Todo puede suceder: los 14 casos más insólitos de un inesperado mercado de pases de DT y jugadores

Ariel Ruya
lanacion.com

Un volante hábil, desfachatado y siempre al límite de lo permitido, envuelto en excesos, es pedido por un conductor riguroso, que exige compromiso y profesionalismo. Un delantero experimentado que, al regresar a su segundo hogar, sugiere que va a terminar su carrera en ese destino, el equipo es el líder del torneo y, ante un llamado de un poderoso, amaga con hacer las valijas. Un joven entrenador con ideas atrevidas, da el salto de su carrera, asume en un grande, es despedido luego de cinco meses y desembarca en la vereda de enfrente, en la casa de su enemigo íntimo, apenas nueve semanas más tarde.

Un atacante con clase y el gol recortado, se escapa del mundo de una entidad enorme, cansado del ambiente del fútbol, se dedica a la música, no abandona el cigarrillo, extraña la pelota y se presenta en el club del barrio de toda su vida. No solo se lo invita a participar: el DT es un hombre duro, de los de antes, que no acepta dobles discursos. "Si fuma, que me invite", ahora bromea, descontracturado. Un símbolo del seleccionado coquetea con el retiro, casi sin recuerdos de su breve paso en el fútbol argentino y se pone la camiseta por el gesto del presidente, ex compañero de aventuras con la celeste y blanca.

Un ídolo se va por la puerta de atrás de un gigante del interior y, vuelve, en su tercer paso, porque el cariño no se extingue en el exterior. Un club con un entrenador joven, que apuesta -casi, casi, como ningún otro-, al semillero y las jóvenes promesas, se arriesga con dos jugadores de experiencia, sin acción prácticamente en todo 2019. Un futbolista sin el fuego sagrado de otro tiempo, es seducido por una camiseta que vistió en el pasado, pero para ser DT. El hombre cuelga los botines y agarra la pizarra. Hay un "trueque" -aunque no es exactamente así, se le parece bastante-, como en los antiguos tiempos de nuestra sociedad, entre dos grandes.

Un jugador surgido en las divisiones menores no tiene oportunidades en sus primeros días, se presenta otra vez y, ahora vuelve, porque la ilusión nunca se pierde. Un goleador del bajo fondo, de extensa carrera en el ascenso con goles de todos los colores, hoy en primera, es pretendido por tres poderosos, mientras lucha por evitar el descenso. Y hasta un arquero, presentado como figura en un anterior proceso porque, entre otros argumentos, sabe salir jugando con el pie, no funciona, se despide cuestionado y, ahora, retorna como uno de los 14 casos extraños de un mercado de pases loco, fuera de lógica, en el que las cosas más inesperadas pueden ocurrir.

Son 14 nombres propios. Figuras para la continuidad de la Superliga, que abren la fortaleza de lo inexplicable. Pero ocurren. Existen algunas razones para que se respalden estos ejemplos. La crisis económica de los clubes en continuado. El nuevo valor del dólar, 30 por ciento más elevado. Ausencia de proyectos que estimulen un futuro más o menos previsible. Manotazos en las divisiones menores, más por urgencia que por convicción. Las figuras del exterior ya no piensan en volver para reinventarse, por la volatilidad de nuestro país -en cualquiera de los órdenes- y porque hasta una liga vecina -ya no Europa, México o Estados Unidos-, aporta más dinero, previsibilidad y seguridad. Dentro y fuera del campo de juego. Casos como Lucas Pratto -llegó a River en enero de 2018 por unos 14 millones de dólares- o Toto Salvio -llegó a Boca en julio de 2019 por 7.500.000 de euros-, parecen de otra era.

Ricardo Centurión abandona Atlético San Luis y, tal vez en la última oportunidad de su carrera de trascender, se incorpora a Vélez, con un contrato en el que se lo va a seguir muy de cerca. Gabriel Heinze pregona un grado de intensidad y profesionalismo que no encuadraría dentro del parámetro habitual de Ricky. Gabriel Hauche estuvo a punto de pasar de Argentinos, el líder del torneo, a Racing. "Me movilizó la noticia, pero si Argentinos y Racing no se ponían de acuerdo..., no sucedió. No es verdad que yo metí presión", contó. Sebastián Beccacece no la pasó bien en Independiente y, dos meses después de su salida de una puerta de Avellaneda, abrió la del otro lado. Dirige a Racing en reemplazo de Eduardo Coudet.

Daniel Osvaldo pasó de la efervescencia a la decepción en Boca, se retiró y, algo más de tres años después, va a jugar en Banfield, con Julio Falcioni como DT, uno de los más estrictos de nuestro medio. Javier Mascherano tiene 35 años, actuó en China en la última temporada y, 15 años después de su salida de River, jugará en Estudiantes. Marco Ruben se va en silencio de Rosario Central y, luego de un eficaz paso por Paranaense, lo vuelve a intentar por tercera vez, movilizado por el afecto.

Lanús es dirigido por Luis Zubeldía, en una apuesta habitual por los jóvenes. De pronto, contrata a Fernando Belluschi (36) y Guillermo Burdisso (31), que por cuestiones físicas y de salud, casi no tuvieron acción durante 2019. Israel Damonte jugó cinco partidos en Banfield el año que pasó y fue llamado por Huracán, pero para asumir como DT. Colgó los botines y ya dirigió el primer amistoso, un 1-2 contra Universitario de Perú.

Fue y volvió: Monetti, otra vez en San Lorenzo

El "trueque" del verano fue entre dos grandes: Alejandro Donatti pasó a San Lorenzo y Héctor Fertoli estará en Racing. Un doble caso atípico: un defensor que ofrece garantías, pero sin valor de reventa y un volante que representa toda una incógnita.

En Boca no querían a Pol Fernández, más allá de ser de la casa. Ocho partidos en el primer tramo, 24 encuentros en la segunda vez. Ahora, deja Cruz Azul -no funcionó en México- y cree que la tercera será la definitiva, la del despegue. Jonathan Carlos Herrera tiene 28 años, nació en Morón, es goleador y juega en Central Córdoba, en donde lucha por no descender. Es un hombre del ascenso profundo: en Riestra llegó a convertir 108 goles en 173 encuentros. Lo quieren todos: San Lorenzo, Independiente, Vélez...

El último caso es todo un símbolo: Fernando Monetti se fue junto con Jorge Almirón de San Lorenzo. No funcionó, como casi todos. Ahora, vuelve al Ciclón, algo parecido a lo que ocurrió con Nicolás Navarro tiempo atrás. Es un caso de diván: en Atlético Nacional no tenía lugar y en San Lorenzo atajó en 17 encuentros, le convirtieron 13 tantos y lo expulsaron dos veces.

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