Soledad y desunión, la realidad de los futbolistas profesionales en México

Jugadores del Veracruz. / Foto: Jam Media
Jugadores del Veracruz. / Foto: Jam Media

La Jornada 14 del Torneo Apertura de la Liga MX fue una de las más raras que se haya vivido en la historia del balompié mexicano, pintada con un pálido color solidaridad y manchada por el rojo de la violencia. Una liga que está dominada sin duda por una élite empresarial y política que representa la esencia de la cotidianidad mexicana que nos toca vivir o sufrir, depende cómo sea el caso.

Para los jugadores del Veracruz les tocó vivir, porque un jugador de fútbol profesional parecería no sufrir, a final de cuentas le pagan por hacer lo que más le gusta, o ¿hay alguna figura del fútbol mundial que haya declarado que detesta su trabajo? A los escualos les tocó vivir de todo antes, durante y después de su partido contra Tigres.

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Su posición de no jugar la fecha 14 sugería un enorme riesgo para su club, perder la categoría (una vez más). Era presionar a su directiva para que resolvieran lo más básico que un trabajador puede exigirle a la empresa para la que se desempeña: su salario.

Lo malo es negociar con Fidel Kuri, de quien sabemos tiene una manera ‘muy tradicional’ de hacer negocios, es que se corre el riesgo de salir perjudicado. Contratos, subcontratos, acuerdos “de palabra”, todo para hacer un guardadito que no vea nunca Hacienda y su respectivo pago de impuestos, entre otras artimañas con diferentes propósitos.

Pero llegó la gota que derramó el vaso. Pasaron los meses y los adeudos crecían, las palabras ya no eran válidas ni confiables para ver el dinero. Los jugadores amenazaron con simplemente no hacer su trabajo, declararse en huelga como pasa en otros rubros laborales.

Sufrieron la soledad. Tigres no entendió lo que pretendían hacer sus colegas en el Pirata Fuente la noche del viernes 19 de octubre, aunque Salcido asegurara la contrario. Los felinos fueron criticados y señalados por todos los medios. La Asociación de Futbolistas Profesionales no se quedó callada y señaló que ese tipo de actitudes no merece el fútbol mexicano.

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Pero los dirigidos por Ferretti fueron a jugar, a meter goles, a mantenerse en zona de clasificación. Son tan distantes esos felinos de los Tiburones y no sólo en resultados o coeficiente porcentual, sino en sus mismos dueños. No es lo mismo pertenecer a un político que a un corporativo multinacional. Es como ver jugar a ricos contra pobres. A final de cuentas, al rico que sí recibe su salario puntualmente, ¿qué le afecta si al vecino pobre no se le paga? Lo que refleja evidentemente es la distancia solidaria entre jugadores.

Lo cierto es que aunque los elementos de Tigres no hubiesen jugado esos primeros tres minutos, nada hubiese pasado. La situación en Veracruz sigue igual a pesar de que la FMF tuvo que sacar dinero de la caja chica para asegurar una parte de los salarios no pagados, o sea los que sí están registrados en un contrato, que seguramente son mucho más pequeños que esos que están en ‘otros’ contratos o simplemente en palabras.

En la mayoría de los partidos se demostró esa hueca solidaridad, excepto en el Necaxa contra América. Nunca los hijos de una televisora pondrían el mal ejemplo. También a ellos se les paga puntual, aunque en el manejo de los contratos siempre hay cosas que no son tan claras como parece o se manipulan y manosean jugadores sin pedirles parecer. ¡Ah! Pero se supone que el famoso ‘Pacto de Caballeros’ terminará pronto, según los mismos caballeros. Las directivas prohibieron cualquier muestra de rebeldía.

De Puebla contra Atlas nadie comentó mucho, ni siquiera el resultado. Tampoco ahí hubo ‘apoyo’ en los primeros minutos del partido.

Lamentablemente los jugadores están solos. No son un gremio protegido ni por ellos mismos. Están sujetos a lo que directivas nefastas decidan. La solución, al ver esta falta de unión, está solo en la Federación Mexicana de Fútbol, quien debe conocer bien a bien los contratos y los tipos de contratos que firman clubes y jugadores y obligadamente forzar a que los clubes no incumplan con los pagos a sus trabajadores entre otras cosas acordadas.

No jugar durante los primeros dos o tres o cinco minutos de un partido no representa sino sólo un guiño hacia los afectados. Ver a más de 200 jugadores de una liga de 19 equipos detenerse y no jugar los 90 minutos de un partido en protesta porque a sus compañeros de un equipo no se les ha pagado en más de medio año, se antoja simplemente imposible en cualquiera liga del mundo. Si toda la liga se detiene y los jugadores muestran una auténtica unión, no habría Fideles Kuri o los ‘Pactos de Caballeros’ no durarían tantos años.

Así de simple. No será noticia el día que Veracruz gane, sino el día en que se les pague a sus jugadores.

Twitter: Ricardo Gutierrez

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