"Tenis blue": ante la necesidad y la falta de competencia nacional, torneos de incógnito, por plata y para sobrevivir

Sebastián Torok
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Tenis "blue": ante la necesidad y la falta de competencia oficial nacional, se están disputando torneos de incógnito y por dinero que sirven para motivar a los jugadores más desprotegidos.
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La necesidad en un sistema con limitaciones genera dos reacciones: la resignación o la búsqueda de alternativas creativas y soluciones, aunque sean momentáneas. Esto último adoptó una muy buena porción del tenis argentino. Frente a la desprotección y a la ausencia de certámenes nacionales desde marzo pasado por el brote de Covid-19, entrenadores y directores de academias -agotados de aguardar que la Asociación Argentina de Tenis lograra las autorizaciones oficiales del Gobierno- se pusieron de acuerdo para organizar torneos no oficiales para que jugadores, desde juniors de 14 años a profesionales que no consiguen viajar al exterior (hombres y mujeres), puedan competir. Son por dinero e invitación, están sucediendo sin llamar la atención desde hace semanas en algunos clubes de Buenos Aires y del interior del país, con los cuidados sanitarios y mucho esfuerzo. Es, por el momento, lo único que poseen.

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¿Cómo se disputan los torneos que algunos llaman "blue", haciendo un paralelo con el dólar que se compra en el mercado negro? Los participantes abonan una inscripción que suele ser de 2000 o 2500 pesos, de lo recaudado se separa un porcentaje para el alquiler de las canchas y la compra de las pelotas nuevas, y el remanente se destina para los premios (en un cuadro de 28 jugadores llegan a alcanzar un "prize money" de $ 30.000). No hay trofeos para los finalistas, pero los organizadores de turno sí entregan, en modo simbólico, remeras, rollitos de encordados o cubre grips. "Cosas que les sean de utilidad", le contaron a LA NACION. Hay un pacto entre los involucrados: no se publican fotos en las redes sociales y, dentro de lo posible, no se reenvían informaciones por WhatsApp. La confianza y el boca en boca es una suerte de código interno para proteger uno de los pocos bienes que tienen.

El tenis, especialmente el modo de singles, es un deporte que por su condición natural posee un mínimo riesgo de contagio de coronavirus. De igual manera, en los clubes donde se juegan estos torneos ocultos se respetan los protocolos ya incorporados a la vida cotidiana: hay barbijo, alcohol y distanciamiento social. No están abiertos los vestuarios, únicamente están habilitados los baños (pero no se pueden duchar), los jugadores deben concurrir con un máximo de dos acompañantes, llevar sus propias bebidas y en los partidos se utilizan pelotas nuevas. No hay alcanzapelotas, obviamente. Sí hay una persona que actúa de árbitro general e ingresa en las canchas únicamente cuando se generan discusiones por un pique. "Aunque no suele haber protestas, es la verdad. Hay mucha camaradería. Los jugadores están contentos, agradecen y valoran que se estén haciendo estos torneos", contó una entrenadora, orgullosa.

En los "torneos blue" que se juegan en el país, los jugadores abonan 2000 o 2500 pesos, se separa un porcentaje para las canchas/pelotas y el remanente es el prize money.
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¿Cómo está actuando la AAT? Según comunicó el vicepresidente primero, Mariano Zabaleta,la Asociación ya pidió la autorización para la realización de los torneos nacionales y le envió el protocolo sanitario al Ministerio de Turismo y Deportes (existe una línea de diálogo con Matías Lammens), que luego debería ser elevado al Ministerio de Salud. "No podemos mandarnos sin la autorización. El tenis es fácil de hacer, pero con los problemas que hay en cuanto a la salud no sabemos qué orden de prioridad tienen los torneos en la mesa de análisis", le reconoció Zabaleta a LA NACION. Los mismos entrenadores que están organizando estos torneos temporales tienen contacto con los dirigentes actuales de la AAT, claro. Escuchan las explicaciones y las aceptan, pero por lo bajo también consideran que la AAT no está haciendo "la fuerza suficiente" ante los distintos gobiernos para no generar disyuntivas y mantenerse en buenos términos con el ámbito político. "Tenemos contacto con la AAT, pero no activan. Creemos que se cuidan políticamente. Estos torneos que hacemos no son en contra de nadie, sino en favor de los jugadores", le expresó a LA NACION otro de los entrenadores que suele acompañar a sus jugadores a los torneos.

Silvana Palasciano, que tiene a cargo la organización de los tradicionales torneos femeninos nacionales, una rama que la AAT terceriza, este año solamente pudo concretar tres etapas entre febrero y marzo, en el club Obras Sanitarias. Tras la cancelación por la pandemia, Palasciano ya no pudo volver a poner en marcha estos eventos tan valorados por las chicas profesionales a nivel local y aguarda, con esperanza, la autorización de la AAT, que, mantiene la oficina de la calle Maipú cerrada (tras el decreto dirigido a las instituciones no esenciales para tratar de controlar el brote de coronavirus) y se unió al programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), lanzado por el Gobierno. Sus empleados siguieron trabajando de manera remota.

La falta de competencia nacional hizo que los entrenadores armaran torneos de incógnito por plata; mientras tanto, la AAT asegura que está esperando la autorización del Gobierno.
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La ausencia de torneos profesionales es un problema alarmante en la región: según varios entrenadores argentinos, chicas de entre 15 y 16 años, una edad crítica en el tenis en la que deben hacer un balance y proyectar el futuro, están dejando de jugar y se están inclinando definitivamente al estudio (los ya egresados del secundario ven el sistema universitario estadounidense como una opción tentadora). Por ello, los actuales torneos de "tenis blue" también están sirviendo de combustible y motivación para diversas tenistas que se habían cansado únicamente de entrenar. Los organizadores, con acierto, utilizan el sistema francés en los cuadros. ¿Cómo es? Los jugadores son colocados según el ranking: los mejores, por ejemplo, salen adelantados en los cuartos de final y de esa manera, teniendo en cuenta la variedad de participantes, se evita que uno "bueno" apabulle a un junior en la primera ronda, éste se frustre y no juegue más. "Muchas veces pasó que los más flojos veían con quién les tocaba debutar y daban walkover", le apuntó un coach a LA NACION. Además, se utilizó la Second Chance: todas las jugadoras que pierden son incorporadas a otro cuadro y de ese modo se logra que cada una jugara, como mínimo, tres partidos.

El tenis argentino, pese a sus limitaciones históricas, se las ingenió para producir jugadores. Pero dentro de un constante escenario general precario, la situación actual obliga a que la gente sobreviva y se desarrolle como pueda y no como debiera. Otra arista de la realidad del país que también afecta al deporte.