Los nuevos sonidos del fútbol, el grito de los jugadores y un "picadito" en la vereda: los secretos de un partido sin público en San Lorenzo

Fernando Vergara
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La pandemia de coronavirus puso al mundo patas para arriba. Y dentro de un contexto complejo en cada rincón del planeta, el fútbol argentino se rearma y va dando sus primeros pasos con la Copa Liga Profesional. Así, el Nuevo Gasómetro recibió un partido de fútbol oficial tras 244 días. El recuerdo, difuso, lejano, trae a la memoria un éxito por 4-3 de San Lorenzo sobre Lanús por la última fecha de la extinta Superliga (8 de marzo). Todo cambió desde aquella vez: por ahora, el Covid-19 se robó la alegría de las tribunas, el color, los aromas. Queda lo que sucede adentro de la cancha, con diálogos entre los futbolistas que a veces se entienden incluso a la perfección.

San Lorenzo frente a Estudiantes: la usina de los Romero y el primer triunfo con Mariano Soso como DT

Decenas de gritos se replican en un Nuevo Gasómetro vacío, extraño, desconocido. No bajan de las tribunas, sino que brotan en el césped. Al cabo, fueron las escenas que dominaron el partido que San Lorenzo le ganó a Estudiantes por 2-0. "¡La espalda, la espalda!", avisa Javier Mascherano a un compañero. De la boca de los 22 protagonistas se escuchan los clásicos: "¡Solo, solo", "¡Eh, eh, acá, acá!", "¡Dale, che!", "¡Ey, vamos!", "¡Buena, bien!". Parte de la nueva normalidad del fútbol profesional.

Lo concreto es que muy pocas personas pudieron disfrutar del encuentro en la tardecita del Bajo Flores. Hace algunos días, la AFA anunció la ampliación del trabajo para medios radiales y gráficos. En la primera fecha de la Copa Liga Profesional sólo habían ingresado a los estadios los trabajadores de la TV que posee los derechos. Esta vez se añadieron 10 medios gráficos con un periodista por medio, 10 transmisiones radiales (con tres personas acreditadas por transmisión) y cuatro fotógrafos, los cuales deben ser parte de ARGRA. Además, por supuesto, estuvieron los alcanzapelotas, dirigentes, policías y empleados de seguridad.

En la previa, en los alrededores del Nuevo Gasómetro, algunos patrulleros vigilaban una zona sin el movimiento habitual que tiene los días de partido. Sin el ingrediente de los hinchas, tampoco hubo actividad para los vendedores de gaseosas y comidas rápidas. El clásico aroma del choripán era uno de los principales ausentes. Sobre la Avenida Perito Moreno un grupo de amigos jugaba un "picadito" en la amplia vereda que da a la Ciudad Deportiva, ajenos a lo que sucedía del otro lado del muro, cuando llegaba al estadio un puñado de dirigentes de Estudiantes. Otros chicos paseaban en bicicletas acompañados por sus padres.

A las 17.46, los jugadores del Ciclón saltaron al césped para realizar el calentamiento. Nueve minutos después, encabezados por Mascherano, lo hicieron los del club platense. ¡Vamos, vamos", arengaba el histórico ex futbolista del seleccionado argentino. Cuando ambos equipos terminaron la entrada en calor, en la que se se escuchó cada grito y cada golpe a la pelota, apenas retumbaba en el ambiente el relato de los distintos periodista radiales que esta vez se ubicaron en su totalidad en los pupitres, al aire libre. No hubo cabinas para ellos. Parte de la nueva normalidad para minimizar los riesgos sanitarios.

En las tribunas, lo inusual. Apenas unas cuentas banderas: en los escalones de la popular local desplegaron una gigante con las iniciales del club; a su lado, otra que rezaba: "A tanta locura, no hay explicación.". En la platea Sur, una con la leyenda: "Se hizo gloriosa, por la eternidad". Luego, una decena de banderas más pequeñas colgadas en los alambrados. Una resaltaba con un pedido especial: "Sí a la ley de rezonificación". La vuelta a Boedo es el viejo anhelo de los hinchas de San Lorenzo.

Ya con los protagonistas en la cancha se evitó el clásico saludo entre los futbolistas titulares y los árbitros, aunque sí se dieron las fotos de protocolo. Varios de los jugadores azulgranas saludaron a su ex compañero Martín Cauteruccio y Mariano Andújar abrazó efusivamente a su colega Fernando Monetti. Resultó extraño no escuchar el grito de los hinchas de San Lorenzo cuando el plantel salió al terreno de juego, la ausencia de aplausos y los papelitos. La escenografía, lógicamente, es otra. Y habrá que acostumbrarse.

Por otra parte, se vio que la camiseta negra del Ciclón tenía una inscripción especial en su pecho: "60.000 veces gracias". Un homenaje a los socios que colaboraron con la institución en el difícil momento económico que se vive producto de la pandemia. "Estas joyitas se sortearán entre quienes tengan su cuota al día", explicaron en Boedo.

Para quien observa un partido profesional desde afuera, en circunstancias excepcionales como estas, tal vez uno de los pocos aspectos positivos -se entiende, siempre, que se extraña el color del público- sea el de escuchar los diálogos entre los futbolistas. Las órdenes, los festejos, los gritos, los reclamos. Uno de esos pedidos protagonizó Leonardo Godoy cuando promediaba el primer tiempo. El lateral pidió un penal que no existió y fue advertido por el árbitro Fernando Espinoza.

A los 33 minutos llegó el primer gol azulgrana en la era Soso. Un pase exquisito de zurda de Oscar Romero dejó a Peralta Bauer de cara a Mariano Andújar. El delantero de 22 años definió con tranquilidad, suavemente, y marcó su primer tanto en su segundo encuentro como titular en la primera división. Oriundo de Adrogué, el atacante juega desde los 10 años con la camiseta azulgrana, al igual que su hermano Agustín (defensor en la reserva). Seguramente, Peralta Bauer se quedó con las ganas de gritar con los hinchas en la popular local. Abrió sus brazos y corrió a abrazarse con sus compañeros. Desde el banco se escuchó el festejo: "¡Buena, Mariano, buena!".

"Yo venia a esta cancha como hincha y al poco tiempo me tocó convertir. Todavía no lo puedo creer. Anoche soñé que iba a convertir un gol y por suerte se cumplió. El festejo fue dedicado para mi hijo", remarcó Peralta Bauer una vez finalizado el encuentro. Y añadió: "Sería hermoso jugar en primera con mi hermano Agustín y estar un largo tiempo en este club".

A los 4 minutos del segundo tiempo los reclamos volvieron a recaer en el árbitro Espinoza. "¡Eh, Fernando, eh", se escuchó desde el banco azulgrana. Leandro Díaz, de manera imprudente y sin mala intención, cruzó a Oscar Romero tras una serie de firuletes del paraguayo. El delantero, resignado, vio la tarjeta amarilla. También hubo tiempo para que Soso diera rodaje a los juveniles Alexis Sabella y Matías y Julián Palacios, hermanos. A todos abrazó antes de ingresar a la cancha. Y felicitó a Peralta Bauer cuando salió. Algunos de los tantos momentos que entregó el cruce en el Bajo flores.

Los partidos a puerta cerrada, que antes eran una rara excepción, se convirtieron en parte de la nueva normalidad. El ruido de las tribunas fue reemplazado por el ruido de la pelota, los toques cortos, los pelotazos largos. Los diálogos entre los jugadores. Son ruidos que invitan a concentrarse en lo que sucede pura y exclusivamente adentro de la cancha. Aunque se extrañe el calor que suele bajar de las tribunas.