US Open. Cómo volver a competir: las sensaciones argentinas en el estreno de Flushing Meadows

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Volver a competir después de cinco meses en el máximo nivel profesional no es sencillo. Aun cuando el atleta se haya preparado a conciencia, hay factores que sólo se suman con la adrenalina del juego, cuando el partido comienza y aparecen las distintas situaciones del juego. Algunos tenistas pudieron palpitar de nuevo estas sensaciones la semana pasada con el Masters 1000 de Cincinnati, convertido en una suerte de aperitivo de este extraño US Open 2020, falto de espectadores y ambiente, encapsulado en una burbuja sanitaria que ha mostrado alguna permeabilidad, tal como lo indica el positivo del francés Benoit Paire.

Dentro de este panorama, el hecho de volver a competir y los resultados se toman con pinzas. Hay muchas vivencias singulares dentro del complejo Billie Jean King, y Flushing Meadows empezó a atravesar una quincena particular. Lo grafica el cordobés Juan Ignacio Londero: "De por sí, estar dentro de una burbuja ya es un clima raro. No hay gente, sólo los jugadores y la gente que trabaja acá. Se ve todo diferente. Es un torneo futurista, hay 20 cámaras por cancha, es raro hacer una entrevista por Zoom, es como una película del futuro".

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El Topo contó sus sensaciones a través de una pantalla: como parte del protocolo sanitario, no se permitió el acceso de la prensa en esta temporada al US Open, con la mínima presencia indispensable de algunos asistentes de las transmisiones.

Londero contó que le costó adaptarse al ambiente y también a la superficie de un US Open que luce, según sus palabras, entre un 20 y un 30 por ciento más rápido que el año pasado. "No venía con sensaciones buenas. Me mentalicé mucho para volver a ganar. Uno necesita acostumbrarse de nuevo a eso y me costó mucho adaptarme. Tenía que cambiar algo en mi cabeza para ir en busca del triunfo", analizó el Topo, que sorteó el primer obstáculo con solvencia: victoria por 6-3, 6-3 y 7-5 sobre el ruso Evgney Donskoy. Entrenado por Sebastián Prieto, el ex coach de Del Potro, el cordobés tendrá otro examen mañana, en la segunda rueda, ante el croata Borna Coric.

La cara negativa de la moneda la vio Diego Schwartzman: perder un partido de cinco sets no deja muchas cosas positivas, y menos todavía con 80 errores no forzados y tras haber estado dos sets al frente y con dos match-points. "Fue mucho tiempo sin competir, y fueron dos torneos muy malos para mí [junto con Cincinnati]. Esa es la realidad, tengo que mejorar para lo que viene. Estuve lejos de jugar en el nivel que mostré otras veces en el US Open", consideró después de una derrota dolorosa ante el zurdo Cameron Norrie por 3-6, 4-6, 6-2, 6-1 y 7-5 en casi cuatro horas de juego.

"Después de tantos meses, es frustrante jugar por debajo de las expectativas. Tengo que sacarme la frustración en la cancha, que es el único lugar en el que voy a recuperar la cancha. Terminé acalambrado, muy descoordinado, no estuve rápido ni fresco, pero tampoco le voy a echar la culpa a la cuarentena, porque la mayoría estamos en las mismas condiciones. La verdad es que jugué mal", agregó Schwartzman, fiel a su idea de ajustarse siempre a la realidad.

El Peque, acostumbrado a jugar con gente y en grandes estadios, aceptó que sin público la situación es distinta: "En un quinto set hubiera estado la gente vibrando, el vestuario lleno, como nos ponemos todos enfrente de un televisor a mirar ese partido, pero esta vez posible, porque además de espectadores no hay locker room. La gente es una de las cosas más lindas de estos torneos, pero eso no está, la realidad es esa y hay que aceptarla".

Schwartzman y Federico Coria coinciden en algo: ambos son de la categoría 1992. Pero el rosarino, hermano menor de Guillermo, tiene como uno de sus ídolos al Peque, al que vio crecer a la par y llegar muy lejos. "Es el máximo referente que tenemos en la categoría. Cuando nos entrenamos salen partidos entretenidos, pero está claro que en lo tenístico está en otro nivel", contó Coria, que saldó su debut en un main draw de Grand Slam con una victoria inesperada.

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A diferencia de lo que pasó con Schwartzman, festejó después de estar dos sets y dos quiebres abajo en la cuenta. "El partido estaba perdido, por eso fue una emoción tremenda. Tengo la lágrima fácil y no me avergüenza", contó sobre el llanto que se le escapó durante la celebración con su coach, Diego Junqueira, y su ex entrenador, Andrés Schneiter.

Otra diferencia con Schwartzman: mientras el Peque disfruta jugar con público, Coria edificó su carrera lejos de las multitudes. "Jugué muchos challengers y futures, así que no estoy acostumbrado a jugar con gente. Igual, para mí todo esto es una locura. Guillermo -su hermano y ex número 3- , me dijo que estos son momentos únicos para un jugador, y que tengo que disfrutarlo", expresó el rosarino, que superó al taiwanés Jason Jung por 2-6, 4-6, 6-4, 6-1, 2-0 y abandono. La caída de Schwartzman evitó un clásico de la '92, y Norrie será el adversario de Coria en la segunda rueda de este curioso US Open.