacio y mucho tiempo libre. Allá no tenés al tío, a tu viejo o a tu hermana para ir a tomar mate. Tenés más tiempo y te ponés a leer. Me interesaba mucho de lo que fue la Segunda Guerra Mundial o de la Revolución Cubana. Siempre me gustan leer hechos verídicos, las novelas, por ser ficticias, a veces me aburren.

-¿Cuándo te empezó a interesar la Segunda Guerra Mundial?
- Con la Selección me tocó conocer algunos campos de concentración nazis. Eso me fue llamando la atención. Cuando conocés, te ponés a investigar porque hay cosas que no podés creer. Cosas como que hacían jabones con la grasa de las personas y, vos decís, increíble. Cómo el ser humano puede llegar a hacer esas barbaridades. Fuimos en Alemania y ahora hace poco fui a otro, otra vez, en el mismo país. Estuvimos en Praga y fuimos a Terezín, otro campo de concentración. 

- ¿Qué sentiste?
- Me pareció terrible. Cuando vas entrando, te cuentan la historia y te agarran escalofríos. Una sensación de tristeza te da en esas cámaras de gas que parecían duchas, que metían a la gente sin que supiera lo que realmente era y terminaban muertos. Fue algo muy fuerte. También ver los hornos, con las camillas de médicos. Después, había un lugar que era como cuando se lleva un coche a un autopartes, pero acá era igual con gente: le sacaban el pelo, la dentadura, las uñas. Cosas que vos decís: qué barbaridad.

- ¿Y a la Revolución Cubana cómo llegaste? 
- A la Revolución Cubana porque me gusta el Che Guevara y fui conociendo. Destaco el pensamiento que se tenía en esa época y la valentía que tuvieron todos esos hombres por todo lo que hicieron y por la idea que luchaban. Todos sabemos que las grandes potencias siempre se abusan de los más necesitados. Afrontar todo eso y cerrarse a las puertas de todo el mundo y así todo subsistir me parece impresionante. Después uno puede estar de acuerdo o no, porque hay cosas que pasaron hace mucho tiempo y quizás se podrían haber hecho mejor, pero el amor por ese ideal y lo que consiguieron es algo extraordinario.

-¿Dónde viste la cara del Che por primera vez?
- Una vez me regalan unas medias con la imagen del Che. Dije: “Está buenísimo, pero quién es”. Ahí me puse a ver qué y por qué luchaba. Así llegué a Fidel Castro y a la Revolución Cubana. Viajé a Cuba, con dos amigos a los que también le gustaba el tema. Nos encontramos en La Habana, alquilamos un coche y bajamos hasta el sur de la isla. Fuimos donde llegó el Granma y de ahí hicimos casi todo el recorrido que hicieron ellos. Claro que no lo pudimos hacer tal cual porque no teníamos tantos días. Pero estuvimos en la comandancia de Fidel y para eso hubo que caminar. Fue una experiencia hermosa. Ver dónde estaban ellos parados, que hoy está más urbanizado, pero en ese momento no había nada. Me pareció increíble todo lo que tuvieron que vivir, con las limitaciones que puede dar el terreno y el clima, y que lo hayan logrado.

-¿Cuántas de esas cosas te influyen como jugador?
- Es más que nada en lo personal. Te marca lo que vos querés seguir: ideales. Te puede gustar más una cosa u otra: yo siempre digo que me gusta el sistema de izquierda, que es muy bonito, pero hay que ser muy valiente para seguir esa idea. Porque la ambición está al lado nuestro, sobre todo acá en el fútbol, que hay contratos muy grandes y ves coches muy lindos, importados. Hay que evitar caer en eso, porque lo lindo de la vida está en los detalles. Se puede andar en un buen auto, pero no hay que perder de vista que lo importante es el abrazo de un amigo.

-Ya que hablás de tu identificación con la Revolución Cubana, ¿qué sentís cuando escuchás o leés a alguien que dice que Fidel Castro era un dictador?
- Las grandes potencias manejan el mundo. Todos vamos a escuchar lo que ellos quieren que se escuche. En su momento, Cuba era terrorismo. Y no: Cuba era pelear por los ideales y por no ser dominados por las potencias. Por pelear contra la ambición de ellos, que querían hacer Las Vegas en Cuba. Es muy relativo. Porque lo vemos acá en Argentina, en este país. Está el periodismo que es kirchnerista y el que es macrista, está Canal 13 que habla de una cosa y Página 12 que habla de otra. Es interiorizarse, es leer. Hay que meterte en el tema para crear tu propia opinión. Yo creo que más que nada es leer las dos cosas.

- Estuviste muchos años viviendo en Inglaterra, mientras jugabas en Newcastle. Mientras estabas allá, Cristina Kirchner fue a la ONU y habló de la soberanía de Malvinas. ¿Cómo sentís ese tema?
- Lo seguía muy de cerca ese tema. Está claro que yo estaba en Inglaterra y tengo que respetar. Incluso algunos me hacían bromas y yo obviaba el tema porque me considero muy patriota y me molestaba un poco la situación. De todas maneras, hay muchos allá que no tienen ni idea. Pero me pasaron cosas impresionantes con ese tema. 

- ¿Como cuál?
- Un seguridad del club fue soldado en la Guerra de Malvinas. Era inglés, peleó para los británicos y me puse a hablar. Como me gustaba el tema, me trajo fotos y un montón de material. Nos juntábamos a charlar. Me mostraba las armas que usaron, la ropa. Incluso me decía: “Sinceramente, nos daba lástima cómo fueron a pelear. Eran muy chiquitos, no tenían armamento, tenían hambre, tenían frío. A diferencia de nosotros que teníamos las últimas armas que había”. Eso para mí era impresionante porque yo lo había leído muchas veces, pero ahí tenía alguien que lo había vivido.

- ¿Y por qué pensás que te interesa tanto la historia?
-Pienso mucho en cómo el ser humano puede hacer cosas que uno no las puede creer. Pablo Escobar era el mayor traficante del mundo y sin embargo hizo un barrio para diez mil personas. La cabeza de una persona que ayuda por un lado, que amaba a su madre, pero a la vez hacer toda la maldad que hacía. A la vez, los vínculos de la guerrilla colombiana con él. Siento que son temas que leyendo o viendo documentales me hacen pensar. Pero se te vuelve una costumbre, yo prendo la compu y ya estoy en YouTube buscando algo nuevo.