Supercopa de España: por qué Simeone ganó el duelo y lo que dijo Messi tras la derrota

Ariel Ruya
lanacion.com

Atlético de Madrid quiebra el cero en el primer vistazo de la segunda mitad, una obra de Koke, recién ingresado, a los 17 segundos. Cuatro minutos después, Leo Messi -de a ratos, juega como el auténtico rey del fútbol-, pelea una pelota con alma y vida y define de derecha. Más tarde, y en el primer capítulo, también, Barcelona ofrece el mejor repertorio en largos meses de nostalgia. Leo convierte un golazo, anulado por el VAR. Griezmann, de cabeza y con la ley del ex bajo el brazo, sella el 2-1. Barcelona vuela, el Aleti extravía el libreto del cerrojo. Se espía una goleada. Piqué convierte en una jugada de laboratorio -tiro libre de Messi, exigencia al máximo de Vidal, que lanza un centro en el aire-, pero la tecnología se entromete: hay una milimétrica posición adelantada del chileno.

Del hipotético 4-1, al libre albedrío que establece el fútbol, el juego en el que cualquier cosa puede pasar. Ahora, con el video, que ignora, en el camino, un -supuesto- penal para Barcelona por una infracción sobre Vidal y un -supuesto- penal para Atlético de Madrid, por una mano de Piqué. Faltan diez minutos. Nadie imagina un final traumático, como Roma, como Anfield. Barcelona es débil en templanza, pero su juego, al fin, ofrece garantías. Leo está en modo Messi versión 2019: corajudo, peleador -se pone cara a cara con el joven João Félix-, desatado, goleador -31 goles en 40 partidos sobre el Aleti- y con retazos de crack, el que nunca dejó de ser.

Diez minutos. Simeone, precisamente, no es un fanático del atrevimiento. No le queda otra: hay que atacar y, probablemente, el equipo catalán lo resuelva con la estocada final. Error. Penal de Neto sobre Vitolo. No hay duda ni polémica, por primera vez: hasta acierta José González, el juez. Lo convierte Morata, un ex Real Madrid. Faltan cinco. Barcelona levita; Atlético, ahora sí, tiene el cuchillo entre los dientes. Angelito Correa lo define cinco minutos más tarde, con el corazón en la mano, dispuesto a abrazarse con el mundo entero. Del otro lado, el Cholo, de volátil temporada, al mando de un equipo que había perdido el colmillo, lo grita como si fuera la final mundial. Vuelve a ser.

Atlético de Madrid alcanzó la final de la Supercopa de España, que resolverá este domingo contra Real Madrid, en Arabia Saudita, todo un símbolo de los nuevos tiempos comerciales del fútbol. Barcelona se queda con el 72 por ciento de posesión, 16 remates, un -de a ratos- genial Messi, que acaba la función desconsolado, mirando el césped, como en viejas postales de selección. Simeone le gana con el manual de Marcelo Gallardo. El "creer", que mueve montañas.

"El último cuarto de hora apareció el corazón, la garra y el creer... que se podía ganar. Esa sensación... y así ocurrió", explica Simeone, que refleja otra frase, que solía describir César Menotti, aquella del "estado de ánimo". Lo cita: "El partido lo manejó muy bien el Barcelona. Sabíamos que si era un partido largo tendríamos opciones. Pero el segundo gol anulado a ellos, el de Piqué, fue clave. De nuestra frustración se pasó a la frustración de ellos y el entusiasmo de ellos pasó a ser el entusiasmo nuestro".

Ni tácticas, ni estrategias, ni pizarrones. La mano del VAR refleja parte de lo que ocurrió (dos goles anulados, dos posibles penales), pero el apasionado entrenador describe dos vocablos. Frustración y entusiasmo, de un lado y del otro. Algo así ocurrió por última vez -entre estos dos enormes clubes- hace 67 años, cuando el Aleti se impuso por 2-1.

El fútbol es tan maravilloso que desprecia los merecimientos. ¿Se puede perder siendo superior e, incluso, en la mejor versión del último semestre? Lo intenta explicar Messi, capitán dentro y fuera del campo, que da la cara en el tropiezo, en cinco frases, directas y punzantes, que reflejan su estado de ánimo. Cuando pierde, se derrumba.

"Es un golpe duro para nosotros, sobre todo por cómo se dio, porque fuimos muy superiores, pero por errores nuestros generaron contras que fueron goles""Fuimos superiores casi todo el partido, pero hay que meter los goles. Entregamos dos goles en diez minutos y lo dieron vuelta. Más allá de si es injusto o no... perdimos""Se nos fue por momentos puntuales y errores infantiles. Es un resultado que debimos haber cerrado antes. Es duro"."Es verdad que dimos una imagen distinta a la que estábamos dando contra equipos como el Espanyol o la Real Sociedad. Hicimos un gran partido, pero hay mucho por mejorar"."¿Valverde? Es normal que se hable, pero tenemos que seguir unidos y ser un grupo fuerte".

El conductor convive con la frustración. "Los entrenadores nos movemos con la idea de trabajar y darlo todo. Siempre hay inestabilidad cuando se pierde, no lo puedo controlar. Me dedico a lo mío", refleja. La crítica a la tecnología es limitada, controlada. "Se supone que el VAR está para que (el fútbol) sea más justo. Si es así, es así...", reflexiona. Un suceso que aquí, en el fútbol nuestro, hubiera provocado un revuelo desmedido, una explosión irracional.

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