Tadej Pogacar escribe la historia sobre ruedas con una misión en la vida: divertirse

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Tadej Pogacar sonríe en el recorrido triunfal en Champs Elysees, en Paris
Christophe Ena

Ríe. Sobre todo, cuando vuela sobre ruedas: ríe y tiene esa intransferible sensación de libertad, con el viento sobre la cara. Tiene 22 años y nació en Komenda, un municipio de Eslovenia, suerte de antiguo centro eclesiástico. Sin embargo, Tadej Pogacar tiene una religión exclusiva, de manubrio y dos ruedas ágiles, en pista y en ruta. Ríe cuando tiene que contar qué pasa por su cuerpo esbelto, con esos ojos celestes. Ríe cuando excede esa sonrisa casi permanente de oreja a oreja.

Acaba de rubricar la victoria en el Tour de Francia, en un paseo triunfal por los Campos Elíseos este domingo, pero no se le mueve un pelo. No tiene presión, ansiedad, estrés. Sólo quiere divertirse, dice. “Afronto estas competiciones como cuando jugaba con mis hermanos. Siempre quiero ganar, pero lo hago para divertirme. Me gusta el deporte, medirme con otros, gane o pierda. Pero siempre tratando de disfrutar. El ciclismo es un deporte magnífico”, comenta el competidor más joven que suma dos victorias en la carrera máxima Más calmo que hace un año, cuando contra todos los pronósticos y en el penúltimo día, inesperadamente, volcó la prueba en su favor en una contrarreloj y encaminó su primer triunfo en el Tour. Historia viva, que recién empieza y ya está bañada de gloria.

El esloveno Tadej Pogacar, con la camiseta amarilla de líder general del Tour
El esloveno Tadej Pogacar, con la camiseta amarilla de líder general del Tour

“Estoy acostumbrándome a todo esto. Para mí no es fácil, pero a fuerza de hacerlo estoy empezando a aceptarlo. Sigo siendo joven y, para mí, es clave divertirse. Si no lo consigo, no vale la pena dedicarse a esto”, insiste ante los incrédulos, según la agencia EFE.

Este domingo terminó 72 en la última etapa, que se adjudicó el belga Wout van Aert, con 2h39m37s en el recorrida por París.

El paseo triunfal por Champs Elysees

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Los 108,4 kilómetros entre Chatou y París fueron sólo un trámite para el esloveno que repitió la gloria, con el cierre habitual en la avenida de los Campos Elíseos, bajo el sol del verano y a pesar de la pandemia. Recuerda la joven estrella cuando era un niño y no soñaba con tener la primera pelota. Era una bicicleta verde. Él tenía tanto entusiasmo que el regalo le duró sano un suspiro: Tadej se cayó a los cinco segundos. Fue un golpazo. Luego, con el tiempo, se convirtió en un artista. “Corría horas y horas con mi hermano, por carreteras locales, siempre a tope para ver quién ganaba. Nunca olvidaré mi primera bici...”, explica, ahora. Así la llama: “la bici”. El deporte desde el más genuino espíritu amateur.

Considerado la mayor de las nuevas grandes referencias del ciclismo mundial, por encima de Remco Evenepoel, Pogacar rechaza los paralelismos con otras estrellas. Y el belga Eddy Merckx, una leyenda del Tour, dueño de cinco coronas y considerado por especialistas como el mejor de todos los tiempos en el ciclismo, define al esloveno como... “el nuevo caníbal”.

“No me gustan las comparaciones. Cada corredor es único, tiene su personalidad. No me considero un jefe. Estoy aquí para correr y divertirme en la bici. Por el momento no me comparo con nadie. Es cierto que a lo del año pasado no lo esperaba ni yo, y me habría conformado con un segundo puesto. Este año he tenido más presión, más demandas de los medios. Todo eso cansa un poco más”, señala, siempre con una sonrisa.

Pogacar es el bicampeón más joven de la historia del Tour de Francia.
Pogacar es el bicampeón más joven de la historia del Tour de Francia. (ANNE-CHRISTINE POUJOULAT/)

Así como el año pasado la pandemia le impidió celebrar a lo grande y por un buen tiempo el Tour, este año lo harán los Juegos Olímpicos de Tokio, ya que este domingo, tras subir al podio de París, tomará un avión rumbo a Japón. “Será difícil a causa del cansancio acumulado, de la diferencia horaria y del calor y la humedad”, advierte sobre su actuación olímpica.

Allan Peiper, su entrenador, fue a verlo este sábado por primera vez. Su pupilo, un pequeño genio del ciclismo, se emociona hasta las lágrimas: el cerebro detrás del músculo no había podido asistir, porque trata de superar una dolorosa enfermedad. “Verlo es grande. Desde que lo conocí, hace tres años en Australia, nuestra relación ha sido muy intensa. Es un gran director. Me ha enseñado mucho, de la vida y del ciclismo. Tiene una gran influencia en mí. Verlo esta mañana, ver que se encuentra mejor, son algo muy emotivo. Yo estaba muy contento de que él estuviera aquí”, cuenta Pogacar.

El entrenador lo conoce tan bien que le devuelve la misma sonrisa, aun en tiempos complejos. “Es tal cual: Tadej crea sus propios objetivos. Ganó el Tour de Emiratos Árabes Unidos, la Tirreno-Adriático, la Lieja, y ahora ganará el Tour. Puede ganar en muchos terrenos diferentes, pero él tiene un solo objetivo central: divertirse”. Confirmado. Tadej Pogacar se divierte. ¿Cómo no hacerlo, además, con tantos trofeos grandes?

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