La tendencia mundial a la que apela el rugby de Chile para crecer 10 veces en dos años

Alejo Miranda
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Michael Black, promotor del rugby chileno, sueña a lo grande; quiere que los Cóndores se clasifiquen para disputar la Copa del Mundo y organizar un mundial en la región.
Michael Black, promotor del rugby chileno, sueña a lo grande; quiere que los Cóndores se clasifiquen para disputar la Copa del Mundo y organizar un mundial en la región.

Lo hizo el Seis Naciones, lo hizo Australia, también la Liga Celta. Los All Blacks están a punto de rubricar un acuerdo similar: la cesión de una porción de los derechos comerciales a una empresa privada. En Sudamérica, es la Unión de Rugby de Chile la que marca el camino.

“El objetivo es convertir al rugby en el segundo deporte en Chile”, cuenta Michael Black, asesor de la alianza de Chile Rugby con el Grupo 1190, la empresa que se quedó con 30% de sus derechos comerciales. ¿A cambio de qué? “Queremos hacer crecer el valor del rugby chileno 10 veces de ahora al próximo Mundial. Es súper importante la entrada de fondos de inversión porque se necesita la plata y el know-how que traen”.

Black, de 56 años, jugó al rugby en su país y en Alemania, fue futbolista profesional en Everton y Coquimbo Unido y lleva 30 años trabajando en la industria del deporte (FIFA, Juegos Odesur, Grupo Santa Mónica, entre otros). Destaca la importancia de la Superliga Americana (SLAR) en el crecimiento del rugby chileno y brega por una mayor competencia para los seleccionados de la región. En su nuevo rol procura potenciar el rugby en Chile, con la clasificación para el Mundial Francia 2023 como objetivo cumplible (en 2020 el seleccionado le ganó a Uruguay en el Sudamericano, y Selknam, a Peñarol en la SLAR), e impulsa la idea de organizar un Mundial en la región como motor del desarrollo.

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–¿Qué relevancia tiene esta Superliga Americana para el rugby chileno?

–Tiene un impacto enorme porque les da más competencia a nuestros jugadores; les da un ritmo profesional para cuando llega el momento de integrar la selección. Ha calado muy fuerte en los hinchas: el partido inaugural de 2020 contra Peñarol fue transmitido por ESPN y lo vio muchísima gente. En la segunda fecha, contra Ceibos, se jugó en el Estadio Nacional, justo antes de que se declarara la pandemia; nos habilitaron 6000 boletos y fueron vendidos todos. Hay identificación con el relato de los pueblos originarios de Selknam y con los jugadores chilenos. A pesar de que se suspendió el certamen, en las redes sociales se mantuvo vivo y se siguió vendiendo camisetas, y ahora la efervescencia es enorme.

–¿Qué beneficios les trajo que la primera etapa se jugara en Chile?

–Fue relevante para que la gente se diera cuenta del esfuerzo que está haciendo Chile Rugby para que sea el segundo deporte del país. Felicito a la Unión y a Sudamérica Rugby por la capacidad organizativa: hubo más de 300 jugadores en una burbuja y ni un solo PCR positivo. Es un gran aporte al desarrollo del rugby en Chile.

–¿El objetivo es convertir al rugby en el segundo deporte en Chile?

–El proyecto tiene tres grandes pilares: masificar el deporte y convertirlo en el segundo más importante de Chile; tener la aspiración legítima de clasificarse para el Mundial Francia 2023, y ojalá ir, y seguir trabajando en los centros de desarrollo Norte, Sur, Centro y Costa, que a fin de año juegan un Súper 4 en el que los mejores pueden mostrarse ante los seleccionadores nacionales. Finalmente, Chile Rugby realizó una asociación con el Grupo 1190 que tiene como finalidad hacer crecer el valor del rugby chileno 10 veces de ahora al próximo Mundial.

–¿Qué llevó a la Unión a asociarse con capitales privados?

–Chile Rugby entendió que necesitaba un socio que lo ayudara a que el rugby creciera. La tendencia mundial es aliarse con fondos privados de inversión en la propiedad comercial de clubes, uniones o ligas. Hace un año y medio el Grupo 1190 se acercó a Chile Rugby y se llegó a un acuerdo para formar este brazo comercial: el grupo toma la gestión comercial, de medios y de marketing con el fin de hacer crecer el valor del rugby chileno y recibe 30% de los beneficios comerciales. Se trata de un fondo privado que también gestiona la comercialización del seleccionado chileno de fútbol y lo llevó a ser el que más recauda en todo el continente, incluido el argentino.

–¿Qué beneficios le trajo en este año y medio?

–Estamos en un período de inversión. La pandemia ha golpeado a la industria, el sponsorship, los medios: es tiempo de sembrar y apostar fuertemente a campañas de marketing, redes sociales; de aumentar el conocimiento y la popularidad del rugby con cobertura de prensa e engagement en redes sociales. También hay una inversión y adelantos de flujos que le permiten a Chile Rugby navegar este momento duro. Es un socio con visión de futuro a largo plazo. Por lo pronto conseguimos un contrato con Umbro, que volvió al rugby después de 40 años. El primer gran contrato fue con el seleccionado de Inglaterra y el segundo en todo el mundo fue con Chile, lo que es bastante significativo. Hemos vuelto a jugar en grandes estadios; la producción del espectáculo se ve mucho mejor. Se está subiendo el valor del producto.

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–El ingreso de fondos privados al rugby es un fenómeno mundial...

–Si pescas la prensa internacional te das cuenta de que el ingreso de los private equities a clubes, ligas y federaciones es una realidad. Lo hizo Fiji; Australia ya aprobó hacer lo mismo que los All Blacks en cuanto a vender una porción del fondo comercial. NZ Rugby tiene que votar en abril la oferta del grupo Silver Lake que tiene sobre la mesa, de 400 millones de dólares por 15% de los derechos comerciales. El Seis Naciones y el Pro 14 hicieron lo propio con CVC; la Major League Rugby [MLR], de Estados Unidos, también. Es súper importante la entrada de fondos de inversión porque se necesita la plata y el know-how que traen. También es súper importante que las organizaciones sepan limitarlos. Muchos puristas levantan el brazo: no podemos venderles la camiseta. Tienen razón. Pero puedes vender una parte de los derechos por un término razonable, acotado en el tiempo y con cláusulas de salida claras. Hacerlo, pero hacerlo bien.

–¿Qué tan real es la posibilidad de jugar el Mundial?

–Lo más importante es que Chile tiene el sueño. Es una declaración de principios. Eso genera atracción de todas las fuerzas vivas detrás. Entrenadores, jugadores, uniones regionales... Nada da más fuerza que un sueño, una aspiración. El trabajo deportivo se basa en dos pilares: la profesionalización de un plantel de jugadores y un nivel de entrenadores que Chile no había tenido, encabezado por [el uruguayo Pablo] Lemoine, [el argentino Nicolás] Bruzzone y [el argentino Federico] Todeschini, que están dejándoles muchísimo a los jugadores. El tercer pilar es la competencia: la SLAR ha sido una gran contribución y seleccionado ha podido jugar más a pesar de la Covid.

"La tendencia mundial es aliarse con fondos privados de inversión en la propiedad comercial de clubes, uniones o ligas. Un fondo privado que gestiona la comercialización del seleccionado chileno de fútbol lo llevó a ser el que más recauda en todo el continente, incluido el argentino", destaca Black.
"La tendencia mundial es aliarse con fondos privados de inversión en la propiedad comercial de clubes, uniones o ligas. Un fondo privado que gestiona la comercialización del seleccionado chileno de fútbol lo llevó a ser el que más recauda en todo el continente, incluido el argentino", destaca Black.


"La tendencia mundial es aliarse con fondos privados de inversión en la propiedad comercial de clubes, uniones o ligas. Un fondo privado que gestiona la comercialización del seleccionado chileno de fútbol lo llevó a ser el que más recauda en todo el continente, incluido el argentino", destaca Black.

–¿Cuánto está creciendo el rugby en Chile?

–No tenemos data anterior como para medir, pero una de las cosas que sí se puede decir de Chile es que el rugby se masificó bastante. No es exclusivo de colegios ingleses. En cada una de las 18 regiones hay rugby. En el Gran Santiago hay 7,5 millones de personas y 29 comunas, y no hay una que no tenga rugby.

–¿Qué más necesita la región para crecer?

–Sudamérica Rugby tiene clarísimo esto y lo compartimos: necesitamos competencias estables en el tiempo y que los seleccionados jueguen más permanentemente en buen nivel. Que las eliminatorias sean todos contra todos, largas y con los países del Norte. Una Copa América con rotación de sedes, como en el fútbol. Hay que crear este sueño y que toda la región se meta detrás: la postulación para un Mundial en un futuro. Nada mete más recursos, energía y gente detrás que tener un sueño por alcanzar.

–¿Qué cambios introduciría para la Superliga 2022?

–Lo importante es, primero, consolidar la competencia. Que sea parte del calendario anual, que la gente la reconozca y la valore. Luego puede venir el aumento de equipos, incorporando quizás más franquicias argentinas. También es una buena idea lograr playoffs entre los dos mejores de la SLAR y los dos mejores de la MLR. Cuando el torneo se consolide, los clubes podrían traer jugadores de otros países como refuerzos. Hay muchas ideas.