Familiares de ejecutado tenían esperanza de que se suspendiera

Agencia EFE
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Hunstville (TX), 6 feb (EFE News).- Minutos antes de que el estado de Texas ejecutara este jueves al mexicano Abel Revilla Ochoa por asesinar en 2002 a cinco miembros de su familia, incluidas una hija de 7 años y otra de 9 meses, allegados guardaban la esperanza de que el gobernador levantara el teléfono y suspendiera todo.

"El gobernador puede hacerlo. Puede suspender esto. Dios quiera que salgan y nos digan que se suspendió", dijo Ana María Revilla, tía del condenado a muerte.

La familia de Revilla Ochoa dijo que no estuvo presente en el momento de su ejecución porque él se los había pedido.

"Le pido disculpas a todos los que ofendió mi sobrino. Espiritualmente ya tuvo mucho tiempo y ya él está preparado y listo para este momento. El quería vivir pero si ya no hay nada qué hacer, pues, la ley de la tierra no es la misma que la de Dios", dijo Juan Revilla, tío del ejecutado.

Ochoa, nacido en el poblado de Vicente Guerrero, Durango, fue declarado muerto a las 18.48 CT luego de recibir una dosis letal de pentobarbital en la sala de ejecuciones de la vieja prisión de Huntsville, cerca de Houston, según informó Jeremy Desel, portavoz del Departamento de Justicia Criminal de Texas.

Minutos después de culminado el proceso, el funcionario comunicó que las últimas palabras de Abel fueron: "Quiero pedir perdón a mis cuñadas por todo el daño emocional que les he causado. Las quiero a todas y las considero las hermanas que nunca tuve. Gracias por perdonarme".

En la sala de ejecución estuvieron familiares de Cecilia Ochoa, la que fuese esposa de Ochoa, incluida la madre, María de la Luz Alvarado, quienes dijeron que ni con su muerte se puede pagar la pérdida de cinco miembros de su familia.

El 4 de agosto de 2002, Ochoa, que había consumido crack, salió de su habitación pistola en mano y mató a tiros a su esposa, Cecilia, a sus hijas Crystal, de 7 años y Anahí, de 9 meses, a su cuñada Jaqueline y a su suegro, Bartolo.

Además, dejó herida de bala a otra cuñada, Alma, también hermana de su esposa, que logró escapar y avisar a la Policía, que lo detuvo minutos después. Ochoa siempre afirmó que no supo lo que había hecho porque se encontraba bajo los efectos del crack.

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