La prueba de que la violencia interesa más que el trasfondo en las protestas por Pablo Hasél

TresB
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El pasado 28 de enero la Audiencia Nacional dio un plazo de 10 días para entrar en prisión al rapero Pablo Hasél para cumplir su condena de nueve meses de cárcel por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona y a las Fuerzas de Seguridad por sus mensajes en sus redes sociales o en sus canciones en los que atacaba al Rey, a la Policía o a la Guardia Civil o alababa a ETA, Al Qaeda o a los GRAPO. Pablo Rivadulla (su nombre real) ya tenía una condena previa de dos años de prisión que no se llegó a ejecutar, pero que ha resultado determinante para esta segunda. 

Tras aquella decisión ya se produjeron las primeras manifestaciones en contra de su encarcelamiento y se abrió un amplio debate en torno a la libertad de expresión. Los magistrados del Tribunal Supremo consideran que en sus mensajes está presente “de una manera patente el discurso del odio”, pero desde diversos ámbitos de la sociedad se considera que su encarcelamiento es un acto de represión. Unas 200 figuras de la cultura española, entre las que estaban Pedro Almodóvar, Javier Bardem o Joan Manuel Serrat, llegaron a firmar un manifiesto en defensa del cantante y también se produjeron otras reacciones desde el ámbito político, en las redes sociales o en los medios de comunicación.

Pablo Hasél en el momento en el que fue detenido en la Universidad de Lleida. (Foto: J. Martin / AFP / Getty Images).
Pablo Hasél en el momento en el que fue detenido en la Universidad de Lleida. (Foto: J. Martin / AFP / Getty Images).

Finalmente, Pablo Hasél era detenido por los Mossos d'Esquadra el 16 de febrero en la Universidad de Lleida, donde se había encerrado dos días antes con el objetivo de evitar o postergar su entrada en prisión, y era enviado a la cárcel de Ponent. El joven ya se había convertido en un símbolo de la defensa de la libertad de expresión y sus imágenes rodeado de agentes y deseando la muerte al “Estado fascista” abrieron telediarios y corrieron como la pólvora por las redes sociales.

Tras su detención se inició una ola de protestas por multitud de ciudades españolas pidiendo su excarcelación y defendiendo la libertad de expresión. Estas han sido cada vez más violentas, especialmente en Barcelona, donde se han producido numerosos enfrentamientos con la Policía, quema de contenedores, saqueos de comercios o destrozos en tiendas y mobiliario urbano. 

Jóvenes montan barricadas con mobiliario urbano y se enfrentan a la Policía tras una protesta en favor de Pablo Hasél en Barcelona. (Foto: Albert Gea / Reuters).
Jóvenes montan barricadas con mobiliario urbano y se enfrentan a la Policía tras una protesta en favor de Pablo Hasél en Barcelona. (Foto: Albert Gea / Reuters).

Estas son ahora las imágenes que abren los informativos y circulan por las redes sociales y el verdadero trasfondo de las protestas ha dejado de ser objeto de debate.

Los medios toman imágenes de un joven arrojando una botella contra una comisaría de la Policía Nacional durante los enfrentamientos tras una protesta contra la detención del rapero Pablo Hasél en Barcelona. (Foto: Emilio Morenatti / AP).
Los medios toman imágenes de un joven arrojando una botella contra una comisaría de la Policía Nacional durante los enfrentamientos tras una protesta contra la detención del rapero Pablo Hasél en Barcelona. (Foto: Emilio Morenatti / AP).

Esta imagen de AP es una buena prueba de lo que ha sucedido con el paso de los días: camarógrafos y periodistas se amontonan en torno a un joven que va a lanzar una botella a una comisaría de la Policía Nacional de Barcelona. Ya no importa tanto la defensa de la libertad de expresión, sino los disturbios que se están produciendo en las protestas en favor de Pablo Hásel.

¿La culpa es de los propios manifestantes, de los medios de comunicación, de ciertos sectores de la política o de la propia sociedad, a veces más atraída por imágenes de violencia que por abrir un debate que va más allá de la detención de un rapero? La realidad es que desde todos los ámbitos hay parte de responsabilidad de que los disturbios hayan opacado la discusión de fondo que atañe a un derecho fundamental.

Entre los manifestantes hay voces que han defendido pacíficamente la libertad de expresión y para los que Pablo Hasél solo es un ejemplo de algo mucho más profundo. Sin embargo, en medio de los disturbios y del interés que estos generan cada vez se les escucha menos.

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