Sánchez firmó el preacuerdo con Unidos Podemos a espaldas del PSOE

Reunión de la Ejecutiva del PSOE. (Photo by Handout - PSOE/Europa Press via Getty Images)
Reunión de la Ejecutiva del PSOE. (Photo by Handout - PSOE/Europa Press via Getty Images)

Cuando Pablo Iglesias aseguró, allá por el mes de agosto, que "Si Pedro y yo nos sentamos a negociar sobre las ofertas de julio, habrá acuerdo en horas", sabía lo que se decía. De hecho, el preacuerdo firmado ayer entre PSOE y Unidos Podemos debería llamarse de otra manera. Preacuerdo entre Pedro Sánchez y Unidas Podemos. Porque Pedro Sánchez se ha presentado a las elecciones como candidato del PSOE, pero trabaja más a gusto de espaldas al partido. No olvidemos que fue el aparato quien le cortó la cabeza para después volver de entre los muertos de manos de la militancia.

Que Pedro Sánchez no se fía de su partido ha quedado claro en más de una ocasión. Sucedió el pasado mes de noviembre durante la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2019. Si lo recuerdan, Sánchez e Iglesias solemnizaron la firma del documento que tenía como membrete dos logos. El del Gobierno de España y el de Unidos Podemos. Nada de PSOE ni rosas.

Otra prueba es que el pasado mes de abril -cuando ya era presidente del Gobierno- aún tuvo que purgar a varios históricos del partido en las listas electorales de medio país. El 'susanismo' no le perdona todavía sus viejas rencillas y Sánchez siente que en más de una ocasión le han puesto la zancadilla dentro del partido. Hasta el punto de sentir que le han torpedeado en varias primarias regionales y que han bloqueado el ascenso de dirigentes de la cuerda de Sánchez que se encuentran arrinconados en cargos secundarios dentro de varias federaciones.

Y otra más ocurrió en julio cuando se filtraron todos y cada uno de los movimientos del primer intento de negociación con Pablo Iglesias para la formación de Gobierno. Si lo recuerdan, se telegrafió tanto la negociación, que los medios de comunicación hicieron seguimiento minuto a minuto de lo que allí se cocía. Eso hizo que todo saltara por los aires.

Cabe recordar para entenderlo mejor que el Comité Federal del PSOE vetó a finales de 2015 iniciar los contactos con Podemos si no renunciaba a la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Pero Sánchez no quería tropezar de nuevo con la misma piedra.

Por eso esta vez Sánchez ha actuado sin testigos. El lunes acudió a la reunión de la Ejecutiva del PSOE y la despachó en menos de una hora. El líder socialista se limitó a descartar una gran coalición con el PP y simplemente pidió confianza para "formular una estrategia de pactos para intentar formar un Ejecutivo". En realidad, Sánchez estaba ganando tiempo. Y estaba llamando la atención sobre algo cuando en realidad estaba maniobrando en la sombra.

El plan se llevó hasta las últimas consecuencias. El propio secretario de Organización, José Luis Ábalos, compareció en rueda de prensa sin dar una sola pista llegando a confesar incluso que “el partido está mirando a Ciudadanos”. Para ese momento en el partido naranja aún estaban ‘enterrando’ a Albert Rivera.  A nadie se le ocurrió mirar hacia el otro lado, hacia la izquierda.

Como ha desvelado Pedro Vallín en La Vanguardia, Sánchez diseñó “una operación relámpago para evitar que los enemigos de la coalición –políticos, económicos y mediáticos– pudieran reaccionar.” 

Tenía argumentos para actuar así? Ojo con las voces que ya se escuchan dentro del partido donde algunos dirigentes críticos recuerdan al líder socialista que el preacuerdo de gobierno con Podemos incumple los estatutos del partido. “¿Cómo se va a preguntar ahora a la militancia por algo que ya se ha firmado?”.

Así es como, mientras tenía lugar la reunión de Ferraz, su núcleo duro -hablamos de media docena de personas entre las que se encuentran Adriana Lastra, José Luis Ábalos e Iván Redondo- ya estaban preparado una reunión discreta en Moncloa con el líder de Unidos Podemos.

Allí se sirvió un café y en 50 minutos quedó resuelta la columna vertebral del pacto. El resto recayó en el círculo de confianza de ambos líderes que apenas tuvieron que cruzarse el borrador unas pocas veces para mandarlo poner bonito y negro sobre blanco.

El último borrador tuvo el visto bueno de ambas partes al mediodía del martes. Y una hora más tarde ya se estaba firmando ante la prensa. Sánchez distrajo al PSOE para que no fracasara el preacuerdo de gobierno.

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