El vino español, en peligro de extinción por el cambio climático

El vino español, una de las exportaciones ibéricas más apreciadas en todo el mundo, se está viendo gravemente amenazado por el cambio climático. Aunque las alteraciones ocurren desde hace décadas, bodegueros, empresas y asociaciones vinícolas empiezan ahora a buscar alternativas para evitar echar a perder uno de los productos españoles estrella. Pero las soluciones se presentan complicadas.

La Universidad de La Rioja ha señalado en un informe reciente que el 90% de los profesionales de la Denominación de Origen considera que el cambio climático está afectando muy negativamente a la producción de vino, frente al 1,7% que lo niega. Más de la mitad afirma que el descenso de las lluvias influye ‘mucho’ en su actividad, unido al aumento de las temperaturas, el adelanto en la maduración de la uva y la “pérdida de estaciones”.

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Racimo de uvas. Foto: Getty
Racimo de uvas. Foto: Getty

La transición entre estaciones en las zonas donde se encuentran los cultivos es, cada vez, más breve: se pasa del calor extremo al frío, prácticamente, de un día para otro. Las primaveras son cada vez más secas, hay menos heladas en invierno y la lluvia tiende a concentrarse en breves periodos de gran intensidad. Este panorama no solo influye en el tiempo de maduración de la uva, sino que también ha alterado por completo del calendario de la vendimia de algunas denominaciones. Según un estudio de European Geosciences Union, las cosechas se han adelantado una media de 13 días a nivel mundial desde 1988.

La escala climática Winkler, técnica utilizada para clasificar el clima de las regiones vinícolas, estima que una región situada en el rango V tiene muchas dificultades para producir vino de mesa de calidad. La mayor parte de la península ibérica se encuentra en el rango IV, y se estima que las zonas consideradas de mayor potencia vinícola pasarán de representar un 47% del territorio a un 36% en 2050.

Para comenzar, se está estudiando trasladar los viñedos a latitudes más altas, zonas en las que tradicionalmente, este cultivo no ha podido encontrar hueco. Sin embargo, se trata de una respuesta rápida, una forma de proteger los cultivos ante la amenaza climática. La solución real, por el contrario, debe poner el foco en la reducción de emisiones y la gestión eficiente de los recursos naturales. Dejar las hojas más largas de lo habitual para sombrear los racimos, orientar las nuevas plantaciones para que reciban menos sol o usar ‘’clones’’ que requieran menos agua son algunas de las tácticas que ya emplean productores y bodegueros.

Algunas bodegas españolas ya han mostrado su compromiso para reducir en un 30% las emisiones de CO2 hasta 2030, disminuyendo el uso de combustibles fósiles y apostando por la energía renovable. Los sistemas de goteo, encontrar una alternativa al vidrio para almacenar el vino y la sustitución de químicos antiplagas por compuestos no perjudiciales para el medio ambiente forman parte del plan contra el cambio climático de la Federación Española del Vino. Este proyecto, que concreta las necesidades actuales del sector, requerirá de un importante esfuerzo en I+D+I, además inversiones directas y programas de formación y divulgación para los agricultores.

El objetivo es evitar, a toda costa, la subida de hasta 2°C de las temperaturas globales. De no lograrse, el futuro del vino se verá aún más comprometido. Es prácticamente imposible revertir la situación climática actual, pero sí se puede cooperar para evitar que vaya a más en los próximos años.

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