El gran teatro del doping olímpico

Ezequiel Fernández Moores
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Ilustración de Eufemiano Fuentes, médico de “Operación Puerto”, el escándalo de doping más resonante en la historia del deporte español.
Sebastián Domenech

En la TV reaparece Eufemiano Fuentes, médico de “Operación Puerto”, el escándalo de doping más resonante en la historia del deporte español. El periodista Jordi Evole le pregunta si alguna vez asesoró a los médicos de Real Madrid. Fuentes se toma diez segundos. Sus respuestas no están en las palabras, sino en sus silencios y mímicas. “¿Qué extraño es todo no? Le mete usted un teatro a las cosas acojonante”, le dice Evole. “Gracias, tú tampoco lo haces mal”, responde Fuentes. A Real Madrid no le gustó el juego y ayer amenazó demandas. Pero el caso Fuentes va más allá de Real Madrid. Pone bajo sospecha de doping al boom del deporte español en los Juegos de Barcelona 92. Una semana antes, una sentencia judicial también abrió interrogantes sobre el éxito del deporte británico en los Juegos de Londres 2012. Aquí no hay documental de Netflix, FBI ni premio de Hollywood. Claro, sólo en Rusia hay doping de Estado. Icarus.

En la entrevista del último domingo, Fuentes cita a Fermín Cacho. Es un nombre histórico. Su triunfo en los 1500m de Barcelona 92, primer oro olímpico del atletismo español, sólo aparece superado en alguna encuesta por el gol de Andrés Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica. La imagen muestra a Cacho victorioso, con el ex rey Juan Carlos y banderas españolas en el estadio. Fuentes cuenta que él preparó a Cacho con “expansores de plasma, reductores de ácido láctico, estimuladores naturales de las hormonas testosterona y aminoácido”.

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Cuando en 2006 Fuentes cayó arrestado por “Operación Puerto”, la policía secuestró más de doscientas bolsas de sangre congeladas preparadas para autotransfusiones, bolsas de plasma y otras sustancias dopantes. Artista de los límites, Fuentes le admite a Evole que usó “medicamentos dopantes antes de que fueran prohibidos” y que hizo “trampa como todos”. Dice que “el sistema” le pidió “privacidad” y “resultados” (y que los controles antidoping, claro, no dieran positivo). Fuentes, que fue médico de la Federación de Atletismo y trabajó también con clubes de fútbol y con numerosos ciclistas, le aclara a Evole que no dará nombres. Porque si habla, dice, “caerían muchas medallas de Barcelona 92”. Amenaza lo mismo desde hace años. “El Rey del si yo hablara”, lo llamó el diario Marca el último lunes.

Médicos como Fuentes pasan de un deporte a otro. Así lo hizo también Richard Freeman, el médico inglés condenado hace dos semanas por la justicia y sospechado también él de doping. Antes de formar parte del mejor momento histórico del ciclismo inglés, Freeman trabajó en el Bolton Wanderers de Sam Allardyce, ex DT de la selección de fútbol de Inglaterra. La gloria le llegó a Freeman con los Juegos de Londres 2012 y los éxitos del “Team GB”. El ciclismo británico acaparó ocho medallas doradas. ¿Hace falta recordar los titulares de prensa? ¿Las imágenes del entonces alcalde Boris Johnson flameando banderitas inglesas e iniciando la campaña que lo convertiría en primer ministro? ¿Y la del ciclista Bradley Wiggins cruzando la meta y luego designado Sir? Inevitable releer hoy el libro que Freeman publicó en su momento dorado. Lleva prólogo de Allardyce. Y elogios amplios de Wiggins: “El doctor Freeman es un hombre de gran integridad”.

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La Agencia Mundial Antidoping (AMA o WADA en inglés) anunció días atrás que por el caso Freeman abrió una investigación formal sobre la Agencia Antidoping del Reino Unido (UKAD). Los especialistas son escépticos. ¿Acaso sucedió algo tras las revelaciones sobre el abuso de las excepciones terapéuticas (TUE) que concede el reglamento de la WADA para que campeones curiosamente asmáticos como Wiggins puedan consumir fármacos prohibidos? “¿Qué podemos creer todavía de esta época dorada?”, se preguntó el sábado pasado el Daily Mail, a doble página, con imagen gloriosa de Londres 2012. El periodista Oliver Holt recordó que ya en los Juegos de Seúl 88 el Comité Olímpico de Estados Unidos tapó controles internos nada menos que de Carl Lewis, apuntó contra UKAD y se preguntó “en qué podemos creer” si los propios “organismos de gobierno miran para otro lado”.

Peor aún, el especialista Roger Pielke escribió en esa misma doble página que UKAD “podría poner a Gran Bretaña junto a Rusia en la galería de delincuentes que infringen las reglas” porque “algo similar sucedió” con los Juegos de Sochi 2014 y las denuncias del médico arrepentido Grigory Rodchenkov. La diferencia, sonríen en Rusia, es que mientras los Fuentes de España y Freeman de Inglaterra son condenados, Rodchenkov, en cambio es un héroe de Icarus y sus acusaciones provocaron sanciones masivas hacia todo el deporte ruso. Barcelona 92, añaden en Moscú, ya fue hace mucho. Y a Londres 2012 le quedan apenas dos años para prescribir. ¿El “teatro” del doping olímpico? “Acojonante”, como le dijo Evole el domingo pasado a Fuentes, el médico que se atribuye parte de los éxitos de Barcelona 92, Juegos inolvidables, incluyendo el truco del arquero paralímpico (Antonio Rebollo) cuya flecha “encendió” el pebetero olímpico. En la web, un periodista enfureció con Fuentes y resaltó el triunfo “limpio” del atleta Fermín Cacho. “Sí”, le respondió un forista, irónico, “y Antonio Rebollo lanzó la llama olímpica en una flecha y encendió el pebetero”.