La salud de Diego Maradona: la operación, el alivio y la intimidad de la vigilia del "Vaticano maradoniano"

Martín Goldbart
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Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
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La entrada de la Clínica Olivos, al 1600 de la Avenida Maipú, en pleno Vicente López, se convirtió anoche en una mezcla de Basílica del Vaticano, desde donde se espera que salga humo negro o blanco y una antesala a una tribuna, a la expectativa de que Diego Maradona regale "una gambeta más". Eso rezaba una de las banderas que se alojaron sobre la vereda y las paredes del frente de la clínica donde el doctor Leopoldo Luque operó al ex Boca y Napoli, entre otros, de un edema subdural.

A la espera de las buenas nuevas

Esperable, pero siempre llamativo, no solamente la prensa se instaló allí a la espera de buenas noticias, sino también lo hicieron más de cien "maradonianos" que no pararon de cantar por su ídolo. Por su Dios. "Diego, si vos estás bien, nosotros estamos bien", decía otra bandera que parecía resumir los deseos de todos. "En este país futbolero, Maradona es nuestro máximo prócer, el resto no importa", aseguró Nicolás, un joven de 29 años hincha de Huracán quien adoptó a su máximo ídolo "a través de videos, libros e historias" que escuchó en su familia. "Desde 1986 que no soy feliz y éste tipo fue el único que lo logró", sentenció otro peregrino a la espera de novedades en la puerta de la clínica, luciendo su gorra azul con el número 12 bordado en amarillo.

La salud de Diego Maradona: el parte médico tras la operación que se le realizó en una clínica en Olivos

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

"Diego está bien"

Fueron cerca de cinco horas de espera desde que Maradona llegó a la Clínica Olivos hasta que el rumor y la confirmación de que todo había salido bien se hizo público. Y se festejó como un gol, tal vez como uno de los más importantes de su carrera deportiva porque "la pelota no se mancha, pero llora porque te extraña", según una de las banderas más grandes que se hicieron presentes. En el medio de tan tediosa espera, un joven sacó un libro y comenzó a recitar en voz alta, cerciorándose de que todos lo escuchen "Me van a tener que disculpar", de Eduardo Sacheri, un texto en el que el autor explica que, con Maradona, no puede tener los mismos parámetros de moral que con el resto por lo ocurrido contra Inglaterra en los cuartos de final de México 1986.

Nunca se dejó de cantar por Maradona y hubo reproches generalizados hacia su entorno, incluso para la prensa. Esa bronca contenida o expresada en cuentagotas, explotó cuando el pulgar para arriba a favor de la salud del ex entrenador del seleccionado argentino aclaró el panorama.

Celebración y caos

Leopoldo Luque bajó algunos escalones y esperó a los cronistas para dar detalles de la operación, pero la situación se tornó caótica, ya que los fanáticos desataron por completo ya no su alegría o alivio, sino su enojo con gritos de guerra hacia la prensa impidiendo que todo se desarrollara con normalidad o, por lo menos tranquilidad.

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Fueron ellos quienes tomaron el control de la escena sin importarles "lo que digan esos p. periodistas" y la Piazza San Pedro, lindante con la Basílica, se convirtió en un paravalancha, en una celebración sin lugar para los que "no vienen por Dios, como nosotros". La escena la decoraron el caos de tránsito por el pequeño y estático operativo policial que nunca se hizo notar y por los autos y colectivos, desde los que cada tanto se escuchaba algún bocinazo en apoyo a Maradona. Pidiendo por el humo blanco, pidiendo por las buenas nuevas sobre el bienestar de Maradona.

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Operaron con éxito a Maradona, la noche, una más, en la que la puerta de un sanatorio fue una capilla en medio de una tribuna del San Paolo, la Bombonera o el Azteca.