La Superliga se intenta imponer en las redes sociales usando tácticas de Trump

Luis Tejo
·6  min de lectura
Florentino Pérez, de pie y con la mascarilla bajada, en el palco de Valdebebas
Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y de la nueva Superliga. Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

Con respecto al proyecto de la Superliga, la competición cerrada para los clubes europeos de élite que se quiere implantar y que en España tendría la participación del Real Madrid, el Barcelona y el Atlético, los promotores tendrán que reconocer una cosa. Más allá de que la idea sea mejor o peor, han de admitir que no han empezado con buen pie. Porque se han encontrado con la hostilidad, cuando no la oposición radical, tanto de los equipos que no forman parte de ella (incluyendo algunos que, por potencial deportivo, tendrían más méritos que algunos de los que sí que están) como, sobre todo, de muchísimos aficionados.

Y eso que lo han intentado. El bloque elitista aparentemente habría tratado de generar desde el primer momento una corriente de opinión favorable a sus intereses. Y no se habría cortado a la hora de utilizar estrategias de dudosa ética, comparables a las empleadas en campañas políticas de ultraderecha como la del antiguo presidente estadounidense Donald Trump.

Lo ha desvelado el tuitero Julián Macías Tovar, que se define como "activista contra la desinformación digital" y gestiona la página Pandemia Digital, dedicado a la lucha contra los bulos y la manipulación en la red. Su análisis demuestra que se lanzó una campaña encubierta para generar un clima positivo con respecto al futuro torneo. Para ello se recurrió a técnicas como la falsificación de cuentas de usuarios y el bombardeo masivo de mensajes favorables con intención de condicionar los algoritmos.

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Macías asegura que se utilizaron miles de bots, es decir, usuarios detrás de los cuales no hay ningún ser humano real, ilustrándolos con fotos genéricas de futbolistas para dar la sensación de que sí se trata de espacios auténticos especializados en deporte. Estos se dedicaron a repetir de forma constante una misma frase: "the super league is a good idea". Es decir, "la Superliga es una buena idea" en inglés.

"Las cuentas que hicieron más tuits con esa frase no tienen una actividad habitual. Repetir 100 veces la misma frase en tuits y respuestas es anómalo", indica Julián. El asalto empezó el mismo lunes 18 de madrugada, apenas minutos después de que el Real Madrid y otros equipos involucrados hicieran oficial el anuncio

Se repitió muy a menudo una variante un poco más elaborada de la frase, añadiendo la coletilla "and will revolutionize football" ("y va a revolucionar el fútbol"). Después se indicaba "Only small clubs like (1) and (2) are worried", es decir, "solo equipos pequeños como (1) y (2) están preocupados"; para darle apariencia de legitimidad, la identidad de estos clubes cambiaba en función de a quién fingía apoyar el bot (por ejemplo, uno que se hacía pasar por seguidor del Manchester United criticaba al Liverpool y al Arsenal). A continuación, invariablemente, "I speak for everyone when I say YES to the European Super League", que se traduce como "hablo por todo el mundo cuando digo SÍ a la Superliga Europea".

Los mensajes procedían mayoritariamente del Reino Unido, pero, aunque estaban siempre en inglés, había publicaciones similares abundantes desde otros rincones de Europa. Resulta significativo, por ejemplo, que muchos de estos bots tuvieran configurada su ubicación en París, sede del PSG que todavía no ha firmado su adhesión al campeonato pero que, por potencial económico, es uno de los principales candidatos. También llama la atención que abundantes tuits en este sentido se originaran en diversas localizaciones en los Estados Unidos.

Donald Trump sonriente en un atril durante un mitin de su campaña electoral
Donald Trump dando un mitin durante su campaña electoral el pasado octubre. Foto: Chip Somodevilla/Getty Images.

A priori podría pensar que una campaña de este tipo no es una idea demasiado brillante. A poco que estemos atentos a su forma de escribir, es fácil detectar si un tuitero es una persona de carne y hueso o un robot programado. Además, en principio, se supone que nadie va a cambiar la idea que tenga sobre un tema por ver un mensaje en la red emitido por un desconocido.

Sin embargo, el truco sí que funciona. Primero, porque la mayoría de los usuarios de Twitter tienen configurado su timeline (la lista de tuits ajenos que le aparecen a cada uno en la sección principal de la aplicación) no por temporalidad (los más recientes primero), sino por relevancia. El algoritmo que se encarga de determinar qué es más relevante tiende a considerar que lo que más se repite tiene más interés, por lo que, a través de retuits y megustas, se lo acabará mostrando a más gente. En psicología, y en márketing, está más que demostrado que la repetición constante de un mensaje ayuda a que acabe calando en la mente, aunque a priori no nos generara ningún interés o incluso nos causara rechazo. 

Influye además la identidad (real o, como en este caso, fingida) de quien lanza la idea que se quiere instalar en la cabeza del destinatario. De manera más o menos consciente, asumimos que algo que nos llegue por cauces institucionales será la opinión oficial de quien es parte en el asunto correspondiente, así que adoptaremos las precauciones oportunas con respecto a su credibilidad. Sin embargo, si nos lo cuenta alguien a quien percibimos como similar a nosotros, en este caso otro aficionado, entendemos que no está obteniendo ningún beneficio y por tanto tendemos a fiarnos más.

Y son muy escasos los usuarios de las redes que se paran a comprobar si quien les está contando algo es o no de fiar. Precisamente por eso muchos intentos de manipulación electoral en la historia reciente están recurriendo a este tipo de artimañas. Recientemente, por ejemplo, vimos que se crearon abundantes cuentas falsas de supuestos "afroamericanos que votan a Trump" para intentar condicionar el voto de la población negra. Se trataba de perfiles ficticios ubicados en lugares como Rumanía, que repetían masivamente el mismo mensaje y que utilizaban como foto de perfil imágenes de ciudadanos americanos obtenidas de las noticias; por burdo que pueda parecer, algunas de las publicaciones que hicieron incitando a votar por el hasta hace poco presidente llegaron a superar los 260.000 retuits, y varios de los usuarios fraudulentos contaban con decenas de miles de seguidores.

¿Funcionará? Quién sabe. Trump perdió las elecciones del pasado noviembre, aunque es cierto que había ganado las anteriores. De momento, a los promotores de la Superliga les han pillado el truco; veremos si lo intentan otra vez o si prueban con argumentos más elaborados. Sí que hay una cosa clara: si consideran necesario recurrir a este tipo de métodos y manipulaciones, es porque ni ellos mismos deben de estar muy convencidos del producto que venden.

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