Trump dice que la Constitución de EEUU le da poder de "hacer lo que quiera", y es completamente falso

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Son de conocimiento general los desplantes autoritarios y las actitudes narcisistas de Donald Trump, quien en gran medida ganó la presidencia de EEUU, y ha mantenido un respaldo muy estable de su base radical gracias a sus embestidas y a la imagen de hombre de éxito que intenta proyectar, capaz de realizar todo lo que se propone y, por añadidura, mejor que cualquier otro.

El presidente Donald Trump reacciona ante la audiencia durante un encuentro de la organización de jóvenes consrvadores Turning Point USA. (AP Photo/Alex Brandon)
El presidente Donald Trump reacciona ante la audiencia durante un encuentro de la organización de jóvenes consrvadores Turning Point USA. (AP Photo/Alex Brandon)

La realidad no siempre concuerda con ello pero él se ha afanado en presentar esa percepción a gran escala.

Con todo, es también frecuente que Trump pierda el tino y, al tratarse a fin de cuentas del presidente de EEUU, le propine sacudidas a la institucionalidad republicana de la nación.

Un ejemplo patente de ello es la falaz pretensión, que Trump ha reiterado recurrentemente en fechas recientes, de que el Artículo 2 de la Constitución le concede el poder de hacer lo que le plazca.

En un concurrido mitin de la organización de jóvenes conservadores Turning Point USA, Trump dijo que “tengo el Artículo 2 [de la Constitución], donde tengo el derecho de hacer lo que quiera como presidente”.

La afirmación es desde luego falsa y peligrosa, pues ignora por completo la institucionalidad republicana y democrática, la división de poderes y la noción de que nadie, ni siquiera el presidente, se encuentra por encima de la ley.

Trump dijo esa frase en el contexto de reproches al exfiscal especial para investigar la injerencia electoral de Rusia, Robert Mueller, quien compareció este miércoles en una sesión pública en el Congreso en la que ratificó que su investigación “no exoneró” al presidente.

Desde la lógica de Trump, dado que la Constitución le otorga poder ejecutivo de modo amplio, él tenía la plena autoridad para haber despedido a Mueller, aunque también ha añadido que nunca planeó hacerlo, y que en todo caso eso no habría constituido obstrucción de la justicia.

Es una declarción similar a la que hizo una entrevista con el periodista George Stephanopoulos, de ABC News, donde además de rechazar haber cometido obstrucción de la justicia y reiterar que no planeó despedir a Mueller, enunció su idea equívoca de que el “Artículo 2 me permite hacer lo que quiera. El Artículo 2 me habría permitido despedirlo” [a Mueller].

Pero así sea únicamente en el contexto de la controversia con Mueller, que Trump pretenda o invoque poderes autocráticos revela una ominosa tendencia autoritaria y una ignorancia severa de la Constitución.

En principio, el citado Artículo 2 de la Constitución no concede al presidente el poder de hacer lo que desee. Ciertamente le confiere la autoridad ejecutiva (en una amplitud que algunos ven más acotada o amplia pero que en todo caso es extensa) pero también claramente especifica que el presidente puede ser removido de su cargo, vía el proceso denominado ‘impeachment’.

Es justamente el Artículo 2 constitucional donde se establece que “el presidente, el vicepresidente y los funcionarios civiles de Estados Unidos deben ser removidos de su puesto”, mediante el proceso de impeachment por “traición, soborno y otros crímenes y faltas graves”.

Es obvio así que si un presidente puede ser destituido, no puede hacer “lo que quiera” y está sujeto, vía procedimientos legales especiales pero firmes, a la ley y a la fiscalización de los otros poderes. El impeachment y una eventual condena del presidente, por ejemplo, están a cargo respectivamente de la Cámara de Representantes y del Senado, y el propio Artículo 2 indica las situaciones en las que el mandatario requiere el aval legislativo para proceder.

Otros apartados de la Constitución claramente especifican el rol de los tres poderes de la unión, y el balance que debe existir entre ellos.

Y es de suyo evidente que el fundamento básico de una república democrática es que los gobernantes no pueden hacer su voluntad (lo que es propio de monarquías absolutas y dictaduras) sino someterse a la ley, a la división de poderes y al poder del voto.

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