Tres ejemplos de la estrategia letal con la que el PP de Casado está acabando con Cs


Albert Rivera y Pablo Casado (C) durante el último homenaje a las víctimas de los atentados del 11-M (Photo by Jesus Hellin/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Albert Rivera y Pablo Casado (C) durante el último homenaje a las víctimas de los atentados del 11-M (Photo by Jesus Hellin/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Pablo Casado no quiere que le presione nadie y sigue jugando con Ciudadanos cual juguete roto. El secretario general del PP ha aprendido a trasladar la presión a otro lado y se siente cómodo. En verano logró hacer desaparecer al Partido Popular de la ecuación mediática de la formación de Gobierno de Madrid. Logró poner al partido de perfil de forma que todo el mundo estuviera pendiente de si Ignacio Aguado, líder regional de Cs, reculaba de sus posiciones y se avenía a sentarse y sellar con Rocío Monasterio (Vox) el pacto de investidura de Isabel Díaz Ayuso (PP) cuando en realidad eran los populares quienes habían dispuesto la mesa y el mantel. Pero nadie presionaba al PP, sino que a quien objetaban pactar con la extrema derecha era a Albert Rivera.

Lo de Madrid fue el perfeccionamiento de lo sucedido meses antes en Andalucía cuando todo el mundo cargaba contra el partido naranja por negociar con la formación de extrema derecha cuando, en la práctica quien iba a salir investido -como así fue- presidente de la Junta era el popular Juan Manuel Moreno.

Casado le ha cogido gusto a la jugada y la quiere repetir una vez más. Esta vez con el tablero de juego nacional. El PP se ha cerrado en banda a facilitar la investidura de Pedro Sánchez y así lo ha repetido por activa y por pasiva. Ese 'no' rotundo ha desviado las miradas a ERC, por un lado, y a Ciudadanos por otro.

Por si la jugada iniciada por el PSOE en el lado izquierdo del tablero fracasa, Casado ha maniobrado para presionar al partido naranja, o a lo que queda de él. Así es como ha lanzado la propuesta de comprometerse a preservar la estabilidad de un pacto PSOE- Unidos Podemos-Cs que, por muy contra natura que suene- sirva para evitar que Moncloa firma contrapartidas al partido secesionista catalán. Así lo aseguró el lunes y así lo han repetido este martes algunos de sus mandos intermedios.

¿Pero por qué no se abstiene directamente el PP? ¿Por qué no se reúne con Sánchez en la Moncloa? Las preguntas son igual de legítimas que si el sujeto de estas es Ciudadanos y/o Inés Arrimadas. Pero, y ahí radica la diferencia, no están ahora sobre la mesa. El PP ha logrado de nuevo desviar la atención y evitar que se le culpe de un hipotético nuevo bloqueo político que finalice con unas terceras elecciones. Y con ello está esquivando el desgaste que sí sufre como nadie el partido naranja quien en estos meses se ha dejado por el camino 2,5 millones de votos. 103.430 en Andalucía y 466.705 en Madrid.

El plan de Casado, de momento, le funciona a las mil maravillas Veremos si lo repite una tercera vez y palía con votantes de Cs la fuga de los suyos a Vox para que en los próximos comicios la derecha solamente tenga dos contendientes en liza.

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