Tite, el inesperado “DT comunista” de Brasil

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Tite, el entrenador de la selección brasileña
Sebastián Domenech

Es 2015 y Tite, DT de la selección de Brasil, se emociona ante el discurso de Carmen Lucia. La ministra de la Corte Suprema fundamenta por TV su condena contra un político del PT del ex presidente Lula. Habla de “descaro, cinismo, inmunidad e impunidad” y dice que “el crimen no vencerá a la justicia”. “Carmen Lucía –exclama Tite mientras aplaude– un beso en tu corazón, mi admiración y mi respeto como ciudadano. ¡Estoy orgulloso de ti! ¡Muchas gracias!”. El propio Tite le cuenta al diario Globo que al escuchar a Lucia se sintió “orgulloso de ser brasileño”. No es habitual. Tite, en realidad, suele esquivar temas áridos, sus conferencias son aburridas, cultiva el bajo perfil y se la pasa trabajando. Todo cambió sin embargo en estos últimos días por su silenciosa postura crítica a que Brasil aloje la Copa América en medio de crisis política y pandémica. Pidieron su despido. Lo vincularon con Lula por una vieja foto. Al DT, célebre por su fama de moderado, le dijeron “comunista”.

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Católico de misa cotidiana, Tite encendía una vela y rezaba antes de cada práctica en Corinthians. Confesó que muchos años atrás retó a su hijo Matheus con una palmada en la mano y que jamás olvidó la desaprobación que recibió del vendedor de videos. Lleva cuarenta años casado y confiesa “gustos sencillos”: barbacoa, caipirinha, sertanejo y samba. Su nombre es Adenor Bacchi y su apodo era Ade. Pero Luiz Felipe Scolari, gaúcho como él y ex DT de la selección, le dijo en un examen que Ade no era un apodo para el fútbol y sugirió que adoptara el del amigo que lo acompañaba (Altemir Craver, el Tite original). Admira ante todo al italiano Carlo Ancelotti y también a Pep Guardiola, Diego Simeone, Carlos Bianchi y Johan Cruyff. Tite es un DT obsesivo. En 2015, Corinthians recibía en amistoso al Corintian-Casuals. Es un equipo inglés cuya leyenda dio origen a la fundación del equipo paulista. Pero juega en la séptima división, es absolutamente amateur y sus jugadores llegaron al partido tras noches de samba. Tite, sin embargo, mostró a sus jugadores en la pizarra el esquema táctico rival, qué jugador atacaba por la derecha, cuál por la izquierda, a quién marcar en el juego aéreo. No aceptaba perder ante un equipo aficionado.

“Tite comunista” fue hashtag unos días atrás. Fanáticos del presidente Jair Bolsonaro viralizaron al “DT militante” con gorro bolchevique y pin del Che. Tonteras al margen, a Tite lo criticaron funcionarios de peso. Rogerio Caboclo, presidente de la Confederación (CBF), ya había garantizado al gobierno su despido y reemplazo con Renato Portaluppi, bolsonarista seguro, dijo la prensa. Pero a Caboclo le estalló una denuncia de acoso y el que finalmente tuvo que irse fue él. Lo reemplaza su vice, “el coronel Nunes”, Antonio Carlos Nunes de Lima, 82 años, ex oficial del ejército y funcionario en dictadura. En Rusia 2018 fue el único dirigente de la Conmebol que eligió a Marruecos y rompió el pacto de votar a Estados Unidos como sede del Mundial 2026 (con México y Canadá). Es el mundo CBF.

Tite y los jugadores de Brasil, en días controvertidos por la organización de la Copa América en el país, pese a la complicada situación sanitaria por la pandemia de coronavirus
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Tite y los jugadores de Brasil, en días controvertidos por la organización de la Copa América en el país, pese a la complicada situación sanitaria por la pandemia de coronavirus (@CBF/)

Es cierto, hoy hasta al presidente Joe Biden algunos lo llaman comunista en Estados Unidos (o socialista, que allí es casi lo mismo). Comunismo igual a demonio gobernará también en Perú si se confirma el triunfo de Pedro Castillo, sindicalista docente, izquierdista conservador, un outsider complejo y contradictorio, esperanza de los más pobres. La candidata Keiko Fujimori hizo campaña con la camiseta del equipo nacional bajo el lema #PontelaCamiseta. Le respondieron a lo Diego Maradona: #Lacamisetanosemancha. Jugadores de la selección apoyaron en bloque a Fujimori. “No soy comunista, voto por la democracia”, dijo el volante Edison Flores. “Quiero un Perú sin comunismo y libre”, pidió Carlos Zambrano, defensor de Boca. A Castillo le dijeron senderista, marxista, incendiario y, ante todo, comunista. “Todos los días, todo el día”, me dice un colega. Un candidato pidió su muerte en una plaza pública. Directores de TV fueron echados por no querer subirse a la campaña. Solo faltó que a la demonización del candidato de izquierda se hubiese sumado Germán Láudano Rosales, “el Sinchi”, el inolvidable periodista corrupto que extorsionaba al Capitán Pantoja en Iquitos. Era “La Voz del Sinchi” de “Pantaleón y las visitadoras”, gran novela de Mario Vargas Llosa, el Nobel que olvidó sus viejas denuncias de corrupción contra Fujimori y, también él, pidió frenar al comunismo.

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Contra viento y marea, tras la fecha anoche de eliminatorias, y con Tite más confirmado que nunca, habrá finalmente Copa América a partir del domingo en Brasil. Argentina jugará dos partidos de primera rueda en Brasilia, en el estadio Mané Garrincha, homenaje al ex crack campeón mundial en 1958 y ’62. En 1964, apenas después del golpe militar, Garrincha y su pareja, Elza Soares, fueron puestos contra la pared en su casa de Río y amenazados con armas delante de tres hijos de la cantante. La casa fue ametrallada y decidieron irse a Italia. Mané, contó el biógrafo Ruy Castro, había trabado amistad con un vecino, el periodista José Poerner, militante del clandestino Partido Comunista Brasileño. Por eso, para la dictadura, Mané también era sospechoso de comunista.

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