Una universidad invoca la libertad de expresión para no despedir a un profesor por sus dichos sexistas

El escándalo que ha estallado en torno al profesor Eric Rasmusen, de la Escuela Kelley de Negocios de la Universidad de Indiana, ha sido especialmente punzante. Y la salomónica respuesta de las autoridades universitarias  ha dejado, para algunos, una sensación agridulce.

Rasmusen, de 60 años, es profesor de economía y negocios y, de acuerdo al relato de The Washington Post, se colocó en el centro de una ardiente controversia tras compartir en Twitter un artículo (no suyo sino de otro autor) titulado ‘¿Destruyen las mujeres la academia? Probablemente’ el pasado 2 de noviembre.

El profesor Eric Rasmusen, de la Universidad de Indiana. (Indiana University/Kelley School of Business)
El profesor Eric Rasmusen, de la Universidad de Indiana. (Indiana University/Kelley School of Business)

El artículo en sí está cargado de sexismo, pues afirma que las mujeres son altamente neuróticas y son abrumadas más fácilmente por sentamientos negativos que eclipsan la lógica. Por ello, sugiere ese artículo, las mujeres son demasiado emocionales y están dañando la academia.

Al compartir ese texto en Twitter, publicado en la revista ‘Unz Review’ que, de acuerdo al Post,  se caracteriza por abordar “perspectivas controversiales” que son “rara vez publicadas por los medios convencionales, Rasmusen destacó una cita del citado artículo que reza algo así como: “los genios son abrumadoramente varones porque combinan un IQ extremadamente elevado con una complacencia moderadamente baja y un apego a las reglas moderadamente bajo”.

Ello le provocó a Rasmusen severas críticas dentro de la universidad, y se desataron una serie de discusiones en redes sociales en las que el profesor, indica el Post, añade su propia carga de sexismo. Tanto que muchos han exigido su renuncia.

Por ejemplo, calificó de “antiintelectual” la respuesta de una egresada que le dijo que consideraba ofensivo su tuit porque implicaba minusvalorar su intelecto. En respuesta, ella añadió que las nociones de Rasmusen y el artículo de marras sobre las mujeres eran nociones pseudocientíficas ampliamente refutadas.

La crítica contra el profesor se intensificó y aunque él se dijo sorprendido por ello (afirma que solo citó un artículo de otra persona) lo cierto es que una marea se le fue encima.

Otro profesor de esa universidad comentó que él está todos los días “rodeado de mujeres (y hombres) que demuestran la idiotez de esa artículo” y espetó que si Rasmusen “lo cree es una vergüenza para sus colegas”.

Y, al parecer, no se trata de la primera vez que Rasmusen emite y defiende distorsiones y planteamientos ofensivos.

Tras el escándalo, las autoridades de la Universidad de Indiana han reconocido, en una comunicación firmada por la vicepresidenta ejecutiva de esa institución, Lauren Robel, que Rasmusen, en ese y otros tuits y en diversas instancias, ha expresado planteamientos “racistas, sexistas y homofóbicos” por años pero que, con todo lo molesto que ello resulta, él tiene el derecho de decirlos y está amparado para ello en la Primera Enmienda de la Constitución, que entre otras cosas consagra la libertad de expresión.

Es decir, que aunque esas  afirmaciones resultan abominables no puede ser despedido por sus dichos, incluso aunque sean falaces y ofensivos.

Con todo, la vicepresidenta señaló claramente los prejuicios y falacias que Rasmusen ha expresado:

  • Cree que las mujeres no tienen cabida en el mundo laboral y particularmente en la academia, cree que la mayoría de las mujeres prefieren tener un jefe a ser jefas y ha usado palabras calumniosas en sus mensajes sobre mujeres.

  • Cree que los gays tampoco deber ser permitidos en la academia porque él cree que son promiscuos e incapaces de evitar abusar de estudiantes.

  • Cree que los estudiantes de raza negra generalmente no están calificados para asistir a universidades de élite y son académicamente inferiores a los estudiantes de raza blanca.

Robel deploró y censuró esos planteamientos emitidos a lo largo del tiempo por Rasmusen. Y si bien no será despedido por sus dichos, Robel dejó claro que se vigilará las acciones del profesor y si él llega a actuar con base en esas nociones discriminatorias y degradantes, se procederá conforme a la normativa universitaria.

Todo ello coloca al profesor en una posición de ignorancia e intolerancia, dijo Robel, pero recalcó que no puede atender los muchos cientos de peticiones que ha recibido para que Rasmusen sea despedido por sus afirmaciones: “la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos nos lo prohíbe”.

El imperio de la ley y de los derechos básicos es ciertamente loable y necesario y en ese sentido las expresiones de Rasmusen en sí no serán en esa universidad motivo para sancionarlo. Pero, como reiteró Robel, eso no quiere decir que se le dará carta blanca para que ejerza sus prejuicios.

La decisión es un tanto salomónica, valga la comparación, y eso ha dejado insatisfechos a muchos, que habrían preferido el despido de Rasmusen. Pero, en todo caso, al profesor quizá le habrán quedado claras las implicaciones de sus dichos y, en su caso, de sus acciones al respecto.

Además, Robel indicó que ningún estudiante estará obligado a tomar clase con Rasmusen y que se verificará que las calificaciones que él otorgue a sus alumnos se hagan de modo que no estén distorsionadas por sus prejuicios y serán revisadas para asegurar que sean justas.

Así, aunque Rasmusen podrá seguir diciendo lo que le plazca, estará bajo fiscalización y se aislará paulatinamente del resto de la comunidad universitaria al grado, quizá, solo pueda hablarle al espejo.

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