Tokio 2020 vuelve a barajar pero le teme a la palabra prohibida: cancelación

Gastón Saiz
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Después de exigir sus abdominales al máximo, luego de que sus bíceps quedaran tallados en todas sus redondeces producto del esfuerzo, Paula Pareto se secó el sudor y escribió en Instagram: "Determinación. Es la conducta que elijo tener en pos de un objetivo real y claro, transitando el camino hacia él con pasión y fe, sabiendo que surgirán adversidades que podrían afectar nuestra motivación". Transcurría junio pasado, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 ya se habían suspendido el 24 de marzo y la Peque -pese a todo- consumaba una increíble e improvisada rutina de entrenamiento sobre una mesa casera.

El día que no empezó Tokio 2020: incertidumbre, coronavirus y presión política sobre los Juegos Olímpicos del futuro

Los atletas argentinos, simbolizados en el esfuerzo de la judoca campeona en Río 2016, se entrenaron hacia la nada y en pleno encierro, hasta que de a poco se abrieron los lugares habituales de ensayos. Por culpa de la pandemia, ya no existieron metas a corto plazo y hubo que reordenar la mente para no frustrarse en el camino. Lo mismo sucedió con aquellos deportistas de todo el mundo con un cupo asegurado o que todavía persiguen clasificarse para la cita, prevista para su nueva fecha del 23 de julio al 8 agosto de 2021. La llama olímpica alumbrará un torneo bajo el mismo nombre (Tokio 2020), con un número récord de 33 deportes (debutan el béisbol, la escalada, el karate, el skateboarding y el surf) y 339 eventos distribuidos en 42 sedes.

Aun si se contempla la puntillosa rigurosidad y la extrema previsión oriental, nadie puede garantizar que los Juegos Olímpicos tomarán cuerpo tal cual está previsto luego de su reprogramación, ya que el rebrote actual en Europa y la posible segunda ola en otros continentes vuelven a poner en duda cualquier planificación. Cuentan desde el Comité Olímpico Argentino que, durante sus comunicaciones frecuentes con las autoridades y oficiales japoneses ligados a la organización, reciben impresiones cambiantes. Desde el otro lado del mundo les llegan mensajes optimistas o de desánimo en función de lo que impone la pandemia semana tras semana.

Tokio 2020: una postergación que traerá más tecnología

Más allá de la incertidumbre generalizada, la delegación argentina sonríe porque se garantizó la participación de ocho seleccionados, varias de ellos con el ticket atesorado en los Juegos Panamericanos de Lima 2019, una verdadera fiesta de medallas para el deporte nacional. Pero aquí hay un punto delicado: varios deportistas tenían previsto retirarse defendiendo la camiseta celeste y blanca en el Tokio 2020 original y ahora se vieron obligados a estirar un poco más sus carreras, con la consiguiente demanda extra de entrenamientos. Un puñado de Leones y Leonas, así como también Sebastián Simonet en el handball, Luis Scola en el básquetbol y Santiago Lange en el yachting -por citar solo tres ejemplos individuales- se imaginaban dando las hurras en agosto pasado. La edad les pesa cada vez más y las exigencias aumentarán, pero la regla rige también para cualquier veterano atleta internacional.

Hablando de retiros, Gerardo Werthein, presidente del COA y miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), anunció en octubre pasado que dejará su cargo en el COA tras los Juegos Olímpicos para promover una renovación. "Es momento de empoderar a las mujeres y a los atletas jóvenes", aseguró el dirigente, de 64 años. Con 12 años en la presidencia, les manifestó a los miembros del Consejo Ejecutivo que no se presentará a las próximas elecciones, en agosto o septiembre de 2021, aunque el estatuto se lo permitiría. Dentro de sus logros estuvo la constitución del Enard, del que también dejará de ser titular.

Con este bache que hubo que soportar en el almanaque deportivo, la Argentina buscará superarse y aumentar la cosecha de Río 2016, que dejó 3 medallas de oro (Pareto, Leones y Lange-Carranza) y una de plata (Juan Martín del Potro), pero todavía restan varias clasificaciones para engrosar las delegaciones participantes. Sucede que al momento en que se aplazaron los Juegos se había confirmado solo un 57 % de todas las plazas. Con el fin de adaptar los sistemas de clasificación para los cupos restantes al nuevo calendario olímpico, se actualizó el formato para la obtención de esos pasajes, aprobado por el COI y compartido con todas las federaciones internacionales. Así, entonces, se estableció una nueva fecha límite de clasificación: 29 de junio. Además, hay un nuevo plazo para las inscripciones finales, fijado para el 5 de julio. Desde hoy mismo se inició la carrera final rumbo a Oriente para muchos "soñadores" que animarán los Juegos.

La tecnología como elemento revolucionario es el máximo sostén que tienen los japoneses para el éxito de la cita. No será la primera vez que Japón utilice un gran contratiempo para resurgir como el Ave Fénix, más allá de que el embrujo olímpico volvió a contaminar su tierra. Los Juegos nunca se habían suspendido en tiempos de paz, y las autoridades asiáticas observan en retrospectiva sus porrazos olímpicos: a comienzos de la década del '30 habían presentado la candidatura de Tokio para los Juegos de 1940 como una forma para demostrar al mundo su reconstrucción tras el terrible terremoto de Kanto, que en 1923 dejó cerca de 140.000 muertos. Pero las incursiones bélicas en China derivaron en una presión diplomática que les quitó la sede.

En esta ocasión, el gobierno nipón había presentado a Tokio 2020 como los "Juegos de la reconstrucción", tras el sismo, el tsunami y la catástrofe nuclear de Fukushima, en 2011. Es más: de disputarse este año, habrá actividad en la golpeada región costera: el béisbol tendrá un escenario de fuerte carga emotiva. Seguramente, el mundo se deslumbrará con una asistencia de robots y vehículos autónomos nunca vista, además de otros recursos de última generación. Así y todo, la organización viene trabajando para unos Juegos más reducidos y menos ambiciosos, con una importante reducción de las entradas gratuitas, menos invitados oficiales, la supresión de algunas ceremonias y el intento de ahorro en mascotas y pirotecnia.

Dentro de este contexto, la postergación para 2021 generó un costo adicional de 2.400 millones de dólares. Semejante cifra disparó el presupuesto total a casi 16.000 millones de dólares. El sobrecosto se explica por los gastos generados por el retraso de la cita olímpica y por la inversión necesaria para garantizar todas las medidas sanitarias exigidas. El protocolo será prioritario. Y el entusiasmo popular ya no es el mismo: según un sondeo de julio, solo un japonés de cada cuatro quería que los Juegos se celebraran en 2021. La mayoría prefería un nuevo aplazamiento o directamente la anulación. Incluso, a partir de diciembre se reembolsaron 810.000 entradas compradas en Japón, el 18% de las vendidas en el país, según datos oficiales.

Tokio 2020 asoma como un "este año o nunca más". La fiesta de los cinco anillos no tendrá a Rusia -excluida por una cascada de trampas y de dopaje institucional- pero sí una fabulosa arquitectura de inteligencia artificial al servicio de los Juegos. ¿Qué pasará con el público? ¿Cómo se desarrollarán las pruebas, si es que se concreta la cita? Sujetos al comportamiento del virus, la palabra más temida en el mundo olímpico es "cancelación".