Trump va de nuevo a juicio político: riesgos, tensiones y posibilidades de su segundo impeachment

Jesús Del Toro
·10  min de lectura

Donald Trump perdió la elección presidencial de noviembre de 2020, pero en su empeño por negar ese resultado, en sus alegaciones de un fraude inexistente en su contra y en el enardecimiento de sus seguidores radicales para tratar de revertir la victoria legítima del hoy presidente Joe Biden, Trump difundió mentiras , pretendió que se cometieran alteraciones a los comicios en su beneficio y azuzó a una multitud de sus seguidores para que marcharan al Capitolio para frenar la certificación del triunfo de Biden, el pasado 6 de enero.

Donald Trump hace historia: es ya el único presidente estadounidense en ser acusado dos veces en un proceso de impeachment. (Getty Images)
Donald Trump hace historia: es ya el único presidente estadounidense en ser acusado dos veces en un proceso de impeachment. (Getty Images)

Ello culminó en el asalto al Capitolio por una muchedumbre trumpista –en la que habían grupos supremacistas blancos y neonazis– que dejó cinco muertos y fue un golpe inusitado y sin precedente contra la institucionalidad republicana y la democracia de Estados Unidos.

Todo ello, según la narrativa avalada por la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes además de 10 congresistas republicanos, obligó a que Trump fuera acusado formalmente en el proceso de destitución y sanción conocido como impeachment.

El cargo específico fue incitación a la insurrección. Es la primera vez en la historia estadounidense que un presidente es sometido formalmente a ese juicio en dos ocasiones.

Trump, acusado

La Cámara baja avaló esa acusación el pasado 13 de enero, una semana antes de que terminara el periodo presidencial de Trump, el 20 de enero siguiente. Y dado que los plazos y los balances políticos no permitieron que el juicio político en sí, que corresponde al Senado, se diera mientras Trump era presidente, ese proceso ya no tendrá como posible resolución la destitución presidencial.

Pero sí puede, según los lineamientos constitucionales, sancionar al acusado, si dos tercios del Senado (67 votos) lo declaran culpable, con la inhabilitación para ocupar cargos públicos en el futuro.

La Cámara de Representantes al aprobar la acusación contra Donald Trump por incitación a la insurrección, en enero de 2021. (House Television via AP)
La Cámara de Representantes al aprobar la acusación contra Donald Trump por incitación a la insurrección, en enero de 2021. (House Television via AP)

Es decir, si Trump es condenado no podrá volver a postularse a la presidencia en 2024, como se ha mencionado que querría hacer, ni a ningún otro puesto público. Además, esa declaración de culpabilidad sería un veredicto contundente en contra de Trump y su entorno por el ataque a la democracia implícito en sus afirmaciones, acciones y conspiraciones, y un disuasivo contra quienes pretendan hacerlo en el futuro.

Pero, en realidad, no hay garantía de que Trump será declarado culpable por el Senado, sin importar las pruebas que se presenten en su contra y al margen de la noción de que en efecto Trump y su entorno trataron de revertir por medios espurios el resultado de la elección presidencial.

Ello porque el voto en el Senado, que es el jurado en casos de impeachment, es un voto eminentemente político. En el primer juicio de impeachment contra Trump a principios de 2020, solo un senador republicano –Mitt Romney– votó a favor de condenar al presidente, quien resultó exonerado.

Para condenar a un presidente se requiere el voto de dos tercios del Senado. Actualmente, cada partido cuenta con 50 escaños, por lo que se necesita que todos los senadores demócratas y al menos 17 republicanos voten a favor de condenar a Trump.

Actualmente no existe esa cantidad de votos republicanos a favor condenar a Trump.

Cuando el Senado votó para aprobar que el juicio procediera, hace unos días, cinco senadores republicanos se sumaron a la moción, pero eso no significa necesariamente que votarán por condenar al expresidente. Y, en todo caso, no son suficientes.

Entre los republicanos existe la noción de que someter a un expresidente a un juicio de impeachment en el Senado es inconstitucional, por el hecho de que el acusado ya no ocupa el cargo público en el que habría cometido la falta por la que fue acusado y, por ende, no puede ya ser destituido.

Y señalan que el hecho de que se persiga así a Trump es una suerte de venganza política de los demócratas y un intento de estos de fomentar mayores divisiones y tensiones.

En contrapartida, se alega que el hecho de que Trump no fuera enjuiciado en el Senado antes de que terminara su mandato es plenamente legal, pues la Constitución incluye a la inhabilitación futura, al igual que la destitución, como las sanciones aplicables, algo que le es aplicable, en su caso, a Trump.

Y se indica que la Cámara lo acusó formalmente cuando él era aún presidente y que suponer que un presidente que cometió una falta en sus últimos días de mandato es inmune solo porque expiró su término es contrario a la idea entera de rendición de cuentas planteada en la Constitución, una fuente de divisiones y tensiones.

Donald Trump se dirige a una multitud de sus seguidores en Washington el 6 de enero de 2021. Trump les dijo que marcharan al Capitolio, y luego se dio el asalto a la sede del Congreso. (AP Photo/Jacquelyn Martin, File)
Donald Trump se dirige a una multitud de sus seguidores en Washington el 6 de enero de 2021. Trump les dijo que marcharan al Capitolio, y luego se dio el asalto a la sede del Congreso. (AP Photo/Jacquelyn Martin, File)

La matemática y política del juicio

Sea como sea, más allá de los alegatos sobre las acciones y las legalidades, el voto de los senadores estará definido por razones políticas de corto y largo plazo.

Aunque algunos, entre ellos el propio líder republicano Mitch McConnell, han dejado entrever la idea de que el juicio política es una manera de pasar página y permitir que el Partido Republicano se reconstituya libre de la sombra conflictiva y extrema de Trump (que tiene en la derecha radical a su núcleo duro de simpatizantes), hay otros que desean estar bajo esa sombra o consideran que, aunque les disguste, no son viables políticamente fuera de ella.

Hay quien puede afirmar que no hay 17 senadores republicanos favorables a condenar a Trump no porque no haya 17 de ellos que crean que Trump es culpable, sino porque la gran mayoría de los senadores consideran que votar contra Trump pondría en riesgo su continuidad en el Senado y, en algunos casos, sus aspiraciones presidenciales.

En el primer caso, muchos senadores al parecer temen que votar contra Trump movilice en su contra a la derecha radical, que es muy activa en las elecciones primarias, y acaben desplazados en las elecciones primarias en el próximo ciclo electoral.

Otros, además, ven en la defensa de Trump una manera de abonar sus opciones futuras. Los senadores Ted Cruz y Josh Hawley, que fueron los únicos en objetar la certificación legislativa del triunfo de Biden, tienen aspiraciones presidenciales en 2024. Votar contra Trump los privaría del respaldo de la derecha radical, que será de enorme peso e influencia en el futuro proceso primario republicano y que a ellos les resultaría indispensable para tener posibilidad de aspirar a esa candidatura.

Ciertamente, está el detalle de que si Trump no es condenado podría postularse él mismo en 2024, lo que presumiblemente frenaría las posibilidades de Cruz y Hawley. Pero si ese fuera el caso, ellos no tienen demasiada prisa, y bien podrían esperar su momento en 2028 gozando del pleno y quizá indisputado apoyo de la derecha radical.

Todo ello está cargado de especulación.

También hay otras consideraciones políticas en la decisión de votar contra Trump. Aunque entre los republicanos crecen las voces que rechazan el trumpismo y proponen una renovación del partido alejado de los extremismos, ello no necesariamente los predispone a declarar culpable al expresidente, pues ello implicaría que ellos mismos fueron, así sea por omisión y silencio, partícipes de los desmanes que condujeron a la sanción de Trump.

Si esos senadores creen que Trump es culpable de propagar falsedades sobre un fraude, de tratar de alterar el resultado electoral y de incitar a la insurrección para revertir el legítimo triunfo de Biden, ¿por qué no se pronunciaron de modo pronto y abierto en reconocimiento de la victoria del hoy presidente y, en cambio, guardaron silencio de los intentos de Trump de revertir y deslegitimizar las elecciones o incluso fueron partícipes en ello?

Condenar a Trump condenaría también de modo implícito a varios senadores republicanos, y eso es algo que muchos no están dispuestos a propiciar.

La declaración de culpabilidad de Trump en el Senado es, por ello, la solución menos probable en el juicio que comenzará el próximo 8 de febrero.

Los gestores demócratas del proceso de impeachmment contra Donald Trump al presentar ante el Senado la acusación formal contra el ya expresidente. (Melina Mara/The Washington Post via AP, Pool)
Los gestores demócratas del proceso de impeachmment contra Donald Trump al presentar ante el Senado la acusación formal contra el ya expresidente. (Melina Mara/The Washington Post via AP, Pool)

Los riesgos y efectos del juicio

En paralelo, ante la realidad de que lograr 67 votos condenatorios es improbable, ¿por qué los demócratas insistieron en la acusación y el juicio contra Trump?

Los principios son una de las motivaciones. El asalto al Congreso por parte de multitudes trumpistas, y la noción de que Trump preparó, con sus falacias sobre el fraude electoral y su azuzamiento a sus seguidores, las condiciones para que se diera, fue un golpe a la institucionalidad y la Constitución que no puede ser tolerada. Era por ello imperativo emprender el impeachment en aras de preservar la democracia y la república.

Y también habría un componente de exasperación: Trump fue demasiado lejos y agravios acumulados del pasado se sumaron para motivar el impeachment en la Cámara de Representantes.

Además es cierto que, imagen en el espejo, muchos en los estamentos liberales y progresistas no le habrían perdonado a sus representantes mantenerse inactivos, como presumiblemente no le perdonarían a un senador demócrata el no votar por la condena de Trump. Juzgar y condenar, o al menos tratar de hacerlo, es también parte de la consolidación y realineación del Partido Demócrata, donde sus alas progresistas y moderadas no necesariamente están siempre en sintonía.

Con todo, la decisión demócrata tiene importantes riesgos.

Dada la considerable posibilidad de que no se logren los 67 votos en el Senado y, por ende, de que Trump sea exonerado, se afirma que eso solo hará que el expresidente salga fortalecido y, a ojos de muchos, incluso reivindicado, lo que preservará su fuerte influencia en el Partido Republicano y en la vida política nacional.

Y se afirma que la tensión y los desencuentros que el juicio ha provocado y provocará son lastres ominosos que se añaden a la presente polarización social y a los graves retos que de por sí enfrenta ya el nuevo gobierno de Biden, inmerso en la atención de una pandemia de covid-19 y de una crisis económica de terrible rigor y persistencia. Más que más nubarrones, se dice, Biden necesita despejar el cielo y propiciar la reconciliación, algo que no será fácil si el juicio contra Trump caldea aún más las divisiones.

Otros, en cambio, indican que sin justicia no puede haber reconciliación y ello, además de los imperativos políticos, legales y éticos, los ha impulsado a proseguir con el proceso contra el expresidente.

Incluso algunos han considerado que una posible exoneración de Trump no significa que él necesariamente mantendrá su influencia y sus opciones presidenciales en 2024, pues aún queda mucho tiempo por delante y muchas cosas pueden cambiar. Los riesgos y efectos de una condena o una exoneración, así, no serían factores críticos inevitables dentro de 3 o 4 años o, antes, de cara a las elecciones legislativas intermedias de 2022 cuando los republicanos aspiran, apostando a una erosión demócrata, a recuperar el control del Congreso.

Finalmente, al margen de su resultado y sus repercusiones, el segundo juicio de impeachment de Trump será un momento culminante en la historia estadounidense, signo del terrible deterioro social, político e institucional que se dio en el país a causa de las ambiciones, las truculencias y las negligencias de Trump. Eso y el trágico saldo de más de 450,000 muertos por covid-19, que podría haberse mitigado si Trump ni hubiese politizado y minimizado la reacción ante la pandemia, son trágicos componentes del ominoso legado del mandato del presidente #45 de Estados Unidos.

Además del juicio político, queda el juicio de la historia.