El gato que selló la reconciliación de Taylor Swift y Katy Perry

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Taylor Swift y Katy Perry se reconciliaron después de varios años de drama. El hacer las paces no fue de la noche a la mañana, tomó tiempo y la intervención de uno de los gatos de la intérprete de “Bad Blood”.

Katy Perry y Taylor Swift en 2011. (Photo by Kevin Winter/AMA2011/Getty Images for AMA)
Katy Perry y Taylor Swift en 2011. (Photo by Kevin Winter/AMA2011/Getty Images for AMA)

En una entrevista radial la prometida de Orlando Bloom confesó que ella dio el primer paso hacia la reconciliación. Las cantantes se habían enemistado después que Swift alegara que Perry le robó unos bailarines de su tour en 2013. Sin mencionar el asunto, Perry aceptó su rol en la discordia.

Ella comenzó con enviarle a Swift una rama de olivo con una nota de disculpa justo al inicio de la gira “Reputation”. “Pensé que ella estaba a punto de embarcarse en algo muy grande y necesitaba el apoyo”, explicó. “Después de haber completado el mío, me di cuenta de que teníamos mucho en común y que tal vez otras cinco personas en el mundo pueden tener el mismo tipo de conversación y entendernos. Debemos celebrar lo que tenemos en común y brindarnos apoyo”.

Perry dijo que pasó algún tiempo y luego comenzó a toparse con Swift en eventos. “Decidí ir hasta ella y decirle que ha pasado mucho tiempo y que ambas hemos crecido. Me quería disculpar y decirle que estaba ahí para ella, que la quería mucho y que esperaba que pudiéramos ser amigas en el futuro”.

El gatito de la paz

Poco a poco, comenzaron a hablar y compartir mensajes de texto hasta que decidieron hablar del asunto. Swift la invitó a su casa y horneó unas galletas que Perry describe como deliciosas. Pero Perry le había dicho que de la única forma que aceptaba ir a su casa era si la dejaba cargar a su nuevo gato. Swift aceptó y ambas lo tomaron como una demostración de confianza.

Swift ha tenido varios desacuerdos públicos con otras celebridades, al punto que algunos la etiquetan como quejumbrosa y complicada. Pero Perry básicamente admitió que sí se robó a los bailarines y que fue su culpa el distanciamiento entre ambas.

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