El superprofesional rugby tiene muchos especialistas; hacen falta más formadores

Jorge Búsico
lanacion.com

El deporte superprofesional, al cual el rugby se viene sumando en los últimos años, ofrece cada vez más elementos desde fuera para intentar perfeccionar lo que luego ocurre dentro de una cancha. Una nota publicada en The New York Times cuenta, por ejemplo, que el director técnico alemán Jürgen Klopp dispuso en el staff del Liverpool reciente campeón de la Champions League de un físico teórico -¡que analiza datos sin ver los partidos!-, un astrofísico y un ex campeón juvenil de ajedrez con un posgrado en matemática. Además, el club inglés recurrió para trasladar al fútbol a experiencias de otros deportes, como el béisbol y el fútbol americano. Son las nuevas y sofisticadas vitaminas que se le están suministrando a la corpulencia que significa la alta competencia y que en ocasiones puede no dar resultados, pero que es innegable que acompañan a los grandes campeones de cualquier disciplina.

El rugby también explora esos extras que pueden llevar a mejorar el rendimiento que traen los entrenamientos, las tácticas, el talento, la fuerza, el ánimo y, claro, un factor que siempre está y que es inmanejable: el azar. El australiano Eddie Jones, actual entrenador del seleccionado inglés, rival de los Pumas en la próxima Copa del Mundo, es uno de los más fieles exponentes de esa búsqueda. Ha recurrido a Pep Guardiola para aprender de esquemas del fútbol y del uso del pie, se metió dentro de un equipo del Tour de Francia para incorporar conceptos de la resistencia y acudió a campos de atletismo para entender los sistemas de los velocistas. Los neozelandeses, en cambio, trabajan como nadie la cuestión mental. Su coach de aptitudes mentales, Gilbert Enoka, es tan importante como el head coach, Steve Hansen.

Mario Ledesma está buscando darle una impronta no solo a los Pumas, sino al resto de los seleccionados. Un nuevo ADN. Para ello viene trabajando en lo que es la identidad de un equipo profesional argentino. En el podcast de Juan Pablo Varsky, el exhooker contó en una muy buena entrevista que Nicolás Fernández Miranda, su otra mano en los Pumas, acudió a recibir experiencias de César Luis Menotti y de Alejandro Sabella. También el staff compartió jornadas con el ex basquetbolista Pepe Sánchez.

El rugby argentino tiene otra rama, la de los clubes, donde decenas y decenas de anónimos voluntarios cumplen desde siempre una tarea fundamental: no sólo enseñarles a los chicos a pasar la pelota hacia atrás o a tacklear, sino a formarlos dentro de los parámetros de vida que conserva el rugby y que han llevado a este deporte a salir de sus fronteras con cada vez más equipos en cárceles, en sectores carenciados o en personas con distintas discapacidades. Porque es un juego que lo puede practicar cualquiera. Sigue siendo eso. Están los que se lucen, que son los menos, y los muchos otros que permiten que cada fin de semana se cultive un espacio para divertirse y ganar amigos. Que importa jugar bien, claro. Que importa la victoria, claro. Pero el fin es otro. Al menos todavía.

"Necesitamos más formadores y menos especialistas", dijo hace unos días Hugo Porta en un reportaje que le realizaron en el programa de radio Danza con Rulo, conducido por tres hombres de rugby (Raúl Taquini, Marcos Ortiz de Rosas y Alfredo Celesti). Algo de eso es necesario; apuntalar más el área formativa, sin dejar de lado la alta competencia. Marcelo Mariosa, un retratador del rugby que publica asiduamente una columna en Facebook -"La pluma del ruck"-, escribió sobre los clubes: "La verdadera finalidad del juego, que siempre tiene dos resultados posibles y uno menos probable, es la educación del jugador, la socialización de todos los participantes y la entrega y recepción de herramientas que servirán, sin duda, para la vida misma". El título de ese post es toda una definición: "Somos ricos".

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