La Superliga y el coronavirus: el día que el fútbol argentino puede quedar a contramano del mundo

Alejandro Casar González
lanacion.com

Mientras termina de jugarse la primera fecha de la Copa Superliga, los dirigentes del fútbol argentino se llaman entre ellos. River tiró la primera piedra el viernes y el efecto dominó, pese a las certezas de las autoridades, continuó. Algunos clubes, como Godoy Cruz y Unión de Santa Fe, deciden cerrar sus puertas y blindarse contra el coronavirus, porque además deberán pasar 15 días hasta que el fixture del torneo los haga jugar de local. En paralelo, los capitanes de primera se autoconvocan a una reunión en la sede de su gremio: Futbolistas Argentinos Agremiados.

AFA y Superliga nunca quisieron parar la pelota. Solo lo harían si el Poder Ejecutivo corría con el peso de la decisión. El presidente Alberto Fernández, sin embargo, recalcó que los partidos podían jugarse a puertas cerradas. E incluso resaltó la importancia de ver fútbol por TV abierta. Agremiados habló el viernes, a través de su secretario general, Sergio Marchi y confirmó que la Copa Superliga se jugaría como estaba previsto. Incluso, ninguneó a un grupo de médicos que habían pedido la postergación de los partidos por el riesgo de contagio ante la pandemia de coronavirus. Traducido: Marchi jugó para la AFA, la Superliga e, indirectamente, avaló la decisión del Gobierno de permitir partidos a puertas cerradas.

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Los planteles tienen la decisión tomada de parar el fútbol. La mayoría de los jugadores que se expresaron sobre el coronavirus pidieron la cancelación de la actividad. Así como los dirigentes se escriben por Whatsapp, ellos también lo hacen. Y fijaron una fecha y. un lugar: el miércoles a las 18 en la sede de Agremiados. Allí donde el sillón de secretario general le pertenece a Sergio Marchi. Los futbolistas, que se sienten en riesgo, entendieron que frenar el fútbol depende de ellos. Más cuando según pudo averiguar LA NACION, Bolivia y Chile, los dos países que quedaron con la pelota en movimiento, decidirán en las próximas horas la suspensión de la actividad. Si sigue adelante, el fútbol argentino se expone a un offside mundial.

Mientras los capitanes de primera se escribían y fijaban la reunión del miércoles, las redes sociales de AFA y Superliga anunciaban la suspensión de la actividad para juveniles e infantiles. De todas las categorías. La principal diferencia entre esos grupos y la primera división son los cerca de $5500 millones que pagarán los dueños de los derechos de TV para transmitir los partidos durante 2020. Y el pedido gubernamental para que la pelota siga en movimiento, con todos los recaudos que ya se anunciaron.

"Esto va a seguir así hasta que tengamos un positivo en el fútbol", razonó un directivo, en estricto off the record. La pregunta es si hace falta esperar a que eso ocurra. Es cierto es que, si la pelota se para, la TV no paga y los jugadores, muy probablemente, no cobran sus sueldos. Hay clubes de primera que tienen calzado el gasto del plantel profesional con el ingreso que reciben de la (todavía viva) Superliga. Sin ese dinero van camino al default.

"Todavía tenemos que ver la letra chica del anuncio de Alberto", expuso la misma fuente. Y agregó: "El fútbol necesita al que corta el pasto y, también, a los choferes de los micros que llevan a los planteles a los estadios. Nadie sabe si van a trabajar". Los dirigentes, que analizan todas las variables y están, a veces, varios pasos adelante, también fijaron su propia reunión para el miércoles. Para ese día, la primera fecha de la Copa habrá concluido. Y el Gobierno habrá terminado de comunicar todas sus medidas para frenar (o enlentecer) la pandemia. Los directivos, que quieren jugar para evitar males mayores a sus clubes, ya saben que la postura de los futbolistas es parar la pelota. Todo apunta hacia un divorcio. El miércoles será un día clave en la AFA. Otro. Como tantos en los últimos años.

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