Trump sopesa ideas y planes propios de los demócratas ante la crisis del Covid-19

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Donald Trump afirmó por semanas que la epidemia de coronavirus, que era candente en China y comenzaba a extenderse a otros países, no le preocupaba, que se disiparía o sería como la gripe, que era una farsa creada por los demócratas para afectar sus posibilidades de reelección y otros equívocos.

Incluso se ha señalado que el afán de Trump de no crear demasiada inquietud social en el país, para no afectar la economía ni sus opciones electorales, junto con otras decisiones cuestionables retrasaron o entorpecieron la respuesta inicial del país ante la pandemia.

Ahora, cuando la crisis se ha vuelto mayúscula por la severa expansión del Covid-19 en Estados Unidos y en el mundo, el presidente ha cambiado ciertamente de tono, incluso asumiendo ideas y planes que, algunos afirmarían, son más bien propias del pensamiento demócrata que del conservadurismo del Partido Republicano.

El presidente Donald Trump y el secretario del Tesoro Steven Mnuchin al hablar sobre medidas económicas para enfrentar la crisis por la epidemia de Covid-19 en EEUU. (AP Photo/Evan Vucci)
El presidente Donald Trump y el secretario del Tesoro Steven Mnuchin al hablar sobre medidas económicas para enfrentar la crisis por la epidemia de Covid-19 en EEUU. (AP Photo/Evan Vucci)

Y, por añadidura, está enfocando su discurso para borrar la percepción de su previa displicencia y mostrarse como un mandatario que siempre supo la magnitud del reto y siempre hizo todo lo que era necesario y posible para encararlo.

Por ejemplo, se comenta en Politico, Trump ahora considera enviar miles de dólares de dinero a cada estadounidense, como ayuda directa, dar igualmente inmensas sumas para rescatar a corporaciones y también acordar crédito a gran escala a pequeños negocios.

Eso va a contracorriente del pensamiento de conservadurismo fiscal republicano, que usualmente rechaza nociones de que el gobierno intervenga en la economía y que lo que ha de hacerse es dejar que el mercado opere libremente, incluso con recortes fiscales a empresas y ricos.

Es claro que en el momento actual toda idea y noción están bajo evaluación y que el propio Trump en años recientes se había apartado en parte de esa disciplina republicana, por ejemplo al recortar impuestos sin compensación, lo que ha ahondado el déficit público estadounidense.

Los demócratas con frecuencia consideran que el gasto público, sobre todo el destinado a programas sociales, es necesario, justo y propicio para el desarrollo general y en ese sentido su noción “antidéficit” es diferente a la republicana. Aunque debe decirse que fue el demócrata Bill Clinton quien logró eliminar un  enorme déficit acumulado en gran parte durante los gobiernos republicano de Ronald Reagan y George Bush padre y que fue el también presidente republicano George W. Bush el que condujo de nuevo el déficit a enormes sumas. Luego llegó la crisis de 2008.

La crisis de 2020, con todo, luce igual o más ominosa, pues los efectos de la epidemia de coronavirus podrían ser devastadores para muchos sectores económicos, devastar negocios y destruir empleos a escalas enormes.

Así, para los demócratas y para algunos republicanos, incluido Trump, destinar cientos de miles de millones de dólares directamente a la población, y muchos a empresas, es visto como una medida indispensable, aunque ciertamente muchos republicanos aún no lo ven con buenos ojos.

Y hay quien también lo ve como una suerte de salto de Trump para rescatar sus posibilidades de reelección: regalar dinero es ciertamente popular, aunque en las presentes circunstancias ese tipo de enfoques resulta peligroso. La ayuda a la población en esta emergencia es un imperativo, al margen de ideologías e intereses políticos.

El monto del dinero que se entregará directamente a la población está en estudio. Según Politico, los cheques podrían ser de 500 o 1,000 dólares dependiendo del ingreso de la persona y del tamaño de su familia y podrían comenzar a emitirse tan pronto como el 6 de abril. Otros han mencionado sumas mayores tanto en cantidad como en frecuencia, siendo ciertamente demócratas los que plantean que la ayuda sea mayor.

Además, algunos creen que esas sumas serán insuficientes, que mucho más será necesario y que por ello convendría legislar de entrada un paquete mayor para no tener, en lo posible, que ir y venir de nuevo entre el Ejecutivo y el Congreso.

Pero en todo caso la apertura a “regalar” dinero ha sido notoria entre algunos republicanos, y goza de amplio apoyo demócrata. Así, podría darse el caso, algo que aún es especulativo, de que esas medidas de apoyo directo pasen sin problema la Cámara de mayoría demócrata con participación republicana y que en el Senado la minoría demócrata, con una veintena de republicanos, podrían avalarla si senadores conservadores por alguna razón rechazaran apoyarla en grandes números.

Con todo, es probable que esa medida sea aprobada en el Senado también con amplio apoyo bipartidista. La gravedad de la situación lo amerita. El punto es si un acuerdo “fácil” podría limitar el alcance del apoyo, en montos, en frecuencias o en duración para complacer a los reticentes.

El aval de Trump a todo ello le dará un peso sustancial para convencer a los republicanos.

En paralelo, el presidente parece decidido a cambiar la percepción sobre su acción previa ante la crisis por el coronavirus, para afirmar ahora, como se comenta en CNN, que el gobierno federal está y siempre estuvo preparado para ello, que son los medios los que distorsionan las cosas y son los chinos los responsables de la epidemia.

Cambiar la narrativa a su favor es, cabe decir, práctica usual en los políticos y en ello Trump ha sido de enorme notoriedad. Pero ahora es necesario una actitud distinta, de responsabilidad, acción, balance y equidad al margen de intereses propios o de grupo. Algo en lo que Trump aún no ha mostrado un historial suficiente.

La visión de que se debe apoyar directamente con dinero a la población es un paso en ese sentido. Y  en cuanto a los apoyos a corporaciones hay también cierto consenso y cierta oposición. Por ejemplo, los demócratas quieren establecer muy estrictas condiciones a los altos directivos de las empresas que reciban recursos de rescate, que podrían ser de decenas de miles de millones, para que no se repitan casos como los que se dieron en 2008 y 2009 cuando directivos de empresas que fracasaron o se salvaron con ayuda pública se hicieron de inmensas sumas en compensaciones o indemnizaciones por dejar su cargo, mientras sus empleados y millones de estadounidenses perdían empleos, ingresos y patrimonios.

Trump, dice Politico, estaría de acuerdo en imponer restricciones en ese sentido, aunque aún no es claro cuál será el resultado de las negociaciones.

El tiempo se agota y se espera que el Congreso discuta y apruebe un paquete de ayuda financiera de emergencia en los próximos días. En ello la convergencia ante la crisis y el distanciamiento, entre las personas y de las polarizaciones político-ideológicas, resultan  indispensables.

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