La trágica muerte de una mujer que agonizó en la cárcel sin recibir ayuda por el estigma de su adicción

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La trágica historia de Madelyn Linsenmeir sería un nuevo caso de cruda insensibilidad y negligencia policiaca en Estados  Unidos. Su muerte, que pudo y debió ser evitada, es un rudo recordatorio de los estragos de las adicciones y de la imperiosa necesidad de atender, y no estigmatizar, a los adictos.

Linsenmeir sufrió por años a causa de su adicción, que comenzó en su adolescencia cuando fue expuesta a medicamentos opiáceos, y que nunca la dejó escapar. Y aunque se esforzó constantemente por salir adelante, la adicción la sumió en entornos perturbadores: de acuerdo a The Washington Post, en los meses previos a su fallecimiento fue sometida a tráfico sexual en Rhode Island, sufrió violación, golpizas y quemaduras con cigarrillos en su cara y con un rizador/calentador de pelo en sus pies.

Madelyn Linsenmeir (izquierda) le dice a tres oficiales de policía que sufre dolor de pecho y que la lleven al hospital. No fue atendida y murió tiempo después. (Captura de video/ Linsenmeir v. Springfield / ACLU)
Madelyn Linsenmeir (izquierda) le dice a tres oficiales de policía que sufre dolor de pecho y que la lleven al hospital. No fue atendida y murió tiempo después. (Captura de video/ Linsenmeir v. Springfield / ACLU)

Pero por un momento en 2018 tuvo una  opción de salvación: ella fue internada en una clínica de rehabilitación en Vermont para recibir atención por su adicción y el desorden por estrés postraumático que la aquejaban, pero en agosto de ese año súbitamente desapareció y su familia no supo nada de ella por cerca de un mes.

Entonces, el 28 de septiembre de 2018, Linsenmeir le envió a su madre un mensaje de texto cargado de desesperación: “Necesito ir al hospital, estoy muriendo, peso 40 kilos…, mamá, te necesito”. Y a su hermana le reveló que sufría dolor en el pecho, que no podía ni comer ni dormir y que una de sus rodillas estaba tan inflamada que no podía caminar.

Al poco, Linsenmeir fue arrestada en Massachusetts, por cargos vinculados con drogas en New Hampshire y por mentir sobre su identidad a un oficial. Fue llevada a una cárcel por la policía de la ciudad de Springfield, en donde su situación alcanzó un desenlace trágico.

“¿Está enferma?”, le preguntó un oficial a Linsenmeir. “Sí, mucho… Casi no puedo pensar, voy a desmayarme del dolor”, le dijo la mujer. Se afirma que ella no podía respirar y tenía severa inflamación en sus pies.

En un video del momento en que ella era ingresa a la cárcel se le ve pidiendo atención médica y afirma que tiene severo dolor.  

“¿Por qué cree que necesita ir al hospital”, se escucha que la pregunta un oficial. “Tengo un dolor de pecho realmente, realmente muy malo… siento que se me va a hundir, ni siquiera puedo respirar”, respondió la mujer, según reportó la televisora ABC News.

Ella les suplicó a los policías que la llevaran al hospital, pero no le hicieron caso y, en cambio, la transfirieron a la cárcel del Condado Hampden.

Al llegar allí, la mujer nuevamente pidió que le llevaran al hospital, pero se topó con una cruel indiferencia, según alega una demanda presentada por su familia contra las autoridades policiales del Condado Hampden, de la Ciudad de Springfield y varios oficiales individuales.

Linsenmeir fue dejada a su suerte en una celda, sus llantos para que le proporcionaran atención médica no fueron escuchados y seis días después de su arresto fue hallada en estado crítico y hablando incoherentemente. Solo entonces, demasiado tarde, fue enviada a un hospital y falleció el 7 de octubre de endocarditis, una infección del corazón que es potencialmente más severa en personas con adicciones, se acuerdo al Post.

En la demanda presentada por su familia hace unos días, se afirma que las autoridades fueron negligentes y crueles, y que, con desdén, oficiales le habrían llegado a decir a la doliente mujer que su sufrimiento “era su culpa” por ser adicta al alcohol y las drogas.

“Buscamos justicia para mi hermana y protección para las personas que tienen su enfermedad y acaban en este roto sistema criminal”, dijo Kate O’Neill, hermana de la fallecida, a ABC News.

Un indicador de ese maltrato es que solo se le ofreció a Linsenmeir ibuprofeno (un analgésico) y un medicamento para atender la abstinencia del alcohol. No le ofrecieron tratamiento para su dolor de pecho ni para la severa inflamación de sus extremidades, y no le prestaron la atención debida mientras, por varios días, su condición se agravó en grado extremo dentro de su celda.

Pero, se afirma, si la hubiesen llevado a Linsenmeir al hospital cuando ella les suplicaba que lo hicieran habría sido posible atender su infección y se le habría salvado la vida. Y resulta perturbador, de ser ciertas esas alegaciones, que la estigmatización de los adictos sea de tal magnitud entre oficiales del orden que lleguen a abandonar a los detenidos a su suerte ante su sufrimiento, incluso aunque eso los ponga en peligro mortal.

¿Cuántos otros casos similares, que no llegaron al extremo de Linsenmeir, se habrán dado con detenidos que necesitaban atención médica urgente y se toparon en cambio con un cruel desdén?

Con su demanda los familiares de Linsenmeir buscan que la Policía de Sprienfield y el Alguacil de Hampden se replanteen por completo la forma en la que atienden a detenidos con problemas de salud y, al margen de las acusaciones en su contra o de sus antecedentes, sean tratados y atendidos de modo humano y oportuno.

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