De la sanción a sensación: el gran año de Paolo Guerrero, el delantero que quiere Boca

El peruano arrancó 2019 suspendido por doping y, a pesar de la inactividad, lo cierra como el máximo goleador de Inter de Porto Alegre.
El peruano arrancó 2019 suspendido por doping y, a pesar de la inactividad, lo cierra como el máximo goleador de Inter de Porto Alegre.

Paolo Guerrero les dio tres meses y seis días de ventaja a todos sus compañeros de Internacional de Porto Alegre. Y aún así terminará 2019 como el máximo goleador del equipo, a más de 10 tantos de distancia de su perseguidor más cercano. A los 35 años, el peruano demostró que está más vigente que nunca y que la dura sanción por doping que lo tuvo 14 meses afuera de las canchas no disminuyó ni un ápice su instinto asesino dentro del área. Tan alto es el nivel del Depredador que logró que los tres candidatos a presidente de Boca se pongan de acuerdo en algo: tanto Christian Gribaudo como Jorge Amor Ameal y José Beraldi lo tienen como el hombre apuntado para ponerse la 9 azul y oro en 2020.

Cuando comenzó 2019, el futuro de la carrera de Guerrero era una incógnita: el centrodelantero había firmado para Inter en agosto de 2018, pero no había podido debutar porque todavía tenía que purgar ocho meses de la sanción por haber dado positivo en un control antidoping en un partido de Eliminatorias frente a Argentina, el 6 de octubre de 2017. Se trataba de la segunda parte del castigo, que lo tuvo durante casi todo el 2018 alejado de las canchas: originalmente, el peruano había recibido una suspensión de seis meses que había purgado entre noviembre de 2017 y mayo de 2018, pero luego de haber jugado apenas dos encuentros en Flamengo el TAS aumentó la pena a 14 meses y estuvo a punto de dejarlo sin jugar el primer Mundial de su carrera.

Fue un recurso de amparo otorgado por la Justicia de Suiza el que finalmente le permitió al atacante estar en Rusia y comenzar el segundo semestre del año pasado jugando en el Mengao. Pero a fines de julio, tras un triunfo 4-1 sobre Goiás, sufrió una lesión muscular que lo dejaría fuera de las canchas y, dos semanas después, llegaría la transferencia a Inter. Y el 23 de agosto, 72 horas antes del día en que estaba previsto su debut en el Colorado, la medida cautelar que tenía la sanción en suspenso fue dada de baja y los ocho meses de castigo que el jugador tenía por cumplir comenzaron a correr.

Así, Guerrero no sólo se quedó nuevamente fuera de las canchas, sino que fue nuevamente aislado de la pelota: ni siquiera le permitían entrenarse junto a sus compañeros. Recién en febrero de este año, un mes después de haber cumplido 35 años, fue habilitado por la FIFA para reincorporarse al plantel del conjunto de Porto Alegre. El 6 de abril, en el partido de vuelta de las semifinales del Campeonato Gaúcho frente a Caxias, el Depredador volvería a las canchas. Y lo haría con un gol para el triunfo 2-0. Era su primer tanto en 10 meses: no marcaba desde el 26 de junio de 2018, en el 2-0 sobre Australia con el que el seleccionado incaico se despidió de la Copa del Mundo.

Ya de vuelta en el ruedo, el delantero recuperaría rápidamente su mejor nivel: a falta de dos partidos para concluir el año, el peruano marcó 19 tantos en 39 partidos (en el tiempo efectivo que estuvo en la cancha, anotó un tanto cada 173 minutos). Fueron nueve en el Brasileirao, uno en el Gaúcho, cuatro en la Copa Libertadores y cinco en la Copa de Brasil. Excepto en el estadual, en todas las competiciones fue el máximo artillero del equipo. Más allá de los números, el atacante cierra 2019 en un gran estado de forma: este fin de semana marcó el gol del triunfo en el triunfo 1-0 sobre Botafogo por la 36° fecha del campeonato y sumó su cuarto grito en los últimos tres encuentros.

Este domingo, tras la victoria sobre el Fogao, Guerrero se refirió a su futuro y no quiso dar precisiones sobre su posible llegada a Boca. Sin embargo, los 4,5 millones de dólares que cuesta su cláusula de rescisión son más que accesibles para las arcas del Xeneize y el propio representante del jugador admitió que la operación es posible. De esta manera, el 1° de enero, cuando sople las velitas de su 36° cumpleaños, es probable que la torta esté pintada de azul y oro.

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