"Seré la primera mujer en el cargo, pero no la última": el discurso de Kamala Harris que explica el nuevo optimismo mundial

Miguel Ángel Castillo
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WILMINGTON, DELAWARE - NOVEMBER 07:  Vice President-elect Kamala Harris speaks on stage at the Chase Center before President-elect Joe Biden's address to the nation November 07, 2020 in Wilmington, Delaware. After four days of counting the high volume of mail-in ballots in key battleground states due to the coronavirus pandemic, the race was called for Biden after a contentious election battle against incumbent Republican President Donald Trump. (Photo by Drew Angerer/Getty Images)
Foto: Drew Angerer/Getty Images

El sentimiento es evidente. Un aire de optimismo se respira alrededor del mundo luego de cinco días de incertidumbre por las elecciones presidenciales de EEUU. Y esta noche las palabras de Kamala Harris, la primera mujer en la historia en ocupar la vicepresidencia, dan cuenta de por qué ese sentimiento es cierto.

Harris representa el renacer de todo lo que durante cuatro años el planeta, y en específico Estados Unidos, vio como perdido, suspendido o en franco retroceso con el ascenso de Donald Trump: el empoderamiento femenino, el reconocimiento a los migrantes, a la ciencia; las posibilidades de crecer y hacer una vida en un país que por más de dos siglos se ha vendido como la tierra de las oportunidades. Hoy eso está latente de nuevo en cada una de las palabras de quien ocupará la Casa Blanca y que por primera vez no sueltan odio ni incitan al resentimiento o revanchismo.

“Seré la primera mujer en el cargo, pero no seré la última. Porque cada niña que me esté viendo esta noche verá que este es un país de oportunidades”. Esa no puede sino ser una promesa que toma un mayor significado viniendo de la hija de unos inmigrantes, que no dudó en reconocer que si está ahí, es por todas las mujeres que le abrieron camino, antes y ahora en las elecciones.

“Hoy pienso en todas las mujeres de Estados Unidos, en las migrantes, las afroamericanas, latinas. asiáticas, indígenas y ahora las nuevas mujeres que continúan su lucha para votar y ser escuchadas”

Hoy, al escuchar a Kamala Harris en medio de un estacionamiento para mantener una sana distancia y verla con un cubrebocas como un símbolo de la urbanidad y respeto a la ciencia y el prójimo en medio de una mortal pandemia, la sensación para muchos puede ser de optimismo, de alivio o incluso de alegría y total felicidad.

Es evidente que este proceso electoral está aún lejos de terminar. Que Trump no lo hará fácil y que quizás la transición no será tersa. Que los seguidores del actual presidente no son muchos, sino demasiados y que que harán lo necesario para que no los dejen de oír. Pero lo cierto es que por primera vez, después de mucho tiempo, más que nada si eres mujer, migrante, latino, afroamericano, dreamer, homosexual, transgénero, creyente o no creyente, lo que no se siente es miedo. Y curiosamente y por desgracia, eso es algo que ya se nos había olvidado.

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