Shiffrin no alzó la cuarta y Kilde sucedió a Hirscher en el curso más atípico

Agencia EFE
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Madrid 22 mar (EFE).- La Copa del Mundo de esquí alpino tenía que haber acabado este domingo, en Cortina d'Ampezzo (Italia). Pero el coronavirus aceleró un desenlace inesperado a principio de curso y la estadounidense Mikaela Shiffrin, que se perdió muchas pruebas por la muerte de su padre, no alzó su cuarta Bola de Cristal seguida.

La italiana Federica Brignone ganó el torneo de la regularidad del deporte rey invernal; y Alexander Aamodt Kilde superó al francés Alexis Pinturault y a otro noruego, Henrik Kristoffersen -los teóricos candidatos principales-, para suceder en el historial al austriaco Marcel Hirscher; que antes de anunciar su retirada, hace menos de un año, había completado la gesta de ampliar a ocho su récord de triunfos finales (seguidos) en esta competición.

Este domingo, Cortina d'Ampezzo -sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1956 y que aspira a organizar los Mundiales de alpino de 2025- luce bella y señorial, pero en absoluto silencio. La pandemia que aterroriza al mundo entero suspendió, en una de las perlas de los Dolomitas, la gran fiesta de fin de curso.

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La competición paró antes de que la Federación Internacional de Esquí (FIS) anunciase, el 6 de marzo, que se cancelaban las finales de Cortina. La FIS barajaba aún la posibilidad de disputar, sin público, las pruebas previas, en la eslovena estación de Kranjska Gora, en el caso de los hombres; y en Are (Suecia), en el de las mujeres.

Pero sólo unos días después del anuncio anterior se decidió anular todo.

De tal manera, el descenso de Kvitfjell (Noruega) del 7 de marzo, que ganó el austriaco Matthias Mayer por delante de Kilde, fue la última prueba de la Copa del Mundo disputada esta temporada.

Con anterioridad, el supergigante del 29 de febrero de La Thuile (Italia) en el que la austriaca Nina Ortlieb -hija del gran Patrick- festejó su primera victoria en la Copa del Mundo, se convirtió, sin que nadie lo supiese, en la última prueba femenina de la campaña.

Shiffrin, que a los 24 años ya lo había ganado absolutamente todo, era la gran favorita para alzar, por cuarto año seguido, la gran Bola de Cristal. Pero todo se torció cuando, de forma repentina, a principios de febrero, falleció su padre, Jeff. En ese momento, la súper-campeona de Vail (Colorado), lideraba la general de forma clara, con 270 puntos de margen. Tras más de un mes asimilando el duro golpe, Mikaela -que el pasado 13 de marzo cumplió 25- tenía previsto regresar en Are, donde había impuesto su dictadura deportiva en los Mundiales del año pasado.

Pero Are se suspendió. Y Brignone, nacida hace 29 años en Milán, festejó antes de tiempo la consecución del gran Globo de Cristal, convirtiéndose en la primera mujer italiana en lograrlo. Quince años después de que Italia celebrase su última Copa del Mundo, la que ganó la temporada 1994-95 el genial Alberto Tomba.

Brignone sumó 1.378 puntos, 153 más que Shiffrin; que, por primera vez desde que irrumpió de forma explosiva en la elite, cerró una campaña sin trofeo. Fue segunda en la Copa de eslalon, que ganó la eslovaca Petra Vlhova -tercera en la general-; y tercera en la de gigante, que se anotó Brignone: ganadora, asimismo, de la combinada.

Corinne Suter capturó las Bolas de descenso y supergigante; y contribuyó de esta forma a que Suiza ganase la Copa de las Naciones, que durante las treinta temporadas anteriores se había anotado siempre Austria, la gran potencia del esquí alpino, que se quedó a 1.038 puntos de los 8.732 con los que se hizo acreedora al trono la Confederación Helvética.

Beat Feuz, que ganó -por tercer año seguido- la Copa del Mundo de descenso, y Mauro Caviezel, que alzó la de supergigante, también aportaron su talento para que Suiza ganase la Copa de las Naciones. Que Austria sólo se dejó de anotar, en catorce de las 54 ediciones de la Copa del Mundo disputadas: las nueve que lleva Suiza y las cinco que ganó Francia.

Kristoffersen ganó las Copas de eslalon y gigante; y Pinturault la de combinada. Pero a ambos les robó la cartera en la clasificación principal Alexander Aamodt Kilde, al que le bastó una victoria -el 14 de febrero, en el supergigante de Saalbach-Hinterglemm (Austria)- para capturar la gran Bola. El noruego fue muy regular. Sumó podios en descenso, supergigante y combinada; y en el gigante acabó seis veces en el 'top 6'.

La cancelación de las últimas pruebas -un gigante y un eslalon- perjudicaron teóricamente a Pinturault y Kristoffersen, que quedaron a 54 y 161 puntos, respectivamente, de Kilde. Que no es Hirscher -doble campeón olímpico, séptuple mundial y con 67 victorias en Copa del Mundo-; pero al que tampoco hay que quitarle mérito alguno.

A los 27 años, Kilde se acaba de convertir en el cuarto noruego en ganar la general de la Copa del Mundo, después de Kjetil Andre Aamodt (1994), Lasse Kjus (1996 y 99) y Aksel Lund Svindal (2007 y 09), al igual que Hirscher, retirado tras la temporada 2018-19.

Brignone tampoco es Shiffrin -doble campeona olímpica, quíntuple oro mundial y con 66 victorias en la competición de la regularidad, de ellas las hasta entonces inéditas 17 de la pasada temporada-, pero también supo aprovechar su oportunidad. Sumó once podios, de los que cinco (en dos gigantes, dos combinadas y un 'súper') le sirvieron para elevar a 15 su relación de victorias en la Copa del Mundo. En la que unió su nombre al de Gustav Thöni (cuádruple ganador: 1971, 72, 73 y 75), Piero Gros (1974) y el citado Tomba (1995): los únicos italianos que la habían ganado hasta ahora.

Adrian R. Huber

(c) Agencia EFE

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