Super Bowl: Brady-Gronkowski, la fabulosa sociedad a la que se encomienda Tampa Bay

Diario El País
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El efecto Tom Brady se contagia. El quarterback hizo exitoso a los Patriots, un equipo que no había ganado nada: de cero títulos de Super Bowl a seis. Hasta 218 jugadores distintos han acompañado a Brady, de 43 años, a jugar la gran final de la NFL en los últimos 20 años. Uno de ellos es un toro llamado Robert James Rob Gronkowski. El ala cerrada, de 1,98 metros, ganó tres anillos de campeón y en una súbita decisión se retiró a los 29 años marginado por las conmociones, fracturas y desgarros. Una cadena de eventos inesperados llevó a ambos jugadores a un equipo de bajo perfil, Tampa Bay, a ser la segunda mejor dupla de la NFL de todos los tiempos y alcanzar el Super Bowl.

Brady y Gronwkowski fueron dos jugadores infravalorados en el proceso de selección, el draft. El histórico mariscal de campo fue contratado por los Patriots en la selección 199 en el 2000. Gronkowski fue elegido en el lugar 42 en 2010. El hombre que confió en ellos fue Bill Belichick, entrenador de los Pats y habitual descubridor de talentos. Ambos jugadores coincidieron en nueve temporadas y alcanzaron cinco juegos del Super Bowl, con los triunfos de 2015, 2017 y 2019. Gronwkowski, encargado de golpear en la ofensiva y en ser receptor de pases, era un asiduo de la enfermería. "Tuve nueve cirugías, probablemente tuve 20 conmociones [cerebrales] en mi vida. Recuerdo cinco en las que me desmayé", dijo en una entrevista con la cadena CBS. Se retiró en 2019, pero no se separó del foco mediático.

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Gronk, amante de participar en cuanto anuncio comercial se le presente, firmó en marzo pasado un contrato con la mayor empresa de lucha libre profesional en Estados Unidos, la WWE, para subirse al ring de manera ocasional. Su primera gran incursión en los cuadriláteros, y donde se enganchó de la adrenalina, había ocurrido en 2017 durante una fugaz intervención en el mayor evento de la empresa e incluso, ya en 2020, ganó un campeonato. Su carrera como showman recién comenzaba hasta que algo se empezaba a mover en Tampa (Florida).

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Tom Brady, después de dos décadas en los Patriots, decidió enfundarse la camiseta de los Buccaneers. La noticia conmocionó a la NFL y al deporte porque era como ver a Michael Jordan ponerse el uniforme de los Washington Wizards y no el de los Bulls. Antes de la llegada del nuevo quarterback, los Bucs no habían alcanzado los planes estelares desde 2003, año en que levantaron el trofeo Vince Lombardi de la Super Bowl. Los pronósticos veían a un Brady con una buena competencia cerca del retiro. Lo que se encontraron fue un equipo que encontró a un líder en el campo con un contrato de 50 millones de dólares por dos años.

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En la construcción de los Buccaneers de Brady, Rob Gronkowski levantó la mano para volver a jugar. Los Patriots, que ya habían sufrido la partida de su leyenda, negociaron la contratación del deportista. Según, Gronk, Tampa era el único sitio donde quería jugar. "Todos me siguen preguntando si Tom me trajo. Obviamente que ayudó la llegada de Tom, pero él fue como el aperitivo, hay otras razones", dijo el jugador.

Los Bucs, inyectados con la adrenalina Brady-Gronkowski, ganaron 11 juegos y perdieron solo cinco en la temporada regular. Lograron clasificarse a los playoffs, en su camino sacaron de la clasificación a Washington y, sobre todo, eliminaron a dos de los grandes favoritos: New Orleans Saints y Green Bay Packers. En noviembre pasado, la dupla de los Bucs se convirtió en la segunda pareja con más pases de anotación en la historia, con 96, solo por detrás del tándem Peyton Manning-Marvin Harrison de los Colts (114).

Si algo ha patentado Gronkowski es su festejo tras cada touchdown, le llama el "Gronk-spike", en el que azota el balón ovalado contra el suelo a casi 96,5 kilómetros por hora, según un estudio del MIT para Boston Herald. Ese movimiento, manjar para los anunciantes, aguarda a salir a escena en la Super Bowl gracias a un pase de Brady. Como en sus mejores tiempos frente el efervescente equipo de Kansas City de Patrick Mahomes.