San Lorenzo le ganó por 2-0 a Universidad de Chile, pasó de fase en la Copa Libertadores pero lo inquieta el cruce entre Ángel Romero y Diego Dabove

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Ángel Romero celebra su gol, el segundo de San Lorenzo ante la Universidad de Chile.
LA NACION/Mauro Alfieri

Una buena parte del año copero en 90 minutos. No resultaba un simple trámite, por el rival -aún diezmado-, por el escenario, por todo lo que se disputa el Ciclón en un puñado de semanas: la posibilidad de ingresar a la fase de grupos de la Copa Libertadores, el envión que eso significaría y un plus económico vital para las debilitadas arcas del club. Pero San Lorenzo venció 2 a 0 a Universidad de Chile y supo aferrarse a su ilusión, esa que lucía apagada en las últimas semanas. Por eso existía la necesidad de encontrar una victoria aliviadora. Una derrota hubiera sido un fuerte golpe, un punch difícil para reaccionar.

En el horizonte azulgrana se asoma Santos (dirigido por Ariel Holan), que dejó en el camino a Deportivo Lara, de Venezuela. Los brasileños son los últimos subcampeones del certamen. Será, sin dudas, una especie de todo o nada peligroso. ese cruce definirá el gran objetivo: ingresar a la fase de grupos de la Copa. Lo verdaderamente trascendente.

El conjunto que dirige Diego Dabove había empatado 1 a 1 en el compromiso de ida jugado en Santiago de Chile, un resultado que lo dejaba mejor parado por haber marcado un gol de visitante. En el medio, una realidad: San Lorenzo pone mucho en juego en estas eliminatorias ya que el club apostó a la participación en la Libertadores tanto en el aspecto deportivo como en lo económico, este último ítem siempre mirado de reojo. Cabe recordar que por avanzar a la tercera fase el club embolsó 1.050.000 de dólares. Ya entre los mejores 32 equipos de la copa los montos se incrementan: cada institución recibe 1.000.000 de dólares por cada compromiso que juega de local.

También, a esto se le añade que la clasificación representaría un respaldo importante para el ciclo del entrenador Dabove, que llegó a la noche copera con cinco encuentros seguidos sin triunfos, con dos derrotas y tres empates consecutivos. Lo que llevó a tener semblantes cada vez más serios.

El último domingo, en la igualdad contra Banfield, el técnico optó por darles descanso a varios de los exponentes que saltaron a la cancha en el Nuevo Gasómetro. En la otra vereda, el conjunto chileno viajó a la Argentina muy golpeado por un brote de coronavirus en el plantel: en los últimos días la institución chilena acumuló 11 contagiados. Es por eso que a Rafael Dudamel no le quedó otra opción que rotar piezas. Un auténtico rompecabezas, en definitiva, ya que no contó con habituales titulares como Augusto Barrios, Luis Casanova, Ramón Arias y Luis del Pino Mago, la defensa que jugó el cruce de ida. Con esto, la última línea, repleta de juveniles con escasos minutos en la primera, cambió por completo.

San Lorenzo avisó de entrada: apenas habían pasado 34 segundos cuando Federico Gattoni estrelló un cabezazo en el travesaño. El paraguayo Ángel Romero, por el centro de la cancha, trató de manejar una vez más los hilos del equipo. Lúcido, se retrasó varios metros y buscó conectarse permanentemente con sus compañeros. Cuando tuvo el control aseguró un traslado de pelota más seguro. A los 10 minutos, tras un pase de calidad, dejó a Andrés Herrera de frente al arquero, aunque el correntino definió al cuerpo de Fernando de Paul. Eran los primeros chispazos.

Del lado visitante, la necesidad de al menos marcar un gol obligó a adelantar las líneas. No salieron a esperar para jugar al contraataque ni especularon con el resultado. Así, Ángelo Henriquez se animó a conducir y se mostró como el más participativo. La mayoría de los ataques pasaban por sus pies. Aunque también es cierto que las intenciones de Universidad de Chile se desvanecían en los últimos metros; les faltó profundidad, tal vez más ambición y confianza.

Insinuaba el Ciclón, que había impresionado mejor, y a los 12 minutos abrió el marcador a través de un cabezazo de Franco Di Santo luego de un córner. Confiado, más asentado y sereno, el ex delantero de Chelsea anotó su cuarto gol en San Lorenzo, tres de manera consecutiva. Y volvió a ser uno de los más destacados.

Inteligente y práctico, fue meritorio el primer tiempo del local, que en buena parte del desarrollo dejó en claro que puede ser sólido cuando hay espacios y utilizó la movilidad de volantes y delanteros.

En el comienzo de la segunda parte, el conjunto local se replegó un poco y defendió su ventaja. Dejó trepar en el terreno de juego a los chilenos, aunque también contó con un contraataque que Di Santo no pudo culminar tras una gran maniobra de Romero. El propio paraguayo, la gran figura de la noche, tuvo su premio a los 13 minutos con una precisa definición. Llamó la atención que Dabove lo sacara de la cancha un rato después, cuando el volante estaba desplegando todo su repertorio. El gesto de desaprobación de Ángel -también un cruce de miradas y un intento de explicación del DT- se vio desde cada rincón del Nuevo Gasómetro.

Sereno, San Lorenzo controló el cierre. El éxito en la noche del Bajo Flores le permitirá al conjunto azulgrana trabajar con mayor tranquilidad para sus próximos compromisos por la Libertadores y el certamen local. Fue una victoria indispensable, aliviadora, pese a que todavía queda un largo camino por recorrer.

El gol de Di Santo (1-0)

El gol de Ángel Romero (2-0)