Tabárez se le plantó a la FIFA y lanzó la arenga: "Vamos que vamos"

RíO DE JANEIRO.- Fueron 14 minutos de un monólogo en el que Oscar Tabárez sólo se ayudó de la guía de unos apuntes para que su exposición tuviera un hilo, un orden. Impuso condiciones, cambió el protocolo que la FIFA maneja para este tipo de conferencias de prensa: dijo que no iba a aceptar preguntas. Dejó en ayunas y con las ganas a unos pocos periodistas ingleses sentados en la primera fila, a los que él identifica como los principales instigadores mediáticos del "caso Luis Suárez". Si habitualmente su sonrisa es una mueca apagada, el rostro del Maestro Tabárez ayer transmitió mayormente tristeza y pesadumbre. Era un hombre acongojado. Aun con fama de duro, quizá fue uno de los tantos que enjugaron lágrimas cuando en la concentración en Natal les llegó la noticia de la sanción de 9 partidos y cuatro meses, una condena que los obligó a despedirse de Suárez, ya de regreso en Montevideo.

Tabárez compareció en la solemne sala como si viniera de sufrir una eliminación, en vez de estar en las vísperas del trascendente partido de hoy ante Colombia, por los octavos de final del Mundial. Y nada menos que en el Maracaná, escenario al que Uruguay llegó a la final de 1950 como un convidado de piedra, subestimado, y salió como el protagonista de una proeza que vuelve una y otra vez desde el más allá. Ahora el seleccionado charrúa regresa golpeado, incompleto, debilitado por la "extradición futbolística" de su goleador histórico. Como si no viniera de conseguir una clasificación ante Italia con algunos de los ribetes épicos que van en su identidad.

Uruguay, Maracaná y Mundial es una combinación que parece que no puede dar un resultado normal, convencional. Es una fórmula explosiva. Lo fue hace 64 años con un 2-1 a Brasil que tuvo una onda expansiva que nunca se extingue. Lo es ahora, aun sin haberse disputado el partido, con el duro castigo al delantero del Liverpool como detonante.

De no ser por el repiqueteo de las cámaras fotográficas para captar los gestos más expresivos del Maestro, el clima de la sala se podía cortar con un cuchillo. Había ambiente de funeral, moderado por el tono monocorde y firme del director técnico. Ni una consideración táctica o técnica sobre el encuentro con Colombia. Ni bien se acomodó en el asiento sobre el estrado, el Maestro dijo que iba a hablar de "un tema excluyente", "un tema principal". Lo único que en las últimas horas les "ocupó la mente" y los mantiene "conmovidos".

No justificó la dentellada de Suárez sobre el hombro del zaguero italiano Giogio Chiellini y admitió que tras ver las imágenes por la televisión esperaban una sanción, a la que una vez conocida calificó de "una severidad excesiva". Explicó por qué cree que al delantero se lo uso de "chivo expiatorio" y para el cierre anunció un hecho de alto contenido práctico y simbólico para acompañar su discurso: afirmó que va a renunciar a todos los cargos que posee en la FIFA como instructor de cursos e integrante de la Comisión de Técnica y Estrategia: "No es prudente coincidir en una organización con personas, las que presionaron para promover este fallo y las que lo sancionaron, que manejan criterios, procedimientos y valores distintos a los que yo creo tener".

Utilizó la figura "artillería mediática" para referirse a la presión ejercida sobre la Comisión Disciplinaria. Se declaró un acérrimo defensor del Fair Play y expuso las condecoraciones que lo avalan: "La Orden de la FIFA (máximo galardón que otorga el organismo) y de la Unesco, que me declaró campeón del deporte. Distinciones que agradeceré infinita y eternamente". Con esa autoridad, y sintiéndose orgulloso de ser un entrenador "producto del fútbol uruguayo", desarrolló su tesis del chivo expiatorio: "Todos sabemos dónde está el poder. No se discute que el poder lo tiene el organizador, pero eso no significa aceptar el uso indiscriminado de ese poder. Como entrenador y docente que he sido, se me presenta la teoría del chivo expiatorio: dar un castigo ejemplarizante sin importar que sea excesivo a quien comete una falta y no un delito, para que el colectivo (o sea quienes reciben el mensaje) sepan qué es lo que está bien y qué mal, qué debería hacerse y qué no. En el fundamento estamos de acuerdo, obviamente, pero hay un peligro en esta forma de proceder y es que se olvida muchas veces que el chivo expiatorio es una persona que tiene derechos".

A esa persona con derechos (Suárez) le envió un mensaje: "Deberá recorrer el camino ya recorrido (en relación a sus otros dos episodios de mordeduras), intentando ser mejor, para lo cual jamás va a estar solo". Sólo en la alocución de despedida se permitió un más encendido, como si al fin empezara a jugar el partido de hoy: "Y a los aficionados uruguayos, que obviamente igual que nosotros están conmovidos con la resonancia de esta sanción, decirles que estamos heridos, pero con una fuerza increíble y con muchísima rebeldía. Entonces, más que nunca para el partido de mañana, ¡vamos que vamos!".

un vínculo que continúa "intacto"

"Nuestra relación con Suárez permanece intacta'' , informó la firma Adidas, que expresó que no aprueba su conducta por la defensa de "los altos estándares que esperamos de nuestros jugadores".

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