Los secretos de Vélez, el mejor equipo del fútbol argentino: sentido de pertenencia, audacia, juveniles, el pichón de Messi y el caso Centurión

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Ariel Ruya
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Presente y futuro: Ricardo Centurión festeja un gol, mientras que Orellano, el "Messi de Liniers", corre hacia otro lado
JAVIER GONZALEZ TOLEDO / FOTOBAIRES

Mauricio Pellegrino tiene 49 años, fue un defensor de excelencia, una marca registrada de otro tiempo de Vélez, ganador desde sus raíces. Era un tiempista, un hombre del área. Como entrenador, también se paseó por diversos estándares de calidad: Valencia, Independiente, otra vez la liga de España, hasta la Premier League. Culto, estudioso, preparado, volvió a Vélez con la premisa de recuperar el afecto y proyectarse otra vez hacia el futuro. No era un entrenador audaz: prefería el equilibrio, la inteligencia, una suerte de mixtura entre el ataque y la defensa. Nada de tirar manteca al techo. Hasta que volvió a casa.

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“Quiero crear un Vélez que sea protagonista, que salga a buscar los partidos en todas las canchas. Un Vélez que sea el reflejo de lo que trabaja en las inferiores. Que podamos ser competentes y sólidos, que seamos agresivos para atacar. Esa va a ser mi búsqueda”. Su presentación no dejó dudas. Con el transcurrir de los días, Vélez empezó a atacar. Nunca deja de avanzar... y hasta se desprotege. Y en las inferiores, para el desprevenido, se replica: todos los equipos juegan igual.

Lo mejor de Vélez ante Patronato

El entrenador tenía una misión compleja: insertar a Ricardo Centurión en la mecánica del profesionalismo que lo distingue. Y en un contexto adverso, de pandemia y con jóvenes que no siempre se cuidan: hubo algunos episodios que dejaron una huella oscura. Con docencia, maneja los egos y ciertos desequilibrios emocionales.

Y en la cancha, cuando entra, Ricky se destaca como hacía tiempo que no ocurría. “En cada entrenamiento está poniéndose mejor. Ha pasado un período complejo a nivel personal. Lo vemos con mucha fuerza, feliz en el campo y se centra en el trabajo”, contaba. Centurión acepta su nuevo rol, no siempre indispensable, ni siquiera titular.

Ricardo Centurión acepta su nuevo rol: otra de las buenas decisiones de Pellegrino
AGUSTIN MARCARIAN


Ricardo Centurión acepta su nuevo rol: otra de las buenas decisiones de Pellegrino (AGUSTIN MARCARIAN/)

“Hoy estoy más centrado, es un grupo con muchos jóvenes y estoy para ayudar, para empujar. Tengo que esperar mi momento y demostrarle al técnico que puedo estar. Estoy centrado en esto, que es el partido del martes que nos jugamos una final”, cuenta Centurión, en referencia al encuentro de esta noche, contra Unión La Calera, a las 19.15, por el Grupo G de la Copa Libertadores. En el campo internacional, suma dos derrotas (inmerecidas): 3-2 con Flamengo y 3-1 contra Liga Universitaria de Quito. Hoy, en Chile, debe ganar. O ganar.

La templanza de un hombre de mundo... y de la casa, Mauricio Pellegrino; ahora, en una versión más audaz
JAVIER GONZALEZ TOLEDO / FOTOBAIRES


La templanza de un hombre de mundo... y de la casa, Mauricio Pellegrino; ahora, en una versión más audaz (JAVIER GONZALEZ TOLEDO / FOTOBAIRES/)

En la Copa de la Liga Profesional, es el líder de la Zona B, con 28 puntos. Ningún equipo ganó más partidos (9), ningún equipo juega mejor que Vélez. Por eso, tal vez, Centurión acepta su nuevo espacio. “Cuando a uno le toca tiene que hacer lo mejor para meterle presión al técnico, pero después el que toma la decisión es Mauricio (Pellegrino). Respetamos sus decisiones y las de su cuerpo técnico, y nosotros estamos para ayudar y para empujar este barco. A veces uno está caliente porque tiene su personalidad, pero estoy más centrado en otros aspectos. Quiero ayudar”, explica.

El club de Liniers perdió con Boca por 7 a 1, en su casa, por la 7ª fecha del torneo local. Y se reinventó. No se escondió debajo de la mesa: dio la cara, con jóvenes de la casa y un indestructible sentido de pertenencia. En Vélez, siempre con la de Vélez.

Experiencia y juventud

No le sobra plantel como a River o Boca: hace malabares entre el aquí y el allá. Es la combinación perfecta entre experimentados y juveniles, entre figuras del extranjero y pibes que recién empiezan. Entre todos, se potencia el conjunto. El arquero Alexander Domínguez, de Ecuador, el zaguero Luis Abram, de Perú, el zaguero Matías de los Santos, de Uruguay, y, sobre todo, el volante Pablo Galdames, de Chile, un talento de medias bajas y corazón caliente.

Pibes como Joaquín García (19), Damián Fernández (20), Agustín Mulet (21), Francisco Ortega (22), Thiago Almada (20), la joya que suele ser llevado de a poco: Gabriel Heinze y Pellegrino tienen la misma idea. No apurarlo, cuidarlo de los excesos y las tentaciones, no solo dentro del campo de juego. Hay más jóvenes, que suben y bajan.

Para acá y para allá: Orellano ensaya un amago, en el encuentro contra Patronato, por la Copa Liga Profesional 2021.
JAVIER GONZALEZ TOLEDO / FOTOBAIRES


Para acá y para allá: Orellano ensaya un amago, en el encuentro contra Patronato, por la Copa Liga Profesional 2021. (JAVIER GONZALEZ TOLEDO / FOTOBAIRES/)

Uno es... Mateo... Pellegrino, el hijo del capitán del barco. De 19 años. Es delantero y goleador, nació en Valencia, cuando su padre brillaba en España, el 22 de octubre de 2001. Se incorporó al fútbol infantil de Liniers en 2018. Es flaco, alto y zurdo como su padre, pero juega en el otro lado del mostrador.

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El ataque es táctico y furioso, esquemático y libertario. Según el día. Lucas Janson la rompe, Juan Lucero acompaña, Cristian Tarragona es un número 9 contracultural y Agustín Bouzat recuperó la gambeta. Ricky Alvarez, a los 33, mientras lucha contra sus problemas físicos, aporta desde diversos escenarios y Federico Mancuello, a los 32, es el nuevo estratega del mediocampo: cuando los demás vuelan, él pide calma, compostura. Son los dueños de las pelotas detenidas de Vélez: otra de las armas del mejor de nuestro medio. Mancuello aporta un plus, además, con las ejecuciones de las pelotas paradas. Cada tiro libre o córner es peligro de gol.

Gol de Orellano a la Católica

Luca Orellano es la demostración cabal de que en nuestra tierra siguen naciendo talentos en bruto, contra viento y marea. Hay que pulirlos: eso lleva tiempo y paciencia. Cuando ya nadie cree, surge un chico con características parecidas a Leo Messi.

Zurdo, picante, encarador, le gusta la gambeta y el gol, se siente cómodo por el sector derecho, pide la pelota, no tiene miedo. Inconstante, eso sí. Lógico: es un pichón de 21 años. “El gol fue lindo, pero no creo que haya sido parecido a Messi”, se sonrojó, tiempo atrás, luego de un tanto marcado a Universidad Católica, por la Copa Sudamericana. Hizo otro con el mismo sello, contra Banfield. Desde la izquierda al centro. Levanta la cabeza, golazo.

Orellano, a Banfield

“Me gusta mucho el uno contra uno, trato de encarar cada vez que se puede”, cuenta el crack en proyección, que admira a Leo y a Neymar. “Trato de imitarlos, pero sé que no se puede siempre...”, se confiesa. Vélez tiene talento, sentido de pertenencia, va al frente. Mira el escudo, intuye que todo es posible.

Orellano es una de las claves. No la única. Pero Vélez edificó algo importante. El equipo de Liniers sufrió un golpe duro contra Boca, pero fue la excepción. Encontró desde el plan de Pellegrino una estructura donde se potencia el rendimiento de todos, por más que la rotación, de un partido a otro, es mayor a la que los hinchas preferirían. El cambio de nombres altera a más de uno en las redes sociales (las tribunas de hoy en tiempos de pandemia), pero en la Copa Libertadores también juega bien, por más que a algunos les cueste entender eso si miran la estadística y observan que perdió ante Flamengo y Liga de Quito. Hoy se ve jugar a Vélez y el proyecto es nítido, confiable. Ahora, buscará dar el salto de calidad, tan necesario en época de definiciones para poder coronar ese esfuerzo en algo mucho más tangible que un simple triunfo.