Tomás Cubelli, en la previa de los Pumas-All Blacks por el Tri Nations: del pase fingido sin pelota y practicar destrezas en una cochera, a enfrentar a Nueva Zelanda

Alejo Miranda
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Son las 8 de la noche y se apaga el martes en Sydney, día que recién empieza en Buenos Aires. Un mal chiste diría que allá están más adelantados, pero como todo chiste tiene un trasfondo de realidad. Si los Pumas tienen la posibilidad de ver acción este año es por la buena gestión que hizo Australia del virus. Allí se juega encapsulado el Tri-Nations, con el local y Nueva Zelanda. Para la gran mayoría del plantel, el debut del sábado ante los All Blacks será el primer partido oficial en ocho meses. Para el seleccionado, el primero en más de un año después del opaco desempeño en Japón 2019.

"Es un buen punto de partida, la posibilidad de volver a empezar", acepta Tomás Cubelli, uno de los referentes del equipo de Mario Ledesma. "Las cuestiones del pasado lo moldean a uno, lo ayudan a mejorar. El Mundial fue una experiencia de vida importante. Tenemos mucho para aprender de eso y también tenemos la posibilidad de volver a empezar."

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El medio-scrum surgido de Belgrano es uno de los 32 de entre 45 integrantes del plantel que atravesó la cuarentena en la Argentina. El destino quiso que el regreso a la actividad (el sábado a las 3.10 hora argentina) sea nada menos que ante Nueva Zelanda, la máxima potencia en el planeta ovalado, que para peor llega con la sangre en el ojo tras caer ante Australia. "Tengo la tranquilidad de que vamos a hacer un buen papel", asegura Cubo respecto del duelo en el Bankwest Stadium de Sydney.

"Estamos entusiasmados con lo que se viene. Hicimos un esfuerzo muy grande para estar acá. Estamos disfrutando, preparando una semana de Test", cuenta Cubelli en diálogo telefónico con LA NACION. "Nos sentimos privilegiados por la situación que pasa el país, por representar a los Pumas. Como toda parte linda, también hay un sacrificio atrás".

-¿Qué conclusiones sacaron del amistoso del sábado ante Australia XV?

-Es todo positivo si se mira del lado de que era la primera vez que nos juntábamos todos. Del primero al segundo partido dimos un paso grande hacia adelante. La idea es seguir sumando. Respondimos bien en lo físico y el desafío desde lo mental. La falta de rugby se suplió con las ganas, haciendo todo lo que estaba en nuestras manos desde que empezamos a entrenarnos en la Argentina.

-¿Cómo viviste todo el proceso desde que se suspendió el Súper Rugby hasta acá?

-Si se mira para atrás, hubo un poco de todo. Desde entrenarse en un balcón, la gente de la UAR haciéndonos llegar barras y mancuernas, los preparadores físicos siempre disponibles para que nos entrenáramos de la manera más digna posible, yendo a correr a plazas cuando abrieron, con restricciones de horario, practicando destrezas donde se podía. Después nos volvimos a juntar entrenando en grupos, con protocolos, fingiendo que nos pasábamos una pelota, sin contacto. Eso nos dio la posibilidad de entrenar bien la parte física. Después hicimos una burbuja que no se pudo completar, nos fuimos a Uruguay. Más tarde una cuarentena acá. El encuentro con el grupo de Europa fue una linda nafta.

-¿Cómo te agarró la cuarentena?

-En un departamento. Agradezco a los vecinos que se solidarizaron y me habilitaron el gimnasio chiquito del edificio y también pude hacer algunas destrezas en la cochera. Cada uno fue haciendo lo que tenía al alcance.

-¿Qué les aporta Michael Cheika?

-Tiene mucha experiencia. Ha estado compitiendo en el Rugby Championship desde el otro lado, conoce muy bien el torneo; ha estado en dos mundiales, tiene mucho para aportar, es una buena oportunidad para seguir aprendiendo. Sumó mucha humildad, primero a conocernos, a adaptarse a nuestra cultura, nuestro idioma, nuestra forma de ser, de prepararnos. Como asistente se enfoca en cuestiones de ataque y cuestiones generales del juego. Es un aporte interesante.

-Hay muchos jugadores nuevos. ¿Cómo ves el recambio?

-Se sumaron jugadores jóvenes con mucho talento, muchas ganas, mucha energía. Que sean tantos acá viviendo un Rugby Championship largo nos hace bien a todos, genera una competencia sana. Vestir la camiseta argentina es un orgullo y es responsabilidad de los más grandes que se sientan cómodos y tengan su lugar para expresarse.

-Vas a seguir tu carrera en Australia, donde ya jugaste. ¿Por qué elegiste Western Force?

-Después de hacer el duelo de no poder jugar más como profesional en la Argentina estuve analizando y me pareció la oportunidad que más me convencía, la más concreta. Ya conocía el torneo. Hay chances de que más adelante se juegue un Súper Rugby entre Australia y Nueva Zelanda y me pareció un buen lugar donde podía seguir desarrollándome como jugador. El calendario afín con el del seleccionado no es tema menor para el físico. Los Pumas siguen siendo parte de mi cabeza. Las dos cosas comulgan.

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-¿En qué punto llegan al partido con All Blacks?

-Creo que llegamos lo mejor que podemos. Todas las instancias que tuvimos, las agotamos. Nos preparamos lo mejor posible en las condiciones que teníamos. Eso me da la tranquilidad de que vamos a hacer un buen papel.